Muro de Honor

Mantener una intensa política editorial, para promover el acercamiento con los sinaloenses, además de y fomentar y ensalzar los valores que nos identifican con nuestras raíces culturales e históricas, es el propósito de la LXIII Legislatura del H. Congreso del Estado Sinaloa.

A ello obedece la promoción de la edición el “El Muro de Honor”, donde el lector podrá encontrar las semblanzas de veinticinco mexicanos ilustres, que se encuentran inscritos en el Salón de Sesiones Públicas del Palacio Legislativo.

En este espacio, se encuentran políticos e ideólogos liberales forjadores de la identidad nacional y local; militares valientes que lucharon en defensa de la República durante la Guerra de Reforma e Intervención Francesa y el nombre de una heroína sinaloense que aportó lo mejor de una madre: su esposo y doce hijos; civiles y revolucionarios de 1910; representantes del Estado de Sinaloa ante el Congreso Constituyente de Querétaro en 1917; destacados intelectuales y hombres de letras.

El Muro de Honor, se divide en dos secciones separadas; paredes orientadas hacia el norte del área de curules y a los costados del lugar reservado para los diputados integrantes de la Mesa Directiva, en cuyas superficies recubiertas de fina madera se encuentran inscritos en letras doradas los nombres de estos mexicanos ejemplares, entre los cuales predominan los nombres de sinaloenses destacados.

Dicha edición constituye un homenaje a los personajes ahí inscritos y tiene por objeto difundir entre las nuevas y venideras generaciones la vida y la obra de estos ciudadanos ejemplares que dejan un legado difícil de igualar, pero a la vez un reto que hay que afrontar para hacer de nuestro país y nuestra entidad un México y un Sinaloa cada vez mejores.
Por eso los diputados de este congreso refrendamos el compromiso de continuar en esta línea de acción, orientada a fortalecer nuestros valores históricos y culturales entre la ciudadanía sinaloense, especialmente entre nuestros niños y jóvenes.

H. Congreso del Estado de Sinaloa

LXIII Legislatura

Sinaloense que logró el reconocimiento de intelectuales, artistas, líderes políticos y la clase trabajadora mexicana. Siempre vinculado al Partido Comunista Mexicano, que cumple un centenario este noviembre, es reconocido por su contribución a las libertades políticas y a la democracia. Precisamente debe reconocerse en dicho marco la labor humanista y social de quien fue su último dirigente y primer candidato sinaloense de izquierda a la Presidencia de la República.

Nació en Pericos, Mocorito el 12 de enero de 1925. A los 15 años empezó a trabajar en la Compañía Eléctrica de Sinaloa. Después se fue a Navojoa, empleándose en diversas empresas como contador. Su afán de superación lo hizo trasladarse al entonces Distrito Federal, donde ingresó a la academia de pintura “La Esmeralda”, donde conoció a Diego Rivera y a Frida Kahlo. Fueron ellos quienes lo entusiasmaron para ingresar a la juventud comunista. En 1949 comenzó su militancia política y en 1963 fue electo secretario general del comité central.

Su firme convicción de demócrata lo llevó a ser un defensor de la pluralidad política y un comprometido con el cambio de régimen por medio de las instituciones. Su participación fue determinante para la construcción de la oposición en México. También fue un promotor incanzable de la unidad de todas las fuerzas políticas y organizaciones de izquierda.

Destacado por su pensamiento crítico, en 1968 promovió la ruptura del PCM con la URSS tras la intervención estalinista en Checoslovaquia, convirtiendo así al Partido Comunista Mexicano en el único partido comunista de Latinoamérica en tomar esa posición crítica.

Participó activamente en la reforma política de 1977, misma que permitió el registro a partidos políticos de izquierda como el Partido Comunista Mexicano que, en su caso, logró salir de la clandestinidad, para participar dos años después en las elecciones para diputados federales, logrando el 4.97% de la votación y 18 curules.

En 1981, a propuesta del mocoritense, el Partido Comunista Mexicano, el Partido Socialista Revolucionario, el Movimiento de Acción Política, el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, el Partido del Pueblo Mexicano y el Movimiento de Acción Popular se unieron bajo su liderzgo para formar el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

En 1982 Arnoldo Martínez Verdugo se convertiría en el primer candidato sinaloense de izquierda a la presidencia de la república y el PSUM en uno de los esfuerzos más importantes para unir a las diferentes expresiones políticas de la izquierda en nuestro país, lo que se logró años después con el surgimiento del Partido Mexicano Socialista y posteriormente con el PRD. Fue diputado federal de las LI, LIII y LVI Legislaturas, así como también fungió como Delegado de Coyoacán en 1997.

El académico José Woldenberg considera que es uno de los líderes de izquierda más importantes del siglo XX por su participación en la construcción de la democracia, su separación del PCUS, la promoción de la unidad de las izquierdas y por abrir el camino a la participación institucional del Partido Comunista Mexicano.

Nacido en Mazatlán, Sinaloa en 1924, Jesús Kumate Rodríguez fue un Médico Cirujano egresado de la Escuela Médico Militar en 1946; en 1963 obtuvo el doctorado en Ciencias por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Realizó estudios de posgrado tanto en Estados Unidos: Madison, Wisconsin; Oak Ridge, Tennesse; Washington D.C.; La Jolla, California; Pittsburgh, Pennsylvania; como Europa: Lausana, Suiza y Copenhague, Dinamarca. Fue profesor honorario de prestigiadas universidades de Perú, República Dominicana y Venezuela. Ejerció también como catedrático en la Escuela Médico Militar, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional y la sección de graduados de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Asimismo, fue profesor visitante de diversas Universidades en Panamá, Chile, Argentina, Venezuela, Uruguay y Estados Unidos.

Fue un eminente investigador en infectología pediátrica, área que coordinó y estimuló en el Hospital Infantil de México, como director, y en el Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, como director del Instituto de Investigaciones Biomédicas y jefe de la División de Inmunoquímica. Fue el primer coordinador de los Institutos Nacionales de Salud y subsecretario de Servicios de Salud, desde donde replanteó la misión de la vigilancia epidemiológica que tuvo importante impacto en el combate del paludismo.

En el campo de las adicciones realizó importantes contribuciones: en 1986, durante su gestión como Subsecretario de Servicios de Salud, se creó por decreto presidencial el Consejo Nacional contra las Adicciones. Asimismo, como Secretario de Salud, trabajó por la implementación de áreas libres de tabaco y la protección a los no fumadores. En 1994, la Organización Mundial de la Salud le hizo entrega de la Medalla “Tabaco o Salud”, por las acciones realizadas en contra del tabaquismo.

Como resultado de su labor, en 1995 se consolidó el Programa de Reforma del Sector Salud que confirió una alta prioridad a la atención de las adicciones y al abatimiento de los problemas asociados: de la misma forma, se estableció un modelo de salud que privilegia lo preventivo sobre lo curativo. Su gestión contribuyó al desarrollo de redes de prevención y tratamiento del consumo de drogas y a la generación de políticas públicas para fortalecer su atención.

En 2006, ante el aumento en las prevalencias del consumo de metanfetaminas, solicitó al entonces secretario de Salud, doctor Julio Frenk Mora, considerar la suspensión de la importación de pseudoefedrina al país, sustancia que se utiliza como precursor químico para la elaboración de metanfetaminas y que era utilizada para producir antigripales. Un año después, el Consejo de Salubridad General emitió un acuerdo que prohibía la importación y la venta de productos medicinales que contuvieran dicha sustancia.

Además de sus sobresalientes aportaciones al campo médico, el doctor Kumate desempeñó numerosos cargos nacionales e internacionales, entre los que figuran los de presidente de la Academia Nacional de Medicina, así como de las Sociedades Mexicanas de Bioquímica, Infectología, Inmunología e Investigación Pediátrica. Fue miembro del Consejo Consultivo de la UNICEF y presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, con sede en Ginebra, Suiza.

Formó parte de El Colegio Nacional, el Colegio de Sinaloa y la Academia de Medicina de Buenos Aires, Argentina. Fue miembro, además, de la Sociedad de Pediatría en Honduras, Nicaragua, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Colombia. Hasta su muerte, se desempeñó como presidente Ejecutivo de la Fundación IMSS, A.C. y patrono de la Fundación Gonzalo Río Arronte. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad de Occidente, la Universidad Autónoma del Estado de México y el Instituto Nacional de Salud Pública.

Fue autor de 21 libros y 400 artículos, entre otros trabajos de divulgación científica. Entre sus obras destacan: Vericuetos en la investigación y desarrollo de las vacunas y cólera, epidemias y pandemias; Manual de infectología; Abscesos hepáticos amibianos; Inmunidad e inmunizaciones; Temas selectos de infectología pediátrica; Antibióticos y quimiobióticos; Sistemas Nacionales de Salud en las Américas; La salud de los mexicanos y la medicina en México; Salud para todos: utopía o realidad; Investigación clínica. Cenicienta y Ave Fénix; Italia en la medicina; y La ciencia en la revolución francesa.

Investigador Nacional e Investigador Emérito por la Secretaría de Educación Pública y el Consejo nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), recibió los premios Carnot 1964; Balmis 1970 y Varela 1982, de la Academia Nacional de Medicina; Nestlé, de la Sociedad Mexicana de Pediatría, en 1966; Torroella de la Academia Mexicana de Pediatría, en 1993; y Rosenkranz, Syntex, en 1991.

Entre otros reconocimientos recibidos, destacan los siguientes: Medalla Eduardo Liceaga de excelencia médica otorgada por la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA); Medalla Ministro Protector de la Infancia por la UNICEF; Medalla Federico Gómez, de la Asociación de Médicos del Hospital Infantil de México; Medalla Rodolfo Nieto Patrón, del Hospital del Niño en Villahermosa, Tabasco; condecoración Servicios Distinguidos de la Secretaría de la Defensa Nacional; Medalla al Mérito Científico por el Ayuntamiento de Mazatlán; el Tlacuilo de Oro por el grupo de Intelectuales de México; Medalla Sinaloense Distinguido por el Estado de Sinaloa; Presea José María Luis Mora del Estado de México; Medalla Alfonso Reyes de la Universidad Autónoma de Nuevo León; Medalla Doctor Gerardo Varela de la Secretaría de Salud; Medalla Benemeritus y Gran Cruz de la Orden de Honor y Mérito de la Cruz Roja Mexicana; Medalla al Mérito Militense con Espada, Orden Soberana y Militar de Malta.

En octubre de 2006, recibió la Medalla Belisario Domínguez que confiere anualmente el Senado de la República; fue distinguido como Oficial de la Legión de Honor en Francia; obtuvo el Orden al Mérito en grado oficial en Italia; el collar de la Orden Rodolfo Robles de Guatemala; y la Primera Orden del Tesoro Sagrado, conferida por el emperador de Japón. En 2012 fue distinguido con el premio Doctor Guillermo Soberón Acevedo.

Como reconocimiento a sus más de 30 años dedicados a mejorar la salud de los mexicanos, se develó un busto en su honor en la plaza de médicos ilustres del Centro Médico Nacional Siglo XXI. En 2013, recibió de manos del Presidente de México, licenciado Enrique Peña Nieto, la condecoración Doctor Ignacio Chávez, por su humanismo médico y sus aportaciones en el campo de la administración sanitaria asistencial.

En virtud de su gran trayectoria profesional y de su trabajo al frente del Patronato Nacional de CIJ, el 12 de junio de 2013, la ex secretaria de Salud, doctora Mercedes Juan, encabezó un homenaje en su honor.

En conmemoración al 70 aniversario de la Secretaría de Salud, el 23 de octubre de ese mismo año, el presidente Enrique Peña Nieto develó un busto del prominente profesional en la explanada de médicos ilustres del patio central de esa institución.

En enero de 2014, encabezó la inauguración de la Primera Cátedra en Adicciones “Dr. Jesús Kumate Rodríguez” de la Universidad Anáhuac México Norte, programa vasto e integral que comprende la formación de profesionales de la salud por medio de un Diplomado, una Maestría y un Doctorado que elevó a nivel de Facultad la antigua Escuela de Psicología de esa Universidad. Incluye también el desarrollo de diversas líneas de investigación en adicciones y la realización de múltiples acciones de prevención y tratamiento en comunidades del Estado de México. Contempla además la participación en foros y eventos de difusión y la divulgación de investigaciones en medios científicos especializados.

En virtud de su contribución al crecimiento y el desarrollo del Instituto Mexicano del Seguro Social, el 14 de octubre de 2014, el presidente Enrique Peña Nieto le entregó un reconocimiento especial. En el mismo sentido, el 13 de noviembre de 2014 y con motivo del 90 aniversario de su natalicio, la Secretaría de Salud le organizó un homenaje, en el que participaron autoridades de los tres órdenes de gobierno y funcionarios de diversas dependencias.

Después del movimiento armado que dio inicio el 20 de noviembre de 1910, merced al Plan de San Luis Potosí, trazado por Don Francisco l. Madero el 5 de febrero de 1917, se promulga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual entró en vigor el 1 de mayo del último año citado.

Dicho cuerpo normativo originalmente estaba compuesto por 136 artículos ordinarios, insertos en nueve Títulos, los cuales se encuentran subdivididos en Capítulos. Esta Ley Suprema de la
Unión, vigente, está conformada por dos partes elementales; una conocida como dogmática y otra como orgánica. En la parte dogmática quedaron consignadas lo que originalmente conocemos como garantías individuales, hoy derechos humanos y sus garantías; en su artículo primero dispone que en los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los Derechos Humanos reconocidos en la propia Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que ella misma establece.

En lo que se refiere a la parte orgánica, este ordenamiento supremo del país se ocupa de la organización estatal, en cuyos trazos fundamentales figura la famosa División de Poderes de la Unión, el Sistema Federalista y el funcionamiento de las instituciones fundamentales del Estado Mexicano.

La Constitución de 1917 marcó una nueva era no sólo para México, sino para América Latina, pues a partir de ese instrumento normativo los mexicanos pudieran disfrutar de la libertad que se requiere para ejercer nuestra democracia, pues es de recordar que la importancia de la libertad para la existencia de la democracia está reconocida desde los tiempos de los antiguos:
Pericles consideraba la libertad, la apertura y la igualdad como fundamentos de la democracia ateniense, mientras que Aristóteles reconocía en la libertad uno de los fines que la
democracia debe perseguir. Es así que el principio de los derechos escritos en nuestra Carta Magna ha influido en la redacción de constituciones de otros países latinoamericanos.
La Constitución se convirtió en la primera que en el mundo surge con un contenido social al consignar premisas de justicia social.
Esto se manifestó básicamente en la elevación a rango constitucional de normas protectoras contenidas en los artículos 27 y 123, respecto de dos de los sectores tradicionalmente marginados, el rural y el obrero.
La Carta Magna significó para México haber encontrado en forma definitiva un régimen político que traería paz al país.

Cabe señalar que la Constitución cumple diversas funciones en la vida social, la más importante de ellas, indudablemente, se refiere a la definición de nuestro proyecto de nación, al delinear los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales que nos rigen.

La importancia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos también encuentra fundamento en la creación del proyecto de nación, pues designa al conjunto de decisiones políticas fundamentales que se adoptan al momento de creación del Estado y que lo definen de manera tal que le dan su propia connotación.

El día 5 de febrero de 2017 transcurrió exactamente un centenario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la ciudad de Querétaro, por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, Don Venustiano Carranza.

Como ya se señaló, la Constitución vigente promulgada el 5 de febrero de 1917 plasmó las principales demandas sociales, económicas y políticas de la Revolución Mexicana, y estableció un nuevo orden que asumió como su principal función, cumplir con el programa de dicho movimiento revolucionario, y ser el eje articulador del desarrollo de la Nación Mexicana en su porvenir como hoy la disfrutamos.

* (Extracto del dictamen sobre iniciativas de decreto por el que se establecen las acciones a realizar para la Conmemoración del Centenario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Letras Doradas, Publicado en el P.O. No.156 de fecha viernes 23 de diciembre del 2016. Primera Sección. Publicado en el P.O. No. 156 de fecha viernes 23 de diciembre de 2016. Primera Sección)

La Fuerza Aérea Mexicana es una de las dos Fuerzas Armadas que integran la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), cuya misión es defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior; auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas; realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y en caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas.

A lo largo de la historia, la fuerza Aérea Mexicana ha tenido un papel estratégico participando en misiones de combate y de observación para la pacificación del país. Desde su origen, ha sido su labor ejercer y mantener el dominio del espacio aéreo para defender la soberanía nacional y el orden constitucional.

En 1906 el entonces presidente Porfirio Díaz mostró interés en la aviación militar y en el empleo de globos como elementos de seguridad y defensa. En 1912, tropas Huertistas utilizaron dos aeronaves Blériot XI, como medio de transporte de algunos oficiales. En 1913, cuando el entonces gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, formó el Ejército Constitucionalista, fue influenciado por oficiales, para que utilizara aviones, como medio de combate.

El 14 de abril de 1914 se efectuó el primer combate aeronaval en la historia, cuando el piloto Gustavo Salinas, conduciendo el avión “Sonora”, lanzó bombas sobre el buque Huertista “Guerrero”, cerca del puerto de Topolobampo, Sinaloa, obligando al enemigo a regresar a mar abierto, lo que permitió que las tropas de Carranza tomaran el puerto y el buque “Tampico”, para utilizarlo contra los Huertistas. Hoy  se conoce a ese enfrentamiento, como la “Batalla de Topolobampo”.

En enero de 1915, funcionarios del gobierno de Don Venustiano Carranza, reorganizaron un grupo de pilotos y aeronaves y se formó la “Flotilla Aérea del Ejército Constitucionalista”, realizando el primer combate el día 5 en la ciudad de Puebla, contra los zapatistas, bombardeando el Fuerte de Loreto y causando varias bajas.

El 5 de febrero de 1915, derivado de los resultados exitosos y estratégicos del uso de aviones como medio de combate, en cooperación con las fuerzas terrestres, el entonces Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, expidió en Veracruz el decreto que creó el Arma de Aviación Militar.

Tiempo después, el 10 de febrero de 1944, el gobierno mexicano decretó la reforma que otorgó al Arma de Aviación Militar el carácter constitucional de las Fuerzas Armadas, modificando su nombre al de Fuerza Aérea Mexicana. Cabe destacar que fue hasta 1922 que se instituyó el 10 de febrero como el día de la Fuerza Aérea Mexicana, en conmemoración del Decreto por el cual la aviación militar adquirió el carácter de fuerza armada.

Es así que la Fuerza Aérea Mexicana se ha convertido en una institución fundamental de nuestras fuerzas armadas junto con el Ejército y la Marina Armada de México. Son instituciones públicas con un gran nivel de reconocimiento y respeto social, tienen como objetivo defender la integridad, independencia y soberanía nacional, garantizar la seguridad interior, realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país y, en casos de desastre, prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas, sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas.

La Fuerza Aérea custodia permanentemente la integridad del Estado Mexicano, ha asumido un rol ejemplar en las operaciones de intercepción de aeronaves en vuelos ilícitos; reconocimientos aéreos; en la campaña permanente contra el narcotráfico; destrucción de plantíos ilícitos; localización y destrucción de laboratorios clandestinos; aseguramiento de armas y municiones de vehículos terrestres, aéreos y marítimos; y, en operaciones para reducir la violencia en nuestro país; para ello dispone de una flota aérea militar constituida por aeronaves de combate, de reconocimiento y de transporte.

En este mismo espíritu solidario y de patriotismo, la Fuerza Aérea se ha venido consolidando como una fuerza de paz, junto con el Ejército y la Marina operan el Plan DN3, una de las misiones más apreciadas por los mexicanos. Se aprovecha el entrenamiento, organización y despliegue de estas instituciones para  apoyar a la población ante diversos fenómenos naturales que azotan tanto en la República Mexicana como en otros países.

En mayo de 1942, durante la II Guerra Mundial embarcaciones mexicanas que abastecían petróleo a los Estados Unidos fueron atacadas por submarinos alemanes, en aguas del Golfo de México, por lo que el Presidente Manuel Ávila Camacho declaró la guerra a Alemania, Japón e Italia.

En julio de 1944, se envió un grupo integrado por 233 personas a capacitarse a los Estados Unidos llamado Escuadrón de Pelea 201, que integró la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM), misma que en febrero de 1945 se embarcó rumbo a Manila, Filipinas. Esta unidad acumuló más de 280 horas de vuelo, en 59 misiones de apoyo a las tropas de tierra, bombardeando y ametrallando las posiciones japonesas y contribuyendo a la derrota del enemigo.

El emblema principal de la Fuerza Aérea Mexicana y la escarapela en sus aeronaves, está conformado por tres triángulos equiláteros invertidos, concéntricos y con los colores rojo, blanco y verde, del exterior al centro, se exhibe en ambos lados del fuselaje de las aeronaves mexicanas, excepto en algunos de los aviones del Hangar Presidencial. Otro distintivo de las aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana, consiste en tres rayas verticales, verde, blanco y rojo, en el timón de dirección. En algunos aviones de vigilancia, se suprimen las rayas del timón, y la escarapela se pinta en tres tonos de gris. Dicho emblema también conocido como “Triángulo FAM”, se emplea, además, en los diseños de las rodelas que llevan las tripulaciones en su overol y su ropa de vuelo, así como en los diseños de los escudos, de los planteles de educación militar.

La Fuerza Aérea Mexicana a través de un largo proceso histórico social ha logrado consolidarse como una institución de aprecio social, de historia, de tradición y de identidad nacional para los mexicanos. Realizando un papel cada vez más comprometido con la seguridad y Defensa Nacional por el progreso y bienestar del país.

Por ello, en el marco de la celebración del Centenario de la Fuerza Aérea Mexicana, la LXI Legislatura en sesión pública celebrada el 7 de octubre de 2015, aprobó por unanimidad inscribir en letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Congreso la divisa “2015, Centenario de la Fuerza Aérea Mexicana” como un signo de reconocimiento, homenaje y gratitud de los sinaloenses por los servicios prestados a la Nación.

La noche del 18 de febrero de 1913 había sido bastante larga y angustiante para don Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila. Había recibido un telegrama enviado desde la ciudad de México en el que, en pocas líneas, se podía leer lo siguiente: “Autorizado por el Senado, he asumido el poder del Ejecutivo, estando presos el presidente y el gabinete. Victoriano Huerta”. Para don Venustiano ese mensaje era perturbador y muy cuestionable, por lo que se reunió inmediatamente con sus colaboradores más cercanos y analizaron la situación.

Entonces se llegó a la conclusión de que el Senado de la República no tenía facultades constitucionales ni legales para autorizar semejante traición y de que no había otra alternativa que desconocer al general Huerta.

Siendo muy respetuoso de la legalidad, Carranza pidió al Congreso del Estado de Coahuila expidiera inmediatamente un decreto en los términos solicitados por él. Fue así como el día 19 de febrero de 1913 se expidió un  decreto donde se desconoce al general Victoriano Huerta como presidente de la República y se conceden facultades extraordinarias a Carranza para que proceda a armar fuerzas militares.

Es lo que se llamaría la vía jurídico-parlamentaria local para sentar las bases de la creación del Ejército Constitucionalista. Algo difícil de aceptar para algunos juristas: que un decreto expedido por un  congreso estatal esté por encima de los poderes federales. Sin embargo así sucedió.

El 19 de febrero quedó, pues, como fecha oficial para conmemorar al Ejército Nacional. Decisión que fue ratificada por los poderes federales mediante un decreto expedido el 22 de marzo de 1950, a iniciativa del presidente de la República Lic. Miguel Alemán Valdés.

Por medio del Plan de Guadalupe, se desconoció a Huerta como presidente de la República y a los poderes Legislativo y Judicial de la Federación. En el Artículo 4° se designó a Carranza para que organizara el Ejército Constitucionalista, fue nombrado Primer Jefe del Ejército.

Para la creación del Ejército Constitucionalista y su ordenanza, Carranza recibió el apoyo de los militares de carrera Jacinto B. Treviño y Francisco L. Urquizo.

Hay que aclarar que desde su origen, el ejército constitucionalista se dividió en tres cuerpos comandados por generales levantados en armas contra Victoriano Huerta y que no dudaron en ponerse a las órdenes de Carranza, en un cónclave que tuvieron en Monclova.

Ignacio L. Pesqueira, gobernador del estado de Sonora, nombró a Adolfo de la Huerta y a Roberto Pesqueira como representantes para sumarse al Pacto de Monclova, Coahuila, firmado el 18 de abril, con el que se aceptó la jefatura de Venustiano Carranza en la lucha contra Huerta.

El general Álvaro Obregón Salido fue comandante del Cuerpo del Ejército del Noroeste; el general Francisco Villa estuvo al frente de la famosa y temida División del Norte; y el general Pablo González comandó el Cuerpo del Ejército del Noreste. En el sur, de forma muy independiente y autónoma, se integraron a la lucha armada Emiliano Zapata y sus huestes campesinas.

Una vez centralizado el mando, el Ejército Constitucionalista hizo lo posible por adquirir el armamento más moderno: carabinas Winchester 30-30 y ametralladoras Colt; y también se quiso uniformar a los soldados y oficiales con sombrero norteño o <<texano>>, saco y pantalón de color caqui. Pero la carencia de recursos financieros limitó la unificación de armamento y uniformes militares. El contingente mayoritariamente indígena (yaquis y mayos) se armó de arcos y flechas.

Al inicio, la estrategia se trazó de manera muy rudimentaria y recurriendo a la literatura militar y al apoyo de militares nacionales y extranjeros. La artillería del ejército federal, que constituía un problema grave de afrontar, se remedió al recurrir a tácticas ideadas en el fragor de los combates. La caballería jugó en esto un papel fundamental. La guerra convencional se combinó y adecuó a las acciones guerrilleras, en boga. Supieron distinguir la clasificación básica de la caballería en: tropa, escuadrón, regimiento, brigada y división. Asimilaron muy bien que una estrategia es lo que se hace antes y lejos del lugar del combate, y lo que se hace en el lugar y durante los momentos del combate son tácticas, operaciones, según la definición del general francés Barre. Conocieron la importancia táctica de los regimientos y brigadas de caballería; y gracias a este aprendizaje la caballería revolucionaria fue la punta de lanza del ejército de Obregón.

Durante los gobiernos de la República de los generales sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles se consolidó  el ejército. En ello tuvo mucho que ver la personalidad enérgica del general Joaquín Amaro, un hombre de origen humilde que inició su carrera militar desde abajo, hasta convertirse en uno de los colaboradores más cercanos del presidente Obregón. Amaro fue el organizador que requería el ejército como una digna institución republicana. Después de la muerte de Obregón, jefes y oficiales cerraron filas en torno al nuevo régimen, desarrollando por primera vez en la historia una inusitada lealtad a las instituciones gubernamentales, ya no más a los caudillos.

Obregón, como ministro de Guerra del presidente Venustiano Carranza, ya había sentado las bases para la tecnificación y progresiva despolitización de la fuerzas militares. En 1916, Carranza y Obregón inauguraron la Academia de Estado Mayor y el 5 de febrero de 1920 se reabrió el colegio Militar.

Como ministro de Guerra, el general Amaro le otorgó gran importancia la educación técnica de los cuadros y jefes del ejército. Las escuelas profesionales militares recibieron gran impulso del gobierno federal, especialmente la Escuela Médico Militar y la Escuela Militar de Ingenieros.

Ese período de consolidación y tecnificación del ejército mexicano se inscribió dentro de la época posrevolucionaria que el general Calles denominó la <<institucionalización>> del país: la lealtad a las instituciones, más que a las personas.

Hoy, el Ejército Mexicano tiene un alto grado de profesionalización, y su entrenamiento permanente y la modernización en armamento son una garantía para la seguridad nacional. Su lealtad a las instituciones está libre de cualquier sospecha. La organización del ejército se fundamenta en la realidad geopolítica del país. Comprende además a la Fuera Aérea y a la Armada.

El grueso de las fuerzas armadas está organizado en tres niveles. El primero lo constituyen las fuerzas regulares reclutadas voluntariamente entre la población; los miembros de estas fuerzas son los soldados y oficiales que reciben un pago por sus servicios personales, que desde hace tiempo se conoce como los haberes; además, tienen prestaciones sociales y derechos a la seguridad social. El segundo nivel lo forma el Servicio Militar Obligatorio, compuesto por jóvenes mayores de 18 años, quienes reciben instrucción militar de acuerdo a una ley expedida en 1941, con motivo de la participación de nuestro país en la Segunda Guerra Mundial.

El tercer nivel está formado por los cuerpos de defensas rurales, integrados por grupos de ejidatarios y comuneros que reciben adiestramiento y armas por parte de las fuerzas regulares con el fin de defender sus tierras y vigilar la seguridad en el medio rural.

El 30 de julio de 2013, el Congreso del Estado aprobó por unanimidad el Decreto número 943, por el que se inscribe en el Muro de Honor del Congreso con letras doradas el nombre “Centenario del Ejército México 1913-2013”.

Institución educativa que tuvo sus orígenes a partir del decreto número 32, expedido por la Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa, con sede en Mazatlán, entonces capital del estado. Se aprobó con el título: Ley  Rosales, de fecha 27 de diciembre de 1872 y publicado en el Boletín Oficial del 22 de febrero de 1873.

La primera junta directiva de estudios, reunida el 2 de mayo de 1873, aceptó la propuesta del licenciado Francisco Gómez Flores, presidente de la misma, para que la inauguración del Liceo Rosales se efectuara el 5 de mayo, “por ser aniversario de la gloriosa jornada de Puebla y una gran fecha solemne para el país, contribuyendo con ello a la festividad del país”.

Se destinó para el nuevo plantel educativo, la casa ubicada contra esquina de la Plazuela Machado, donde estuvieron los talleres y oficinas de El Correo de la Tarde, en el tiempo que fue su editor Miguel Retes.

En 1874, se trasladó la institución a la ciudad de Culiacán y hasta el 4 de marzo se inauguró oficialmente con el nombre de Colegio Rosales. Una de las razones del cambio de sede fue que Culiacán había sido declarada por el Congreso del Estado como capital del estado a partir del 20 de septiembre de 1873. De acuerdo con el plan de estudios (1 de marzo de 1874), la institución cambió de denominación a “Colegio Rosales”, pues se pretendía que además de impartir instrucción preparatoria también impartieran estudios profesionales.

A partir de ese plan de estudios  el Colegio Rosales devino en una institución eminentemente laica que pretendió transformarse en un plantel con definidas aspiraciones académicas, pues llegó a tener en su oferta educativa algunas cátedras de índole científica.

El 20 de diciembre de 1881, la institución cambia su denominación a “Colegio Nacional Rosales”. En ese año, entró en vigor la ley que tenía por objeto organizar y reglamentar la instrucción pública. Con ella la educación primaria se encargó a los ayuntamientos y la instrucción preparatoria y profesional fue responsabilidad del Gobierno del Estado, a través del Colegio Nacional Rosales. Se acordó ese nombre con el fin de captar estudiantes de otras entidades federativas. Además, se  había adoptado el plan de preparatoria de 5 años, siguiendo el plan de la escuela Nacional Preparatoria, fundada por el positivista Gabino Barreda, alumno del francés Auguste Comte.

En el periodo 1885-1918, se denomina nuevamente Colegio Rosales. En octubre de 1885, el gobierno de Francisco Cañedo adquirió una casa conocida como El Mesón de San Carlos en Culiacán, edificio que se inauguró reconstruido el 17 de octubre de 1887. En ese año había inscritos sesenta y dos alumnos.

En 1886, se graduó el primer abogado del colegio: Tiburcio Araujo Villegas.

En 1887 se publicaba un periódico estudiantil en el colegio (quizá sea el primero), con el título El eco juvenil.

En 1888, la institución vivía una buena situación interna. Habían transcurrido quince años desde la fundación del Liceo en Mazatlán. En ese año era el director el señor Epitacio Osuna.

El edificio central de la institución, que aún se levanta frente a la plazuela Rosales, fue construido por el ingeniero Luis f. Molina e inaugurado en 1895, pero solo con la primera planta (inicialmente el edificio había sido planeado como residencia familiar del gobernador Francisco Cañedo).

Entre 1893 y 1911, la institución estuvo dirigida por el doctor Ruperto L. paliza, un hombre que destacó como catedrático, académico, médico, escritor, filántropo, administrador y político, pero que murió en la miseria, solo y abandonado en Hermosillo, Sonora.

En los años 1909-1918 no se registraron cambios importantes en el colegio. Salvo la manifestación de rebeldía de un grupo de simpatizantes de José Ferrel que encabezó el alumno del internado de derecho Rafael Buelna Tenorio, la cual fue secundada por el maestro Luis G. Orozco.

Hasta el 7 de septiembre de 1917, se habían graduado 148 alumnos, entre hombres y mujeres, como preceptores de primeras letras, ensayadores, hidroagrimensores, tenedores de libros, ingenieros, topógrafos, abogados, escribanos públicos, en comercio, profesores normalistas, ingenieros, topógrafos  e hidrógrafos.

Al triunfo de la Revolución mexicana, el gobierno del general Ramón F. Iturbe proyectó imprimirle una nueva orientación a la institución. Se le dio al doctor Bernardo J. Gastélum una encomienda expresa y muy especial de parte del gobernador. Se le instruyó que viajara a los Estados Unidos con el fin de visitar varias universidades prestigiadas y observara su organización, así como su desempeño. A fines de 1917, Gastélum propuso al gobernador y a la Junta Directiva de Estudios una serie de cambios al reglamento interior y al plan de estudios del colegio, con el fin de avanzar hacia su transformación en universidad.

El 9 de mayo de 1918, se expide la Ley que organiza la Universidad de Occidente y le concede su autonomía. Con base en ella se reestructuró la institución con el nombre de “Universidad de Occidente”. Se asignó al cargo de  rector al doctor Bernardo J. Gastélum, quien ya había ocupado el puesto de director del colegio. Se advierte en esta ley constitutiva que la universidad sería autónoma en lo que se refiere a sus aspectos académicos, pero no en sus aspectos financieros.

En febrero de 1919, el alumno Juan B. Ruiz participó en el certamen para seleccionar el lema para la universidad, resultando triunfador con su propuesta: Sursum  Versus (hacia la cúspide).

Por medio del Decreto número 11, del 18 de octubre de 1922, se le cambió el nombre a la institución, para regresar a la denominación de Colegio Civil Rosales. Se hizo cargo de él, de 1922 a 1924, el licenciado José María Tellaeche, le siguió brevemente en el puesto el químico farmacéutico Manuel Paz en 1924 y después regresa Tellaeche de 1927 a 1930. El licenciado Enrique Pérez Arce fue director del colegio del 8 de marzo al 27 de octubre de 1922, y después de 1927 a 1930.

En el año de 1937, por el Decreto número 135 de 17 de febrero, la institución pierde definitivamente el nombre de Rosales y pasa a ser Universidad Socialista del Noroeste, siguiendo la línea y directriz trazada por la política educativa del presidente de la república general Lázaro Cárdenas del Río. Así se mantiene hasta 1941.

En 1937, y según la declaración oficial “la tendencia de la nueva universidad era socializar la cultura”. Se cambió la estructura, la organización, las finalidades y el nombre. Perdió también su relativa autonomía y con este nuevo nombre dependía directamente del Poder Ejecutivo del Estado, cuyo titular era el coronel Alfredo Delgado. Fungía Crispín Borboa  como secretario encargado de la rectoría (1937). Luego ocuparon los cargos: Solón Zabre, rector (1937-1938); Carlos McGregor Giacinti secretario encargado de la rectoría (1938-1939); y el licenciado J. Alonso Álvarez, secretario encargado de la rectoría (1939-1941).

En el periodo 1941-1966, la institución adoptó el nombre de Universidad de Sinaloa, mediante Decreto número 197 expedido por la Legislatura del Congreso el 9 de octubre de 1941. Sus rectores fueron: ingeniero Enrique Coppel Rivas (1941), licenciado Arturo García Formentí (1941-1943), químico farmacéutico Amado Blancarte (1943-1944 y 1945-1947), licenciado Raúl Cervantes Ahumada (1945) licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna (1947-1950), doctor Humberto Bátiz Ramos (1950-1956), doctor Jesús Rodolfo Acedo (1956-1959), doctor Fernando Uriarte (1959-1962). El licenciado Clemente Vizcarra Franco fue designado rector interino (de septiembre a diciembre de 1962) por el gobernador general Gabriel Leyva Velázquez, le siguió en dicho cargo el doctor Julio Ibarra Urrea (1963-1966).

Mediante el Decreto número 10, expedido por la XLV Legislatura del Congreso del Estado, el 4 de diciembre de 1965, se le otorgó la autonomía a la institución. Fue un acto obsequioso, libre de presiones por parte del gobernador Leopoldo Sánchez Celis, quien contó con el apoyo incondicional de la totalidad de diputados locales. A partir de 1966, se le denominó a la institución Universidad Autónoma de Sinaloa.

El doctor Julio Ibarra Urrea dejó la rectoría en septiembre de ese año y la asumió el licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna, quien la dirigió desde 1967 hasta febrero de 1970.

Destacaron como rectores en esta etapa, el doctor Gonzalo Armienta Calderón (del 25 de febrero al 24 de abril de 1972), el licenciado Marco César García Salcido (del 7 de junio de 1972 al 19 de julio de 1973), el licenciado Arturo Campos Román (del 26 de julio de 1973 al 20 de mayo de 1976 y luego del 5 de enero al 20 de mayo de 1977) y el ingeniero Eduardo Franco ( del 8 de junio de 1977 al 7 de junio de 1981).

De 1973 a 1977, en la UAS se forman los sindicatos STEUAS (de trabajadores y empleados administrativos) y el SPIUAS (de catedráticos e investigadores).

Así, con la influencia ideológica del modelo de Universidad Democrática, Crítica y Popular, por el Decreto número 26 y publicado en El Estado de Sinaloa, órgano Oficial del Gobierno del Estado, el 30 de junio de 1978, se adiciona el artículo 16 a la Ley Orgánica de la UAS, para establecer que el rector será la autoridad ejecutiva de la Universidad, el cual será electo por mayoría en votación directa, universal y nominal de estudiantes y profesores de las facultades y escuelas de la Universidad, correspondiendo del total de la votación, el cincuenta por ciento a los estudiantes y el cincuenta por ciento a los profesores.

En esta etapa destacan como rectores: Jorge Medina Viedas (1981-1985), Audómar Ahumada Quintero (1985-1989), David Moreno Lizárraga (1989-1993), Rubén Rocha Moya (1993-1997), Jorge Luis Guevara Reynaga (1997-2001) y Gómer Monárrez González (2001-2005).

Durante el rectorado del maestro Héctor Melesio Cuén Ojeda (de 2005 a 2009) la LVIII Legislatura del Congreso del Estado, mediante el Decreto 389, del 27 de julio de 2006, expidió una nueva Ley Orgánica. Con dicha reforma se puso fin al voto universitario y a las campañas onerosas que confrontaban a grupos políticos que dominaban en el interior de la institución. Ahora los nombramientos de rector y de los directores de unidad académica los aprueba el Consejo Universitario a partir de ternas propuestas por la Comisión Permanente de Postulación.

Es así que aquel pequeño salto titubeante iniciado por el padre del liberalismo en Sinaloa, licenciado Eustaquio Buelna, al reunir apenas entre once y veinte alumnos y tres maestros, hoy es una institución gigantesca que cubre el territorio de Sinaloa.

El 24 de enero de 2012, la LX Legislatura del Congreso del Estado expidió el Decreto número 420, por el cual se aprobó se inscribiera con letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones la divisa: “Universidad Autónoma de Sinaloa”, como un reconocimiento a su labor, símbolo de cultura, ciencia y superación que dicha institución educativa ha otorgado al pueblo sinaloense.

Empresario minero, liberal moderado y gobernador de los estados Interno de Occidente y de Sinaloa, además considerado por el historiador Antonio Nakayama el Padre del Estado de Sinaloa.
Francisco Iriarte Conde nació en el antiguo Real de Minas de Cosalá, actualmente ciudad de Cosalá, Sinaloa, el 6 de septiembre de 1790. Fueron sus padres don Francisco Basilio Iriarte y doña Jacinta Conde.

Fue propietario de la mina de oro de Nuestra Señora de Guadalupe de los Reyes, ubicada en la serranía del actual municipio de Cosalá. La mina la había heredado de su padre, quien a su vez la había adquirido en 1801.

El coronel Bourne, viajero inglés que visitó Cosalá en 1826, describe a Francisco Iriarte como una persona excéntrica “…que en lugar de trabajar la mina permite que en ocasiones se quede ociosa por cinco o seis meses, y cuando la trabaja nunca saca más de cuatro arrobas (cien libras) de oro por semana. Se dice que tiene más de dos millones de dólares en oro y plata en su casa, pero esto es imposible de comprobar, dado el carácter del hombre. Vive frugalmente y casi nunca sale; tiene tres hijos y una hija, a los que nunca pierde de vista, y, no obstante su enorme riqueza, sus hijos cuidan de una tienda en Cosalá. Se dice que en 1825 unos extranjeros ofrecieron a don Francisco Iriarte un millón de pesos por permitirles trabajar su mina por dos años, pero que se negó alegando que no quería dinero, y que si lo quisiera, él mismo podría sacar el millón. “Por su parte, Henry George Ward, encargado de negocios de la monarquía inglesa en México durante los años de 1825, 1826 y parte de 1827, autor de la obra México en 1827, además de recoger la crónica de viaje del coronel Bourne amplía la descripción sobre Iriarte afirmando que éste era pariente del presidente Guadalupe Victoria [nacido en el pueblo de Tamazula del actual estado de Durango] y que su mina, que no está inundada de agua, es célebre pues “contiene una veta de oro de apreciable anchura y su producción se podría aumentar a diez veces la cantidad actual; pero el propietario, hombre de hábitos muy peculiares, frecuentemente se niega a trabajar la mina durante nueve meses seguidos y, cuando se ve obligado a emplear trabajadores en ella para evitar la pérdida de su título exponiéndose a que la mina sea denunciada desde algún otro punto nunca permite que se extraigan más de cuatro arrobas de oro (100 libras) a la semana.

La idea de un hombre que posee incalculables riquezas, pero que se niega a usar los tesoros a su alcance, parecerá increíble en Europa; pero Iriarte realmente desconoce el valor del dinero. A pesar de tener en su casa [en Cosalá] por lo menos un millón de dólares en oro y plata, vive en una habitación cuyo mobiliario lo forman pieles de búfalo, junto con mesas de madera, y sillas tan pesadas que se requieren dos o tres hombres para llevarlas de un lado a otro del cuarto. Sus hijos, a quienes nunca permite abandonar el pueblo, están obligados a atender una pequeña tienda al menudeo en Cosalá; y deja que su hija, que es bonita, crezca en la ociosidad y sin educación. Sus propios hábitos son sobrios y sus nociones religiosas demasiado estrictas. Le disgustan las alusiones a su riqueza, y considera cualquier pregunta sobre su mina casi como una ofensa personal. A todas las propuestas que se le han hecho para que ceda los derechos de trabajarla, aún por tiempo limitado, ha dado constantemente la misma respuesta: que no quiere dinero, y que si lo quisiera, bien saben aquellos que le ofrecen los términos más liberales que podría sacar de su mina el doble de cualquier cantidad que le pudieran dar, en menor tiempo del que ellos necesitarían para juntar el dinero.

En estas circunstancias, muy poco se puede esperar de la mina de Guadalupe en tanto no muera su excéntrico propietario; pero, si se ha de dar fe a las opiniones unánimes de los más familiarizados con Cosalá, su riqueza no tiene paralelo; y en alguna época futura los tres hijos de Iriarte deberán asombrar al mundo con la inmensidad de sus recursos.”

Sobre lo anterior, Antonio Nakayama sostuvo que la circunstancia de que la hija nunca se apartaba de su vista, indica que Francisco Iriarte era celoso, lo que se justificaba por ser ella su única hija, lo cual quedó evidenciado cuando la muchacha, de nombre María de la Luz, contrajo matrimonio en 1828 con un inglés llamado Ventura Arthur Short [al parecer vecino del Rosario], lo cual causó un gran disgusto a su padre, que incluso éste trató de nulificar el matrimonio aunque sus esfuerzos fueron en vano. Se ignoran mayores detalles acerca de este asunto familiar. Nakayama sugiere que “sería el resentimiento que le dejó la conducta de la hija; tal vez sería la disparidad de religiones ya que Short profesaba el anglicanismo; o bien pudo ser que no deseara que la joven se casara con extranjero. En el peor de los casos, es posible que haya pensado que sus riquezas irían a parar a mano de su yerno.”

La carrera política de Iriarte la inició al resultar electo vocal de la diputación provincial de Sinaloa y presidente de la misma al momento de su instalación en 1823, cargo que ocupó hasta el mes de junio de 1824. Después tuvo el mando político de la provincia de junio al 12 de septiembre de 1824.

Francisco Iriarte fundó en Culiacán la primera logia masónica del rito escocés en el Estado de Occidente. Dejó la jefatura política al instalarse el Congreso Constituyente del Estado de Occidente. Fue electo vicegobernador del mismo, encargándose del gobierno el 7 octubre de 1824, por ausencia del titular, y permaneció en funciones hasta el 27 de abril de 1825. De nuevo, fue designado gobernador del Estado de Occidente a partir del 25 de noviembre de 1826.

Fue en ese período, cuando se enfrentó al grupo político formado por las logias yorkinas que encabezaba el sonorense Juan Miguel Riesgo. Asimismo, se opuso al traslado de la capital del Estado de Occidente [que se encontraba en Cosalá], primero a Culiacán y posteriormente a Álamos, ejerciendo presión para que no se ejecutara el decreto expedido por el Congreso del Estado. Pero, finalmente la legislatura del Estado de Occidente se impuso con el apoyo militar del comandante general encargado de la plaza Mariano Paredes de Arrillaga, cesando a Iriarte en el ejercicio del Poder Ejecutivo el 29 de noviembre de 1827, día en que fue depuesto por el Congreso del Estado. Sin embargo, Iriarte apeló ante la Suprema Corte de Justicia y esta instancia superior lo absolvió de los cargos en su contra, por lo que el Congreso del Estado de Occidente expidió un nuevo decreto declarándolo inhabilitado para ejercer los cargos de gobernador y vicegobernador del Estado, acuerdo fechado el 20 de diciembre de 1828. Meses más tarde, el Congreso General, ante el cual Iriarte planteó el conflicto, resolvió el 9 de marzo de 1829 en los siguientes términos:

El decreto de 20 de diciembre de 1828 expedido por la legislatura del Estado de Occidente declarando inhábil a don Francisco Iriarte para obtener los empleos de Gobernador y Vicegobernador, es contrario al Artículo 157 de la Constitución General.

Francisco Iriarte volvió a ocupar el cargo de gobernador del Estado a partir del 19 de octubre de 1829 y lo desempeñó hasta que culminó su período constitucional de cuatro años. Así, de manera pacífica y normal entregó el gobierno el primero de abril de 1830.

Cabe agregar que a Francisco Iriarte le tocó en suerte vivir el proceso de la separación de Sonora y Sinaloa en dos estados libres e independientes. Cuando en 1831 se erigió el estado de Sinaloa, dos grupos de poder estaban en condiciones de contender por el control sobre el gobierno local; el de Cosalá, formado por la familia Iriarte, y el de Culiacán, aglutinado alrededor de la familia De La Vega. Finalmente, los cosalteños lograron la gubernatura, mas no por mucho tiempo, debido a que sufrieron serios reveses como la muerte de quien era su cabeza y la decadencia de la producción minera que consistía su principal apoyo económico.

Francisco Iriarte, gobernador electo del Estado de Sinaloa, al parecer tomó posesión de dicho cargo el 28 de mayo de 1831; sin embargo, hay autores que afirman que nunca llegó a tomar posesión del gobierno por haber solicitado licencia al Congreso del Estado por motivos de salud, el 18 de junio de 1831, trasladándose posteriormente a la ciudad de México donde falleció el 17 de septiembre de 1832.

Se sabe que después de su muerte se generó un conflicto judicial entre sus herederos, el cual no se resolvió en los tribunales judiciales dado los intereses encontrados, viéndose el gobierno federal en la necesidad de intervenir la mina en 1838.

A don Francisco de Iriarte se le califica por haber sido un hombre tenaz en sus decisiones y en sus luchas personales. Su pugna con la legislatura le llevó varios años, en los que en la mayor parte se vio humillado. Sin embargo, su voluntad de vencer y su fe en la causa que representaba le llevaron finalmente al triunfo.

Por estos motivos el Honorable Congreso del Estado de Sinaloa declaró Benemérito del Estado a Francisco Iriarte Conde y ordenó se inscribiera su nombre con letras en el Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, según decreto número 338, publicado en el periódico oficial «El Estado de Sinaloa», número 108, del 20 de septiembre de 1962.

Periodista de combate, defensor de la independencia nacional e ideólogo liberal precursor de la Reforma. Pablo de Villavicencio González, conocido por el seudónimo de El Payo del Rosario, nació el 27 de enero de 1796, en el Real de minas de Nuestra Señora del Rosario, Sinaloa.

Fue un mestizo nacido en cuna humilde que a los 15 años de edad se incorporó al ejército insurgente que había arribado a Sinaloa procedente de Guadalajara bajo el mando de José María González Hermosillo, y quien obtuvo un triunfo fácil en El Rosario. En el combate de San Ignacio, donde el ejército independentista sufrió una amarga derrota ante las fuerzas realistas, el joven Pablo Villavicencio resultó herido en una pierna que le hizo perder el ritmo al caminar por el resto de sus días.

En uno de sus numerosos panfletos escribió El Payo:

Nací en una de las remotas provincias de Occidente [Sinaloa] y recibí de mis padres aquella educación que proporciona lo inculto de ellas, donde no hay un colegio, ni tan siquiera una regular escuela de primeras letras; con esto sólo estudié a temporal y eterno, Las Caballerías de Oliveros, y Los Milagros del Señor Santiago.

[…] no había escuelas de primeras letras [en el Real del Rosario] y nunca tuve la dicha de aprender el musa musae, porque mis padres siendo pobres, no tuvieron facultades para darme estudios, pero siempre fui algo inclinado a la lectura y no me dejaré jugar las barbas de otro tan tonto como yo […]

Joaquín Fernández de Córdoba, uno de sus biógrafos, en su obra Pablo de Villavicencio, “El Payo del Rosario”, escritor sinaloense precursor de la Reforma en México, libro poco conocido, dado su tiraje restringido de apenas trescientos ejemplares, da a conocer el contexto social y político que dio origen a su manifiesta inconformidad:

En las postrimerías del régimen colonial, su terruño estaba sujeto a la férula de Fernando Espinoza de los Monteros, jefe de las armas, y del irascible obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, dos hombres dominadores y voluntariosos que administraban el poder militar, civil y temporal en favor de los españoles _en su mayoría descendientes de conquistadores_, al amparo de la descentralización y lejanía de sus extensos dominios en aquellas latitudes cálidas, despobladas y fabulosas.

Sus primeros pasos en la vida política se encaminaron a proteger en el sur de su solar nativo la gloriosa causa insurgente y su inicial rasgo de carácter consistió en elevar enérgica protesta, en El Rosario, en contra del obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, quien al encargarse de su diócesis en el año de 1818, predicó en pro de la dominación española y fustigó a los que combatían en Sinaloa.

Después de consumada la Independencia, El Payo emigró a la ciudad de México en 1822, donde desarrolló con maestría la difícil y peligrosa labor de escribir artículos periodísticos y panfletos de combate, ensayando su viril pluma en contra del imperio de Agustín de Iturbide. Gracias a su afición a la lectura, pero también a la persistencia de su carácter indomable, así como por su acendrada vocación de luchador en el campo de las ideas, esgrimió con gallardía y valentía sus palabras escritas, a manera de estilete, para producir una prosa llana, franca, ágil y agresiva en defensa de la causa liberal federalista y en contra de las ideas conservadoras.

Villavicencio supo combinar a la perfección su cultura política con su particular ingenio agudo dispuesto siempre para la polémica, desarrollada a partir de la publicación de numerosos panfletos controversiales sobre temas políticos, firmándolos con el seudónimo de El Payo del Rosario.

Pablo de Villavicencio, en efecto, se caracterizó por ser un periodista mordaz y cáustico que ofreció su talento natural en favor de la causa liberal cuando México vivía en la aurora constitucional y la República apenas nacía. Es cierto, muchas vidas costó ese parto, la de El Payo fue de las primeras.

Pablo de Villavicencio militó en las logias yorkinas. Fue encarcelado por sus opiniones en 1824. Por la misma razón se le recluyó en el fuerte de San Diego, Acapulco (1825_1826). Polemizó con integrantes de la logia escocesa y con su amigo José Joaquín Fernández de Lizardi El pensador mexicano.

Asimismo, defendió la división del Estado de Occidente para formar los estados autónomos de Sonora y Sinaloa y replicó mediante un panfleto combativo a los diputados al Congreso General, Ignacio Zúñiga y Carlos Espinoza de los Monteros, que se oponían a dicha división, y quienes con tal fin habían publicado un folleto titulado Reflexiones sobre los funestos resultados de la división del Estado de Occidente.

Participó en la insurrección conocida como el Motín de la Acordada. Juzgó injusta la separación de Lorenzo de Zavala del gobierno y escribió ¡Pobre del señor Guerrero! para de aquí al mes de enero, folleto que le costó ir a la cárcel por órdenes del gobernador del Distrito Federal José María Tornel. Después del golpe de Estado de Anastasio Bustamante intentó organizar a las fuerzas de oposición, por lo que fue detenido en Santiago Tianguistenco y conducido a la capital del país, donde permaneció 15 meses en la antigua cárcel de la inquisición (1830_1831). De nuevo en libertad reinició sus denuncias contra la dictadura de Anastasio Bustamante.

En 1830, el presidente Bustamante lo mandó encarcelar bajo el cargo de ser enemigo jurado del gobierno, pero obtuvo su libertad y se sublevó de nuevo contra el poder constituido.

El gobernador del Estado de México, Lorenzo de Zavala, lo nombró su secretario y cuando la tropa federal atacó la ciudad de Toluca y persiguió a las fuerzas de Zavala y de Santa Anna, éstas huyeron por el rumbo de Zitácuaro. Sin embargo, un grupo de 40 dragones al servicio del presidente Bustamante que andaban de patrulla había advertido que habían quedado rezagados 2 hombres que huían montados a caballo por la antigua calzada de los Arbolitos; se lanzaron a la carga contra los jinetes disparándoles sobre la marcha. Al momento los dos yacían muertos acribillados a balazos. Más tarde se sabría que se trataba de José María Guillén y de Pablo de Villavicencio.

El Payo del Rosario murió así, paradójicamente siendo un seguidor del movimiento iniciado por Santa Anna, cayendo abatido por las fuerzas golpistas comandadas por el general Mariano Ortiz de la Peña en la ciudad de Toluca el 5 de diciembre de 1832. Iba acompañado por su concuño. De esa forma, se extinguió la vida de este prolífico escritor sinaloense, precursor del liberalismo y la Reforma en México.

En el parte oficial de la muerte de Pablo de Villavicencio se lee lo siguiente:

General Mariano Ortiz de la Peña._ Sección de Operaciones sobre Toluca._ Tengo el honor de poner en el superior conocimiento de vuestra señoría, para el del Exmo. Sr. Presidente, que ahora que son las cuatro de la tarde acabo de ocupar esta ciudad, con sólo la pérdida de un dragón de Tepecuacuilco; el enemigo tuvo varios, entre ellos el Payo del Rosario y su hermano [en realidad se trataba de su concuño]._ Dios y Libertad._ Toluca, diciembre 5 de 1832._ Mariano Ortiz de la Peña, firmado.

En reconocimiento a los servicios que prestó Pablo de Villavicencio a la República, el Congreso del Estado de México decretó el 28 de marzo de 1833, una pensión vitalicia a favor de la viuda y la hija del escritor. La comisión legislativa al dictaminar el caso dejó asentado lo siguiente: “Los que suscribimos estamos convencidos de la justicia de esta providencia, y muchos de los individuos de este Cuerpo Legislativo lo están igualmente de los méritos y servicios prestados por el C. Pablo de Villavicencio a la causa de la libertad, aún en los tiempos más difíciles y azarosos…”

En el panteón de Santa Clara de la ciudad de Toluca fue enterrado el cuerpo de El Payo, sin embargo el sepulcro no se pudo localizar. Se ignoran dónde hayan ido a parar sus restos. En los archivos parroquiales se conserva un acta, cuya copia certificada dice lo siguiente:

El párroco que suscribe, certifica que en el Libro No. 7 de Entierros de este Archivo Parroquial a fojas No.15 y marcada con el No. 116, se encuentra una partida que a la letra dice: AL MARGEN:166. Dn. Pablo Villavicencio Casado del Pueblo del Rosario. AL CENTRO: “En cinco de Diciembre de mil ochocientos treinta y dos. Se le dio Sep.a. Ecca. En el campo Santo de Sta. Clara al cadáver de Dn. Pablo Villavicencio murió de Balazos de treinta y seis años de edad casado que fue con Da. Catarina Zeballos. y firmé J. José Marno. Arias”. Rúbrica.

Y para constancia y a petición de los interesados extiendo el presente certificado en la Notaría Parroquial del Sagrario de Toluca de San José, a los diez y ocho días del mes de octubre del año del Señor de mil novecientos sesenta. Pascual García Ruiz. Pbro. Párroco del Sagrario. (firmado). P. García R. Un sello que dice: Parroquia del Sagrario. Diócesis de Toluca.

El escritor José Flores Magón, dijo acerca del autor de más de seiscientos artículos aparecidos en fascículos, periódicos y panfletos:

Nuestro héroe fue un periodista de singular personalidad, de un estilo único por su agresividad. Era mordaz, tajante e inflexible conforme a sus convicciones liberales, libertarias y profundamente patrióticas. Se distinguió por defender nuestras instituciones de tipo federalista y es considerado como precursor del movimiento de Reforma, al lado de José María Luis Mora, de Valentín Gómez Farías, de don Juan Álvarez, de Melchor Ocampo, de Miguel Lerdo de Tejada, de Ponciano Arriaga y del propio don Benito Juárez.

Sus sátiras fueron muy celebradas, pero el máximo logro que obtuvo el pensamiento de El Payo de Sinaloa fue sin duda haber contribuido a orientar la conciencia nacional hacia el liberalismo. Por ello, don Héctor R. Olea afirmó acertadamente que “Villavicencio sembró la semilla del liberalismo, el Dr. Mora la cultivó y Juárez la cosechó.”

En 1932, al cumplirse el primer centenario de la muerte d Pablo de Villavicencio, el entonces gobernador constitucional de Sinaloa, profesor Manuel Páez, ordenó construir _a iniciativa del diputado José Palomares_ una escuela en la ciudad del Rosario, imponiéndole el nombre de este fogoso escritor y periodista.

En 1961, el gobernador del Estado de Sinaloa general Gabriel Leyva Velázquez, comisionó al historiador Antonio Nakayama para que se trasladara a la ciudad de Toluca, Estado de México, e investigara el paradero de los restos de El Payo del Rosario con la intención de trasladarlos a la ciudad de Culiacán y depositarlos en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, sin embargo su tumba no se localizó en el cementerio. En virtud de lo anterior, el gobierno del Estado mandó publicar la obra Artículos periodísticos de doctrina y combate, una selección de los encendidos mensajes escritos por Pablo de Villavicencio, honrando de esa manera su memoria y rindiéndole un justo y merecido homenaje.

Cabe señalar que solamente cuatro bibliotecas en el mundo poseen una colección de artículos y folletos originales que son representativos de su obra: Sutro Branch California State Library, de San Francisco, California; Texas University Library, de Austin, Texas; la Biblioteca Nacional, de la ciudad de México, y Yale University Library, de New Haven, Connecticut.

El Congreso del Estado de Sinaloa declaró Benemérito del Estado a Pablo de Villavicencio El Payo del Rosario y acordó se escribiera su nombre con letras de oro en el Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, mediante decreto número 337, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 108, de 20 de septiembre de 1962.

Anna Agustina de Jesús Ramírez Heredia, nació en la villa de Mocorito, Sinaloa, el primero de septiembre de 1813; sus padres fueron José Margarito Ramírez y María Romana Heredia, ambos indígenas poblanos avecindados en la región de Mocorito, el primero soldado del ejército mexicano y la segunda dedicada a las labores hogareñas.
Primero don Eustaquio Buelna y tiempo después Antonio Nakayama, intentaron reconstruir la vida de esta heroína sinaloense partiendo de copias certificadas de la fe de bautismo y del acta de defunción, así como de cartas y artículos escritos por las plumas del general Ramón Corona, del historiador Francisco Xavier Gaxiola, del escritor y periodista José Ferrel, del poeta Alejandro Hernández Tyler, del historiador Héctor R. Olea y de Laureana Wright de Kleinhans.
Por su fe de bautismo sabemos que Anna Agustina de Jesús vino al mundo en compañía de una gemela bautizada con el nombre de María Cesaria de Jesús. El licenciado Francisco de Orrantia, cura de Mocorito, fue el que las bautizó el tres de septiembre de 1813.
-Fe de Bautismo-Parroquia de la Purísima Concepción. Acta de Bautismos. Exp. No. 387. El suscrito Párroco Vicario de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Mocorito, Sinaloa, Diócesis de Culiacán, hace constar y CERTIFICA: Que en el archivo de la Notaría Parroquial hay un libro de Bautismos de hijos legítimos y Naturales que empieza el 20 de julio del año 1807 y que termina el 10 de noviembre del año 1813 en la página 180 hay un acta que a la letra dice: Al centro: «En esta Santa Iglesia de Mocorito en tres de septiembre de mil ochocientos trece. Yo, el Licdo. don Francisco de Orrantia Cura Into. Vicario y Juez Eclesiástico de este partido bauticé solemnemente, puse el santo óleo y sagrado crisma a dos coatas: la primera Anna Agustina de Jesús fueron sus padrinos Dn. Francisco de Orrantia y Da. Dolores de Orrantia; de la segunda; María Cesaria de Jesús fueron sus padrinos Don Jesús de Orrantia y María Dolores de Orrantia: de tres días de nacidas Indias Poblanas hijas legítimas de José Margarito Ramírez y de María Romana Heredia: a quienes les advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones y para q. conste lo firmé._Licdo. Dn. Francisco de Orrantia.» Rúbrica.
Es copia fiel íntegramente sacada del original que se tuvo a la vista. Se hizo a petición de la parte interesada para los efectos a que den lugar las leyes eclesiástica o civil. Mocorito, Sin., a 13 de noviembre de 1985._ Pbro. José Jiménez._ Rúbrica.
Agustina era de estatura alta, delgada, morena obscura, con un rostro adusto y marcadamente indígena. Su esposo, el soldado Severiano Rodríguez, fue muerto en un hecho de armas sucedido en la Loma de Mazatlán, el 3 de abril de 1859. En tanto que en defensa de las instituciones liberales y republicanas doce de sus trece hijos fallecieron entre los años de 1863 y 1866, en los combates sostenidos durante la intervención francesa en Sinaloa.
Por haber entregado al servicio de la República prácticamente a toda su familia, el historiador mocoritense Eustaquio Buelna se refiere a ella como «la heroína más grande de México».
Después de las muertes sucesivas de los integrantes de su familia humilde, Agustina Ramírez vivió en Mazatlán sumida en la pobreza extrema y trabajando ocasionalmente como servidora doméstica, además nunca aprendió a leer y escribir.
El 15 de octubre de 1868, en Mazatlán, sede de los poderes del Estado, el Congreso del Estado de Sinaloa acordó entregar a la señora Agustina Ramírez de Rodríguez, una pensión mensual de $30.00 por los servicios que prestó su finado esposo y doce hijos muertos en campaña. Mujer ejemplar, donde se dice:
La Secretaría del Congreso comunica al Ejecutivo lo siguiente: «En sesión de hoy la H. Legislatura de este Estado tuvo a bien acordar la siguiente proposición: Interin se acuerda un premio a la señora Agustina Ramírez de Rodríguez por los servicios que prestaron a la Patria y al Estado en particular, su esposo y doce hijos muertos en campaña, se concede a ésta una pensión de $30.00 mensuales pagados por la Tesorería del Estado». Y tenemos la honra de comunicarlo a usted para su inteligencia y conocimiento. Independencia y Libertad. Mazatlán, octubre 13 de 1868. Celso Gaxiola, Diputado Secretario; Aurelio Ibarra, Diputado Secretario.
Doña Agustina Ramírez gozó de la pensión solamente en el año de 1869, por razones que explica el diputado Peláez, jefe de la Segunda Comisión de Hacienda en el Congreso del Estado de Sinaloa, mediante un dictamen rendido el 13 de enero de 1873:
… Es cierto, señor, que el Tercer Congreso Constitucional señaló a la peticionaria una pensión de $30.00 mensuales y que ésta le fue pagada exactamente hasta 1869. Más, como en la Ley de Egresos para el año siguiente de 1870, se hizo punto omiso de esta pensión, la Tesorería General ya no pudo seguir pagándola y en esto obraba debidamente por cuanto no debe hacerse pago alguno que no conste en el presupuesto o que no esté autorizado por el Congreso. Así fue que cuando el Cuarto Congreso dispuso que de toda preferencia se ministrasen a dicha señora un mil pesos, por vía de recompensa de los servicios prestados por su familia, le fue pagada esa suma con la mayor eficiencia; y si después no se le ha ministrado socorro alguno es porque ninguna ley ni acuerdo se ha expedido sobre el particular, bien que, según los informes que la Comisión ha recibido, el Gobierno del Estado ha promovido con empeñoso celo que el Gobierno de la Unión atienda a esa recomendable señora con la pensión o premio a que es acreedora por tantos títulos; y no podrá decirse que el Estado haya sido indiferente con ella, pues, como se ve por lo expuesto, la ha atendido a cuanto se lo han permitido sus escasos rendimientos, siendo que toca directamente este asunto a la Federación…
Doña Agustina una vez que recibió los mil pesos en una sola entrega, intenta de nueva cuenta solicitarle al Congreso del Estado sea reconsiderada su petición de pensión, mediante una carta _sin firma_ que entregó en diciembre de 1873. En ella sobresale lo siguiente:
… en así hacerlo esa H. Legislatura sabrá corresponder a los heroicos esfuerzos de trece víctimas por la Patria y por este Estado en particular, mi esposo y doce hijos muertos en campaña, ministrando justicia a la que pide, protestando no obrar con malicia.
El general Domingo Rubí, en apoyo a esa solicitud se dirigió al Congreso de la Unión, solicitando una pensión para doña Agustina Ramírez, acompañando los certificados expedidos por él, por el general Ramón Corona, el coronel Francisco Miranda y don Francisco Sepúlveda, a la sazón visitador de las aduanas marítimas.
Sin embargo, está comprobado que por los servicios que su esposo e hijos prestaron a la patria, Agustina Ramírez jamás recibió alguna pensión del gobierno federal, a pesar de que ésta fuera aprobada por los diputados del Congreso de la Unión.
El Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, había decretado lo siguiente:
Artículo Único._ El Congreso de la Unión, en uso de las facultades que le concede el artículo 72, fracción XXXVI de la Constitución, concede a la señora Agustina Ramírez, viuda del soldado Severiano Rodríguez, muerto en el ataque de Mazatlán el 3 de abril de 1859, y madre de Librado, Francisco, José María, Manuel, Victorio, Antonio, Apolonio, Juan, José, Juan Bautista, Jesús y Francisco (segundo) Rodríguez, soldados muertos en acciones de guerra contra los franceses, la pensión de ciento cincuenta pesos mensuales, sin que quede sujeto a descuento alguno._ M. Dublán, diputado presidente._ M. Romero Rubio, senador presidente._Manuel F. Alatorre, diputado secretario._ Blas Escontria, senador secretario.
Dicha pensión no llegó a pagarse a la heroína, según aclaración de la señora Luz Mendoza de Rodríguez, hija política de doña Agustina, en una carta publicada por el periódico «El Pacífico», que veía la luz pública en Mazatlán, decía:
Efectivamente la señora Agustina Ramírez fue mi madre política, pues mi finado esposo, Eusebio Rodríguez, fue hijo de dicha señora, y el último que murió, dejándome dos hijos que son Feliciano y Guadalupe, aún menores de edad, y a los que no he podido dar educación conveniente por falta de recursos.
Mi madre política tuvo de su matrimonio trece hijos, todos varones, de los cuales murieron doce en los combates que en diferentes puntos se libraron contra los invasores franceses, habiendo sólo sobrevivido mi esposo, Eusebio Rodríguez, quien murió de una fiebre provenida de insolación. El señor don Severiano Rodríguez murió en el tiempo de la Guerra de Reforma, el 3 de abril de 1859, cuando las fuerzas liberales tomaron este puerto, al mando de los generales Pesqueira, Coronado y don Plácido Vega.
Ignoro los años que tendría mi citada madre política, aunque su aspecto era de una señora entrada en años. Su vida la pasaba siempre trabajando, no sólo en los quehaceres domésticos, sino en los que le proporcionaban las gentes que la conocían, para que así pudiera atender a sus gastos. Lo que ha dicho «El Pacífico», respecto al abandono en que se dejó a mi finada madre es la pura verdad; siendo mi puro personal trabajo con el que, en medio de la más espantosa miseria, murió y vivo yo con mis hijos…
Agustina Ramírez murió de fiebre en Mazatlán, en la casa ubicada en la manzana 28 del Cuartel 2do. calle del Arsenal, a las dos y media de la mañana del día 14 de febrero de 1879. Sus restos mortales fueron depositados en la fosa común del panteón civil de Mazatlán. Sus últimos días los había pasado olvidada y sólo asistida por la caridad pública.
En reconocimiento póstumo fue declarada Benemérita de Sinaloa y su nombre está inscrito en el Salón de Sesiones del Congreso del Estado.
La XLII Legislatura, a iniciativa del Gobernador del Estado general Gabriel Leyva Velázquez, expidió el decreto número 240, fechado el 26 de noviembre de 1958 y publicado en el Periódico Oficial «El Estado de Sinaloa», número 141, de 4 de diciembre de 1958, en el que puede leerse lo siguiente:
Artículo primero._ Se declara Benemérita del Estado de Sinaloa a Agustina Ramírez.
Artículo segundo._ Escríbase con letras de oro, en el Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado, el nombre de Agustina Ramírez.
En 1961, en ocasión de celebrarse el LXXXII aniversario de su muerte, el Gobernador Constitucional de Sinaloa, general Gabriel Leyva Velázquez, inauguró un monumento a la memoria de esta madre ejemplar, el cual se ubica en la confluencia de las calles de Bravo y Madero de la ciudad de Culiacán. El discurso oficial correspondió a don Antonio Nakayama.
Además, en su honor se creó el Premio Estatal al Mérito Social «Agustina Ramírez», el cual se otorga cada año a las mujeres sinaloenses que sobresalen por sus servicios a la comunidad. Varias calles y escuelas públicas llevan su nombre en las principales ciudades de Sinaloa.

Escritor, poeta, periodista de combate, abogado, político e ideólogo liberal. Ignacio Ramírez Calzada, mejor conocido como El Nigromante, nació en San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato, el 23 de junio de 1818. Fue hijo de don Lino Ramírez y de doña Sinforosa Calzada, indígenas.
Inició sus estudios en Querétaro, ciudad natal del padre, y en 1835 fue llevado al Colegio de San Gregorio, en México, donde estudió artes. En 1841, comenzó estudios en jurisprudencia y en 1845 obtuvo el grado en la Universidad Pontificia Nacional. Ingresó a los 19 años de edad en la Academia Literaria de San Juan de Letrán, integrada por los hombres más ilustrados de la época. Es célebre en los anales literarios de México la presentación de Ramírez en dicha Academia, donde leyó un discurso sobre un tema tan controversial que entonces hizo el efecto de una explosión de dinamita. Ahí expresó: No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos. Fue aceptado no obstante las protestas que causó su tesis tan revolucionaria y el discurso que petrificó de estupor a la asamblea. Sin embargo, sería exaltado como el primer orador y más tarde como el mejor escritor de su tiempo.
Se inició en el periodismo en 1845, al fundar con Guillermo Prieto y Vicente Segura la publicación periódica Don Simplicio, firmando sus artículos con el seudónimo El Nigromante.
Sus colaboraciones se distinguieron por ser flameantes artículos y agudos versos satíricos en donde hacía una terrible censura a los actos del gobierno conservador, lo que provocó que el periódico fuera suprimido y Ramírez encarcelado.
En 1846, fundó el Club Popular, donde divulgó sus ideas liberales avanzadas en materia de reforma política, económica y religiosa, por lo que estuvo otra vez en prisión. Al obtener la libertad, el gobernador del Estado de México, admirador de los talentos de Ramírez, lo invitó para organizar su gobierno y éste correspondió trabajando día y noche en la reconstrucción administrativa y también en la defensa del territorio nacional invadido por los norteamericanos. Para predicar con el ejemplo, asistió con el gobernador Olaguíbel a la batalla de Padierna; y a pesar de los gastos que demandaba la guerra, restableció el Instituto Literario de Toluca, donde libre de la invasión la República, Ramírez fue catedrático de derecho y de literatura, pero los padres de familia a pesar de la irreprochable conducta de Ramírez en su vida íntima, alarmados por sus ideas liberales intrigaron hasta lograr su separación.
Entre fines de 1848 y principios de 1849, Ignacio Ramírez fue jefe político de Tlaxcala.
A fines de 1851, arribó a Sinaloa donde ya se encontraba su hermano Miguel Ramírez.
En 1852, el gobernador de Sinaloa Plácido Vega promovió su candidatura a diputado federal por esta entidad, defendiendo el liberalismo en el Congreso de la Unión. A su regreso a Sinaloa, fue secretario del general Plácido Vega, sostuvo enérgicamente la extinción de las alcabalas propuestas durante el gobierno de Pomposo Verdugo. Posteriormente Ramírez viajó a Baja California donde descubrió la existencia de zonas perlíferas y canteras de mármol, sobre las que escribió brillantes artículos que revelaron aquella riqueza.
En 1853, se fue a radicar por un tiempo a la ciudad de México. Por sus críticas a Antonio López de Santa Anna permaneció once meses en prisión, la mayor parte del tiempo encadenado. Al triunfo de la Revolución de Ayutla fue liberado y fungió como secretario personal de don Ignacio Comonfort; al advertir que Comonfort falseaba sus principios liberales, renunció a su puesto para afiliarse con Benito Juárez, Melchor Ocampo y Guillermo Prieto en el partido liberal y combatir con su pluma al renegado.
Regresó a Sinaloa como juez civil, pero volvió a la capital del país como diputado por nuestro estado al Congreso Constituyente de 1856_1857, donde fue el más notable orador y una de las más grandes figuras del ala izquierda jacobina; fue además miembro de la Comisión de Revisión de Credenciales; su suplente fue don Ramón Isaac Alcaraz, reconocido literato y liberal. Los otros dos diputados propietarios que representaron al estado de Sinaloa fueron los licenciados Antonio Martínez de Castro y Mariano Yáñez. Cabe mencionar que en la Historia del Congreso Constituyente, obra de don Francisco Zarco, el licenciado Ignacio Ramírez ocupó un altísimo lugar como orador parlamentario y líder del radicalismo.
Asimismo, El Nigromante participó en la elaboración de las Leyes de Reforma, siendo uno de los liberales más puros. Al ser derrotados los conservadores, el presidente Benito Juárez lo nombró Secretario de Justicia e Instrucción Pública, cargo que desempeñó del 21 de enero al 9 de mayo de 1861. Durante su gestión creó la Biblioteca Nacional y unificó la educación primaria en el Distrito Federal y territorios federales. Del 19 de marzo al 3 de abril de 1861 ocupó la Secretaría de Fomento. Asumió la responsabilidad de la exclaustración de las monjas; reformó la ley de hipotecas; hizo efectiva la independencia del Estado de la Iglesia; reformó el plan general de estudios; dotó con equipo los gabinetes del Colegio de Minería; seleccionó un excelente cuadro de profesores de la Academia de San Carlos; salvó cuadros de pintura que existían en los conventos, con los cuales formó una rica colección y formó una galería completa de pintores mexicanos; designó a los pintores Clavé, Cavalari y Sojo para que salvaran del Colegio de Tepozotlán los tesoros de arte en arquitectura, pintura, tallado e incrustaciones que contenía aquel magnífico Museo. La honradez de Ramírez fue acrisolada, pues cuando fue Ministro pasaron por sus manos millones de pesos y nadie osó decir que se hubiera apropiado lo más mínimo de los tesoros que manejó. No tomó jamás ni un solo libro de los millares de volúmenes sacados de las bibliotecas de los conventos, ni una pieza de los centenares de cuadros extraídos de los claustros. No insinuó ni aceptó la menor recompensa por sus persecuciones y miserias que pasó por largos años, ni se adjudicó la más pequeña propiedad para pasar holgadamente el resto de sus días.
En Puebla, trabajó en la desamortización de los bienes del Clero y en septiembre de 1861 fue electo presidente del Ayuntamiento de la ciudad de México.
Durante la guerra de intervención, combatió a los franceses en Mazatlán. En el período de 1863 a 1865, mantuvo correspondencia con Guillermo Prieto, la que posteriormente se publicaría como Cartas a Fidel. En noviembre de 1864, residiendo en Sinaloa, defendió a presos políticos y escribió para La Opinión y La Estrella de Occidente, hasta que fue desterrado a Estados Unidos.
Regresó a México antes de la caída de Maximiliano y fue encarcelado en San Juan de Ulúa y posteriormente en Yucatán.
El Congreso de la Unión lo nombró Magistrado de la Suprema Corte de Justicia, cargo que ejerció durante doce años. De ese puesto no se separó sino al ser llamado por el Presidente Porfirio Díaz, después de la batalla de Tecoac, para hacerlo Ministro de Justicia e Instrucción Pública, puesto que desempeñó pocos meses y por dos ocasiones, la primera del 28 de noviembre al 6 de diciembre de 1876, y la segunda del 17 de febrero al 23 de mayo de 1877. Después, regresó a ocupar el cargo de Magistrado de la Suprema Corte de Justicia, hasta su muerte registrada en la ciudad de México el 15 de junio de 1879.
Si hay en los anales de nuestra vida pública un hombre que pueda llevar dignamente el nombre de mexicano ilustre, es don Ignacio Ramírez El Nigromante. Su rectitud vinculada a su modestia no lo dejó que asumiera el papel de caudillo para deslumbrar a las multitudes, sino que permaneció siempre en una atalaya desde la que dominó todo, como un general en un campo de batalla, y su misión fue la de un mentor que señala la línea recta a todos los destinos humanos que le rodean, el de consejero que examina las responsabilidades de quien ha de firmar los decretos, y cuando su conciencia está segura de haber dado una solución recta que su amigo debe respaldar con su firma, lleva a la sanción pública un dictado trascendental que siempre ha acertado, como en el caso de Ramírez. Caso único. Su obra está en pie, sus resoluciones no han sido abatidas por doctrinas contrarias ni por hechos contrarios a su doctrina. Porque en verdad era una conciencia libre, un hombre de buena fe, una voluntad indomable siempre al servicio de la humanidad, un paladín de la verdad y de la justicia que obraba siempre con rectitud, cayera quien cayera. Tenía el temple de don Benito Juárez, Melchor Ocampo y de don Santos Degollado.
Como escritor fue el mejor prosista y más alto poeta de su tiempo. Cada época tiene su escritor representativo, y Ramírez es quien representa a las letras en la época de la Reforma al triunfo de la República. Nadie más alto que él, pues Altamirano, ya célebre, se complacía en llamarle su maestro.
La Secretaría de Fomento publicó en dos tomos la obra dispersa de Ramírez que pudo encontrarse en periódicos revolucionarios; pero con lo publicado, que no es una selección porque todo lo que escribió era selecto, basta para proclamar que Ignacio Ramírez es uno de los altos representativos de las letras mexicanas y digno de ocupar su puesto en la Rotonda de los Hombres Ilustres Mexicanos, en la ciudad de México.
Mediante el decreto número 56, publicado en el Periódico El Estado de Sinaloa, número 18 de 14 de febrero de 1957, el Congreso del Estado de Sinaloa declaró Benemérito del Estado al ciudadano Licenciado Ignacio Ramírez, asimismo acordó se escribiera con letras de oro en el Salón de Sesiones del Palacio Legislativo la siguiente inscripción: “Lic. Ignacio Ramírez, “El Nigromante”, Constituyente del Estado de Sinaloa._ 1857.” Una calle de la ciudad de Culiacán lleva su nombre.

Periodista liberal de combate, patriota defensor de la causa republicana, servidor público ejemplar por su manejo honesto y responsable de los fondos públicos para el sostenimiento de la lucha contra el Imperio y la Intervención Francesa.
Juan Bautista Sepúlveda nació en Tepic en 1820, actual estado de Nayarit, donde realizó sus estudios primarios.
Se ignora quienes fueron sus padres así como lo relacionado a su infancia y juventud. Su hermano Francisco Sepúlveda se desempeñó como administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán durante la guerra de intervención francesa.
Asimismo, se sabe que Juan B. Sepúlveda figuró entre los liberales más respetados en las regiones del cantón de Tepic y de Sinaloa. Con base a sus prédicas patrióticas y persuasivas se formó un núcleo de ciudadanos que abandonando cuanto poseían se lanzaron a la revolución contra la intervención extranjera y formaron un grupo que se llamó Sección de Tepic, la primera fuerza social organizada que comandó el aún muy joven Ramón Corona, quien años más tarde sería jefe del ejército de Occidente.
Juan B. Sepúlveda dedicó la mayor parte de su vida al periodismo de combate. Inició su carrera dentro del periodismo atacando por medio de artículos y discursos al cacique conservador Manuel Lozada el “Tigre de Alica”. En Santiago Ixcuintla, perteneciente al actual estado de Nayarit, fue redactor de los periódicos Boletín de la Sección de Tepic y de la Sombra de Degollado.
Juan B. Sepúlveda acumuló tanto prestigio personal que por esos méritos fue designado jefe político del territorio de Tepic, sirviendo a la causa de los liberales con honradez, pundonor y patriotismo. Ningún jefe político en Tepic, llegó a ser tan querido como Sepúlveda.
Nadie ponía en duda su prestigio como hombre honesto, valiente y patriota. En una ocasión cuando era inminente un ataque a Tepic de parte de las huestes bajo el mando del cacique conservador Manuel Lozada, Juan B. Sepúlveda se lanzó decidido a las calles enarbolando una bandera nacional y haciendo tocar estrepitosamente un tambor arribó a la plaza de armas donde convocó así a la defensa ciudadana, por lo que en cuatro horas logró reunir un contingente de tres mil voluntarios prestos a combatir al temible Tigre de Alica.
Tiempo después, Sepúlveda fue secretario del general Coronado, en Tepic, a quien ayudó con su influencia y consejos; igualmente se convirtió en el mejor consejero y hombre de todas las confianzas del general Pedro Ogazón, comandante militar en Jalisco, por lo que siempre éste lo quiso distinguir ofreciéndole los mejores empleos.
En Sinaloa, había sido secretario del general Plácido Vega, durante su gobierno. Asimismo, figuró como redactor del Periódico Oficial del Estado de Sinaloa, sin embargo, fue despedido por órdenes de Vega al negarse a apoyar desde la redacción el fusilamiento de un gran número de oficiales hechos prisioneros a Cajén.
Tiempo después fue juez del estado civil en Mazatlán, desempeñando esa función a satisfacción de los ciudadanos.
Juan B. Sepúlveda fue protagonista de una de las hazañas civiles más renombradas de esa época, cuando de manera difícil obtuvo un arreglo en Guadalajara con el general Manuel Doblado, gobernador y comandante militar de Jalisco, para que se trasladaran fondos de las rentas federales para el pago de los haberes de las fuerzas republicanas destacadas en Sinaloa, más aún fue cuando demostró saber administrar con honestidad esos exiguos fondos públicos. Sin embargo, esto disgustó a don Plácido Vega que obligó a Juan B. Sepúlveda a emigrar con rumbo a Durango, de donde después pasó a San Luis Potosí para entrevistarse con el presidente Benito Juárez e informarle sobre lo que acontecía. Luego de ese encuentro, Sepúlveda regresa llevando instrucciones precisas para la defensas combinadas del cantón de Tepic, pero todas fracasaron ante la derrota sufrida por las fuerzas leales en el sitio de Nombre de Dios.
Una vez unido Juan B. Sepúlveda a la causa del general Ramón Corona en su lucha contra el Imperio y la Intervención Francesa, se convierte en su consejero y amigo más apreciado, con quien compartió los azares de la guerra e innumerables situaciones peligrosas que por cierto no habían escaseado en la vida del general jalisciense.
Después de la acción de Veranos a principios de enero de 1865, donde las fuerzas republicanas infligieron serios daños a las tropas invasoras, el general Ramón Corona marchó a Concordia con el fin de obtener recursos y fulminantes para continuar la lucha, ahí éste decretó un préstamo forzoso de 10 mil pesos, el cual se exigiría a los individuos que hubiesen firmado actas de adhesión al Imperio, encomendándole esta recaudación especial a don Juan B. Sepúlveda, quien entonces era el encargado del ramo de hacienda en los distritos de Rosario, Concordia, Mazatlán y San Ignacio.
En esos días del gran incendio del caserío de Concordia a manos de los franceses, Sepúlveda marchó a Chihuahua llevando la comisión del general Ramón Corona de entrevistarse a su nombre con el presidente de la República licenciado Benito Juárez, solicitándole legalizara sus actos aún no reconocidos por la suprema autoridad desde el pronunciamiento en contra del gobernador Jesús García Morales y en el que ambos habían tenido destacada participación.
En efecto, Juan B. Sepúlveda había colaborado en el movimiento político que arrojó del poder que ejercía en Sinaloa el general sonorense Jesús García Morales, obligando a los sublevados para que nombraran gobernador de Sinaloa al coronel zacatecano Antonio Rosales, oponiéndose a su propia candidatura a fin de evitar suspicacias y sospechas infundadas por acciones egoístas.
En Sonora, a donde acudió Sepúlveda para levantar el ánimo republicano maltrecho ante la invasión francesa, no logró algún efecto positivo en virtud de que su arribo coincidió con la derrota de la Pasión.
Años más tarde, rechazaría la gubernatura de Sinaloa que le ofrecía Antonio Rosales para preferir cederla al general Domingo Rubí, aduciendo que éste tenía más derecho por ser sinaloense, quien contaba además con la simpatía del ejército republicano.
En la época más tormentosa de ese período histórico del siglo XIX, Sepúlveda ocupó cargos públicos relacionados con el manejo de la hacienda pública de Sinaloa, haciéndolo con probidad, laboriosidad, prudencia y talento, atributos que le valieron reconocimientos póstumos, pues su actitud honesta fue pieza clave para que subsistieran y se mantuvieran en pie de lucha las fuerzas republicanas.
La cualidad principal de Sepúlveda consistía en obtener recursos financieros aparentemente de la nada o el caos, actuando siempre con imaginación y esmero, luego los distribuía religiosa y equitativamente entre los soldados y llegaba incluso a comprometer su crédito personal para que no les faltara lo más indispensable a los defensores de la patria.
En 1866, tuvo la idea de publicar el periódico El 5 de mayo, órgano oficial del Ejército de Occidente, y que se editó en la ciudad de Culiacán, viendo la luz solamente treinta números.
Juan B. Sepúlveda murió en la ciudad de Culiacán a las once de la noche del 23 de octubre de 1866, víctima de una antigua afección del hígado. Murió pobre, siendo muy sentida su muerte por los vecinos de la ciudad. Al fallecer era Jefe Superior de Hacienda, Tesorero General y Administrador de Rentas del Gobierno del Estado de Sinaloa.
El licenciado Manuel Monzón, prefecto y comandante militar del distrito de Culiacán, le rindió honores y a reserva de lo que se acordara por el supremo gobierno dispuso el 24 de octubre de 1866 entre varios puntos lo siguiente:
1.” Todos los empleados civiles y militares vestirán de riguroso luto por nueve días contados desde hoy. Igual tiempo se izará el pabellón a media asta, … El comercio, en general, no se abrirá en tres días consecutivos contados desde hoy.”
Por su parte, el general Ramón Corona solicitó una ayuda especial para su esposa y sus seis hijos al presidente de la República licenciado Benito Juárez, acordando éste entregar a sus familiares la cantidad de diez mil pesos:
Ministerio de Hacienda y Crédito Público._ Sección 2a._ En consideración a los distinguidos servicios que prestó á la causa nacional el C. Juan B. Sepúlveda, el ciudadano presidente se ha servido acordar, que de preferencia se suministre á la viuda é hijos de tan ameritado ciudadano la cantidad de diez mil pesos, de las rentas generales que se colecten en el Estado de Sinaloa, bajo el concepto de que se entregará esta suma, como si el finado Sepúlveda la hubiese dejado al tiempo de su muerte, procediendo en su aplicación con arreglo á lo que está dispuesto en la ley vigente sobre sucesiones abintestato.
Comunícolo á vd. Como resultado de su oficio de 30 de Octubre último.
Independencia, libertad y reforma. Chihuahua, Noviembre 20 de 1866._ Iglesias._ C. general Ramón Corona, en jefe del ejército de Occidente._ Donde se halle.
El licenciado Francisco Javier Gaxiola escribió de Juan B. Sepúlveda lo siguiente:
Fue un hombre honrado, pundoroso y patriota. Vivió entre muchos pícaros y siempre se distinguió por su inmaculada probidad; sirvió en épocas tormentosas en los mejores puestos de Hacienda de Sinaloa y murió extremadamente pobre.
Igualmente el licenciado Eustaquio Buelna lo recordó así: «fue un esforzado servidor de la causa liberal. En tiempos de necesidad puso a disposición de su partido su modesto patrimonio. Se distinguió por su laboriosidad, prudencia, honradez y talento en el manejo de los fondos públicos.»
En la oración fúnebre que pronunció durante el sepelio de Juan B. Sepúlveda en el panteón de San Juan la tarde del 25 de octubre, Buelna expresó lo siguiente:
“Nunca lució con más brillo la belleza de su carácter, que cuando de regreso de una misión que llevó cerca del Supremo gobierno en Chihuahua, vino a sentarse en medio de nosotros, encargándose de la Tesorería General del Estado. Constituido en un empleo en que suele hacerse rápida fortuna murió pobre… Valiéndose de la autoridad que da el talento y del prestigio que se había creado entre los jefes militares, mil veces les aconsejaba, los reñía amistosamente, y procuraba moralizar la conducta no siempre arreglada de algunos. Negociaba, escribía, empleaba la palabra con el fervor de un apóstol de la libertad, era el mediador, digámoslo así, entre el gobierno y el pueblo, era la cabeza que dirigía en Sinaloa la política local y guiaba el empuje de la insurrección contra los invasores.”
Por esas cualidades personales, el general Domingo Rubí, gobernador y comandante militar del Estado de Sinaloa, expidió un decreto en Concordia, Sinaloa, el 3 de noviembre de 1866, declarando en el primer punto que el “C. Juan B. Sepúlveda ha merecido bien del Estado. Para perpetuar la memoria de tan preclaro ciudadano, se inscribirá su nombre con letras de Oro en el salón de sesiones del Congreso del Estado, cuando las circunstancias lo permitan.”
Asimismo, acordó como segundo punto que “Desde la publicación de este decreto [en EL CINCO DE MAYO, periódico del Estado de Sinaloa, Núm. 29, sábado 17 de noviembre de 1866, página 2] todas las autoridades civiles y militares del Estado vestirán riguroso luto por nueve días consecutivos. El pabellón nacional se izará á media asta, por igual término, y el servicio militar se hará en los nueve días mencionados, con arreglo a lo prevenido por ordenanza en casos semejantes, prohibiéndose en ellos toda clase de diversiones públicas.”
Su integridad, su honradez, aplicadas con talento al conocimiento de lo que sucedía en Sinaloa, le hicieron a Juan B. Sepúlveda acreedor a los recuerdos honoríficos dedicados a su memoria. Además, se consideró entonces que gracias a esos grandes atributos personales de Sepúlveda fue posible lograr el mantenimiento de la soberanía del Estado de Sinaloa. Una calle al oriente de la ciudad de Culiacán lleva su nombre.

Poeta, periodista y militar. Afirma su primer y más importante biógrafo del siglo pasado, el historiador sinaloense Francisco Javier Gaxiola, que Antonio Rosales, «independientemente del triunfo de San Pedro [batalla en donde derrotó a los franceses el 22 de diciembre de 1864], es una de las personalidades más enérgicas de la historia de México.»
José Antonio Abundio de Jesús Rosales Flores nació en Juchipila, Zacatecas, el 11 de julio de 1822.
-Fe de Bautismo-Yo, el Ber. Dn. Narciso Bustamante, cura propio de esta parroquia de Juchipila, bauticé solemnemente en esta santa iglesia parroquial a José Antonio Abundio de Jesús, que nació el once del corriente a las diez de la noche, hijo legítimo de don Apolonio Rosales y doña Vicenta Flores. Abuelos paternos: don Justo Rosales y doña Josefa Serrano; abuelos maternos: don Nicolás Flores Alatorre y doña Josefa Carrillo, padrinos don Pablo Núñez y doña Teodosia Flores Alatorre, a quienes advertí su obligación y parentesco espiritual.
Al finalizar la instrucción primaria en el estado de Zacatecas, el joven Antonio Rosales fue enviado por sus padres para continuar los estudios de secundaria en el Seminario de Guadalajara donde estudió latinidad, filosofía y derecho, mostrando entonces a sus maestros vocación de escritor y poeta. Sin embargo, no prosiguió los estudios pues ingresó a la Guardia Nacional en 1846 para combatir contra los invasores norteamericanos en la frontera Norte.
Al terminar el conflicto armado, regresó a Guadalajara donde fundó el periódico liberal «El Cantarito». Nos dice Francisco Javier Gaxiola que Rosales entonces se distinguió como «un periodista independiente y viril, en la época en que las convicciones liberales y los arrestos antigobiernistas no tenían más recompensa que la cárcel, ni más estímulo que el flojo aplauso de tibios correligionarios y el entusiasta elogio de exaltados reformistas». En 1851, fue encarcelado por sus ideas; al ser puesto en libertad viajó al puerto de Mazatlán en plena dictadura santanista, cuando el general Miguel Blanco gobernaba militarmente el Departamento de Sinaloa.
En Culiacán, se desempeña después como director del Periódico Oficial y como Secretario Interino de Gobierno (1856 – 1857), teniendo el grado de coronel, en el año de 1857.
Durante la Guerra de Reforma combatió a los conservadores. De octubre de 1864 a mayo de 1865, en plena guerra de Intervención Francesa, asumió el mando militar y político del Estado. Antonio Rosales, expidió una proclamación en el puerto de Mazatlán en su calidad de Gobernador y Comandante Militar de Sinaloa en el año de 1864, en la que dijo:
Tomaré para la guerra los recursos estrictamente necesarios, sin entrabar en nada el movimiento industrial y comercial.
El patriotismo se provoca dando ejemplos de probidad y abnegación en los puestos públicos, y de arrojo y valentía en los campos de batalla.
Mi principal objeto será la guerra; la guerra sin tregua contra los que intentan degradarnos a los ojos del mundo civilizado. Entre morir y ser esclavo, no puede titubear un alma elevada.
Si la suerte de los combates no nos destina a ver la patria emancipada de toda presión extranjera, prefiramos en el sepulcro el sueño de los valientes, a cuyos oídos no llega el ruido de las cadenas de la esclavitud.
El 22 de diciembre de 1864, venció a los invasores franceses en la batalla de San Pedro, pueblo cercano a Culiacán.
Al rendir el parte militar a sus superiores el Coronel Rosales escribió lo siguiente:
«El día 22 del corriente las armas nacionales han alcanzado un triunfo completo sobre la sección francointervencionista, que el puerto de Mazatlán se destinó para la ocupación de esta ciudad. El pueblo de San Pedro, situado a 4 leguas al poniente de Culiacán, ha sido teatro de un hecho de armas, que evidencia lo que es capaz de hacer el soldado mexicano, cuando se le condice al combate, persuadiéndolo que defiende el decoro de su Patria. La brigada de Sinaloa, compuesta de poco menos de cuatrocientos hombres, a mi inmediato mando, batió y derrotó a un cuerpo de quinientos hombres, franceses y mexicanos intervencionistas. Después de más de dos horas de combate sangriento, se obtuvo por la tropa de mi mando el aprisionamiento de noventa y ocho franceses y argelinos, y casi el doble número de intervencionistas. Entre los franceses prisioneros se encuentra el comandante del vapor de guerra francés «Lucifer», Gazielle, jefe de la expedición y siete oficiales subalternos. El material de guerra tomado al enemigo consiste en dos piezas rayadas de artillería, su parque y armas. La aprehensión de los fugitivos es más que probable y entre ellos van el ex general mexicano Domingo Cortés y el comandante de batallón Jorge Carmona, que huyeron al comenzar la acción. En el campo de batalla el enemigo dejó 26 muertos y 25 heridos franceses y un número considerable de traidores.
Los prisioneros mexicanos, todos de clase de tropa, viniendo como forzados, han sido perdonados e incorporados a la brigada. La nación tiene que deplorar la muerte del valiente capitán C. Fernando Ramírez y de muchos buenos soldados, que en un combate, en todos sentidos desventajoso, se han sacrificado por su patria. En oficio separado comunicaré el detalle correspondiente. Todos los jefes y oficiales que en esta jornada militaron bajo mis órdenes, se batieron con extraordinario denuedo y entusiasmo, haciéndose dignos de los mayores elogios. Pronto haré la mención honorífica que cada uno merece por los servicios distinguidos que presentaron, haciéndose acreedores al reconocimiento de la República y a la consideración del Supremo Gobierno. Entretanto, recomiendo a Ud. muy especialmente al C. coronel Joaquín Sánchez Román, mi segundo en jefe, al C. comandante de batallón, mayor de órdenes, Francisco Miranda, al C. comandante del batallón «Mixto», Jorge García Granados, que se halla gravemente herido, y al comandante de batallón graduado, capitán del mismo cuerpo, C. Lucas Mora. Y tengo la honra de comunicar a Ud. tan fausta noticia, para que se digne ponerla en el conocimiento del C. Presidente de la República, acompañándole con el mismo fin varios de los documentos interesantes que se encontraron al enemigo, copia de las listas de los prisioneros, y las cartas que Cortés y Carmona me dirigieron poco antes del combate, incitándome a someterme a la intervención».
¿Cómo era en esos años Antonio Rosales?, su contemporáneo el escritor y maestro José Rentería, contesta la interrogante en su libro Estudios y Recuerdos, publicado en 1892, y lo describe así:
Enjuto de carnes, rígidos músculos, de mediana estatura como Ciro, como Alejandro, como César; velludo hasta las manos, el pecho un tanto hundido, angostas las espaldas, coronado su busto de una cabeza correcta, con rostro anguloso, de expresión severa y frente de inspirado, brillando en su viva mirada por momentos la ira y la generosidad por horas. Impaciente, obstinado, fiero y tan altivo, que jamás habría bajado a especulaciones vergonzosas y habría sido siempre probo hasta en épocas de administración corrompida. Contundentes y copiosas sus palabras, desdeñaba la metafísica y era, sin embargo, apegado a la dialéctica de Aristóteles, ergotista de fuerza. En la batalla es el impetuoso adalid y no el capitán severo que mide y calcula. Descollando por su actitud altanera, dominante con su voz atronadora; muy enardecido con el silbar de las balas, el piafar de los caballos y el humo de la pólvora, va y viene entre las fuerzas, y rápido se multiplica hallándose siempre donde la acción se compromete.
Dimitió a la gubernatura en favor del general Ramón Corona y éste, a su vez, trasmitió el poder a Domingo Rubí. Molesto por tal acto, se retiró al norte de la entidad para combatir a Rubí. En esa región contribuyó a rechazar a los galos que habían entrado por Guaymas, luego recorrió el río Mayo tratando de calmar a los indios que estaban en pie de guerra. Una tropa imperialista los obligó a regresar a Sinaloa.
El 23 de septiembre de 1865, Rosales volvió a Álamos, Sonora y el día siguiente perdió la vida en un enfrentamiento contra indígenas aliados con los imperialistas.
El general Antonio Rosales fue declarado Benemérito del Estado, según decreto expedido el 10 de octubre de 1865, por el gobierno encabezado por el general Domingo Rubí.
Por su parte, el Congreso del Estado de Sinaloa expidió en Mazatlán el 20 de septiembre de 1868, un decreto _aún vigente_ por medio del cual la ciudad de Culiacán en lo sucesivo llevará el nombre de «Culiacán Rosales» y acuerda además se realice una feria anual, que comenzará el 18 y terminará el 25 de diciembre, con el fin de conmemorar el triunfo obtenido en San Pedro por el general Antonio Rosales.
Además, el Congreso del Estado aprobó en su honor una ley que establece un colegio de instrucción secundaria intitulado «Liceo Rosales» [Hoy Universidad Autónoma de Sinaloa], según Decreto número 32, expedido en Mazatlán, capital del Estado el 27 de diciembre de 1872 y publicado en el Periódico Oficial el 22 de febrero de 1873.
Asimismo, se expide la ley que dispone que en el Pueblo de San Pedro, donde tuvo verificativo la batalla librada contra los invasores el 22 de diciembre de 1864 por el general Antonio Rosales, se levante un monumento conmemorativo de esa jornada y en la Plaza que lleva su nombre en Culiacán. Decreto 31, 15 de diciembre de 1890.
Igualmente, el Congreso del Estado aprueba la ley que autoriza al Ejecutivo para que con cargo a la partida 35 del Presupuesto de Egresos, erogue el gasto necesario para la fundición en bronce de una estatua que represente al insigne general Antonio Rosales, Decreto 86, de 15 de febrero de 1892.
El 15 de septiembre de 1898, se develó una estatua ecuestre del general Antonio Rosales en el Paseo de la Reforma en la ciudad de México.
En 1921, el Congreso del Estado faculta al Ejecutivo para que contribuya con la cantidad de mil pesos de los fondos públicos, para la erección de un monumento sobre el lugar histórico en que el general Antonio Rosales venció al extranjero en San Pedro, Sinaloa.
En 1964, se declaró en el Estado de Sinaloa, «Año Antonio Rosales», según Decreto 168, publicado en el Periódico Oficial No. 33 de 17 de marzo de 1964.
Finalmente, se declaró día de luto en el estado el día 24 de septiembre, aniversario de la muerte del general Rosales, según Decreto 298, publicado en el Periódico Oficial No. 109 de 11 de septiembre de 1965.
Calles en las ciudades de Los Mochis, Culiacán y Mazatlán llevan su nombre, al igual que la plazuela frente al edificio Rosales en Culiacán.

Militar y político. Originario de Las Flores, del actual municipio de Culiacán, Sinaloa. Nació el 4 de agosto de 1824. Sus padres fueron José Rubí y Josefa Zazueta, quienes se avecindaron en el mineral de Pánuco, municipio de Concordia, donde Domingo Rubí alcanzó su juventud. Dada la pobreza en su familia no acudió a la escuela de instrucción primaria.

En el poblado de El Verde, del mismo municipio, contrajo matrimonio con Librada Velarde.

En 1854, se encontraba laborando en las minas de Pánuco. Entonces era un joven corpulento, de estatura regular, de anchas espaldas, cabeza redonda, ojos grises, labios gruesos y bigotes poblados. Rubí, destaca entre los mineros por su fortaleza física.

En 1859, se levantan los liberales en armas en contra de los conservadores que detentaban el poder y habían repudiado la Constitución de 1857. En Concordia, Domingo Rubí se incorpora a la lucha armada para defender las ideas republicanas.

Durante la Guerra de Intervención Francesa, Rubí alcanza el grado de General de Brigada en mayo de 1866.

En esa época se enfrentó también al temido caudillo Manuel Lozada, «El Tigre de Alica», al que derrotó en Santiago Ixcuintla, Nayarit.

Rubí ocupó la gubernatura de Sinaloa en repetidas ocasiones: la primera del 20 de mayo al 20 de octubre de 1865; la segunda del 13 de febrero de 1866 al 16 de septiembre de 1871; la tercera del 7 de mayo al 28 del mismo mes de 1872, y la cuarta, del 13 de agosto al 15 del mismo mes de 1872.

El Quinto Congreso Constitucional [Quinta Legislatura] lo consideró uno de los republicanos que con más entereza y patriotismo defendió el honor nacional en el territorio sinaloense, durante la intervención francesa. Por lo que en vida, el general Domingo Rubí fue homenajeado y declarado Benemérito del Estado, mediante el Decreto número 3, expedido el 23 de septiembre de 1871, dice así:

El licenciado Jesús Ríos, Gobernador Interino del Estado Libre y Soberano de Sinaloa, a sus habitantes, sabed:

Que la H. Legislatura del mismo me ha dirigido el decreto que sigue:

Número Tres._ El pueblo del Estado de Sinaloa, representado por su Quinto Congreso Constitucional, decreta:

Artículo primero._ Se declara Benemérito del Estado al ciudadano general Domingo Rubí, en recompensa de los eminentes servicios que ha prestado a Sinaloa.

Artículo segundo._ Del presente decreto se imprimirán con letras de oro dos ejemplares, de los cuales uno le será entregado al ciudadano general Rubí, por una comisión del Congreso, y el otro se fijará en el salón de sesiones.

Es dado en el salón de sesiones del H. Congreso del Estado._Mazatlán, septiembre 23 de 1871._ Luis del Castillo Negrete, diputado presidente._ Francisco Gómez Flores, diputado secretario._ José Esquivel, diputado secretario.

En septiembre de 1871, ocupaba la gubernatura de Sinaloa interinamente el licenciado Jesús Ríos, Presidente del Tribunal Superior de Justicia, y a él tocó en suerte promulgar el mencionado Decreto. El pliego _conteniendo el texto del Decreto_ fue entregado al señor general Domingo Rubí la mañana del 7 de octubre de 1871, en la Casa de Gobierno, en Mazatlán, entonces capital y sede de los poderes del Estado, ante la presencia del ciudadano Gobernador y de algunos funcionarios, empleados y vecinos del mismo puerto.

La comisión nombrada por el Congreso del Estado estuvo integrada por los diputados Luis del Castillo Negrete y Evaristo Valdés.

En esa ocasión memorable, el diputado del Castillo Negrete habló así:

Ciudadano general:

El Congreso me ha comisionado para que, a su nombre, os presentemos el decreto que os declara Benemérito: aquí lo tenéis. Recibidlo como una muestra de gratitud que este heroico Estado da a vuestros servicios.

Sinaloa no puede honraros de una manera más alta: os confiere el mayor honor que puede conferir.

Os felicitamos a nombre del Congreso, el cual espera que, si los trastornadores del orden público vuelven a afligir al Estado, seréis, como siempre, un fuerte apoyo de las autoridades que el pueblo ha nombrado.

A estas palabras el general Domingo Rubí, visiblemente emocionado, contestó:

Señores:

Una emoción grata, pero inexplicable, embarga hasta cierto punto mi razón; mi corazón palpita de reconocimiento y mi alma se siente inundada en el mar de luz y armonía que produce la gratitud.

¿Cómo no ser agradecido, señores, por una distinción tan honorífica como la que se me concede al declarárseme Benemérito del Estado, cuando yo, hijo del pueblo, sin contar con más elementos que mi fe en el progreso y la libertad de la humanidad, no he hecho más que servir con lealtad y con constancia a este mismo pueblo de donde he salido, lo que no es motivo de vanidad y que en nada aventaja al de mis demás hermanos?

Sin embargo, los representantes del pueblo me han acordado una honra que obliga más mi reconocimiento; y aquí, en vuestra presencia y a la faz del mundo entero, declaro, que, sí acepto gustoso el título con que se me distingue, no es como un motivo de vanidad, ajeno de mi carácter, sino porque él sirva para sellar mi carrera pública y la promesa que de nuevo hago de sacrificar mi vida y derramar mi sangre en defensa de la autonomía de México, de sus instituciones democráticas y de la paz, libertad y progreso de Sinaloa.

«La ceremonia _apuntó un periódico de la época_ fue conmovedora, y más de una vez vimos al general Rubí llevar la mano al corazón, como para impedir que sus palpitaciones vinieran a embargar su voz.» «Sinaloa _concluía_, con este proceder ha hecho un acto de justicia para con el hombre que, sin reservas, le ha entregado su vida y su sangre como una prueba de su amor y de su lealtad.»

El general Domingo Rubí murió en El Verde, municipio de Concordia, Sinaloa, el 11 de junio de 1896. Después de larga y penosa enfermedad.

El 20 de noviembre de 1959, en ceremonia luctuosa fueron trasladados los restos del general Domingo Rubí a la Rotonda de los Hombres Ilustres de Culiacán, Sinaloa.

El 6 de marzo de 1975, el Congreso del Estado, representado por su XLVIII Legislatura, mediante el Decreto número 12, publicado en el Periódico Oficial «El Estado de Sinaloa», número 32, de 14 de marzo de 1975, reformó el Decreto número 3, expedido el 23 de septiembre de 1871, «para el sólo efecto de que sin necesidad de reproducir íntegramente su contexto, se inscriba con letras de oro únicamente el nombre del General Domingo Rubí en el Salón de Sesiones del Congreso del Estado.» Dicho Decreto entró en vigor el 11 de junio de

Humanista, político liberal, historiador, jurista y filólogo. Es considerado el fundador de la institución educativa que ahora lleva el nombre de Universidad Autónoma de Sinaloa.
José Eustaquio Miguel Dolores Buelna Pérez, nació en la villa de Mocorito, Sinaloa, el 19 de septiembre de 1830, siendo hijo legítimo de don José Miguel Buelna y doña María Estéfana Pérez. De acuerdo a su acta de bautismo fechada el 29 de septiembre de ese mismo año, recibió las aguas del río Evora en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Mocorito, siendo los padrinos sus tíos consanguíneos _por línea materna_ el cura y bachiller Basilio Pérez y su hermana María de los Reyes Pérez.
De la infancia de Buelna poco se sabe, solamente que fue educado en las buenas maneras por parte de su familia, recibiendo las primeras enseñanzas en su lugar de origen. Asimismo, es posible deducir que su niñez transcurrió de manera normal, como la de la mayoría de los niños sinaloenses de la época, que crecieron rodeados de la naturaleza no tan agreste y salvaje como la de otras entidades federativas, por ejemplo la cercana Sonora, desértica y habitada por tribus belicosas. Las primeras letras el niño Eustaquio las debió haber aprendido junto al Padre Nuestro y el Ave María, de acuerdo a la enseñanza religiosa basada en el silabario y en el catecismo católico del padre Ripalda. Por otro lado, esos niños mocoritenses acaso escuchaban de vez en cuando noticias a medias, acerca de sucesos que acontecían lejos del solar nativo; rumores algo incomprensibles _para su corta edad_ sobre las primeras diferencias políticas entre liberales y conservadores; acechanzas diversas que nutrían la natural curiosidad infantil por oír viejas historias y leyendas contadas por sus mayores en las noches; quizá alguna vez escuchó alguna conversación o un sermón en misa dominical de su tío Basilio sobre el grave estado de inestabilidad política y social en que se encontraba el país a causa de los enfrentamientos continuos entre federalistas y centralistas; sobre todo, es posible que en su niñez Buelna escuchara algunas quejas de los ciudadanos más holgados económicamente, los comerciantes ricos, sobre la violencia que se producía en otros lugares del país; también de los levantamientos armados, insurrecciones de indios; asaltos a las conductas de oro y plata procedentes de las minas de Bacubirito y El Magistral; revueltas y asonadas que enriquecían la conversación cotidiana, de por sí pobre en información sobre lo que acontecía fuera de la villa de Mocorito, a no ser la que traían los viajeros ocasionales, que se atrevían a pisar estas tierras que languidecían en la placidez y tranquilidad entre 1837 y 1841.
Es precisamente en el año de 1841, cuando el niño Eustaquio abandona su terruño familiar para trasladarse a Culiacán e ingresar al Seminario Conciliar y Tridentino de Sonora, contando con la complacencia de su tío Basilio Pérez. Así, a la edad de tan sólo 11 años de edad, Buelna es matriculado en calidad de capense [lo que significa que no aspiraba a convertirse en sacerdote] en las clases de Latinidad el 27 de octubre de 1841, que impartía esa institución clerical, la única que tenía estudios superiores en Sinaloa.
En el Seminario, localizado en Culiacán, el joven Buelna termina su instrucción secundaria [que comprendía entonces la actual preparatoria] e inicia ahí mismo sus estudios jurídicos, obteniendo conocimientos básicos en Derecho Canónico y Civil, es decir in utroque jure. Pero, no pasa mucho tiempo para que el joven mocoritense se muestre inquieto e insatisfecho del carácter y calidad de instrucción que recibía, por lo que siguiendo el ejemplo de otros jóvenes alentados por la ambición de superarse, convence a su familia y se traslada en 1849 a la ciudad de Guadalajara para inscribirse en la facultad de jurisprudencia y proseguir la carrera profesional de abogado. Allá, en un ambiente académico influenciado por el pensamiento liberal de corte radical y propicio a la reflexión, a la libre y sana discusión de las ideas, Buelna tiene oportunidad de convivir e intercambiar opiniones con otros jóvenes aguerridos tales como Antonio Rosales, José María Vigil y Leandro Valle.
Eustaquio Buelna finaliza sus estudios y sustenta examen profesional para obtener el título de licenciado en derecho el 24 de diciembre de 1854, con la tesis: ¿Un religioso o religiosa, secularizado legítimamente, puede ser heredero abintestato y extestamento en unión de sus parientes y de cualquiera otra persona que no tenga prohibición de heredar?
El aspirante a licenciado en derecho defendió su tesis durante tres noches _conforme a las disposiciones reglamentarias de la época_ ante un jurado especial designado por el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco. El interrogador principal fue el licenciado José Justo Corro, expresidente de la República.
De regreso a Sinaloa, Eustaquio Buelna encuentra un ambiente proclive al activismo político, en virtud de que el pueblo de Culiacán se mostraba aún influenciado ideológicamente por el Plan de Ayutla, proclamado el primero de marzo de 1854 y que desconocía al gobierno de Santa Anna. Buelna luego ocupa el cargo de Prefecto de Culiacán el 4 de septiembre de 1855; sin embargo no habían transcurrido tres días después de su designación cuando es aprehendido por órdenes del comandante militar y prefecto general José Inguanzo, fiel a Santa Anna, y 20 días después _aumentada su rebeldía luego de haber recobrado su libertad_ ingresa a la guerrilla de Plácido Vega, en Tamazula, Durango.
En medio de la turbonada y agitación generalizada, Eustaquio Buelna ya había probado las mieles y los riesgos del periodismo político escribiendo en La Bandera de Ayutla que se publicaba en Culiacán en 1856, editado por su antiguo amigo y condiscípulo Antonio Rosales.
El 17 de diciembre de 1857, la brigada Zuloaga, estacionada en Tacubaya, valle de México, se subleva proclamando el Plan de Tacubaya, el cual exigía la supresión de la Constitución Federal de 1857. A este plan político se une el Presidente Ignacio Comonfort (1855_1858). Sin embargo, el 11 de enero de 1858, los sublevados desconocen a Comonfort y designan en su lugar al general Félix Zuloaga.
En tanto que el 18 de enero de ese mismo año, el licenciado Benito Juárez, en su calidad de Presidente de la Suprema Corte de Justicia, por ministerio de ley, se hace cargo del gobierno constitucional de manera itinerante y el 14 de febrero se establece en Guadalajara.
El 20 de agosto de 1858, el licenciado Eustaquio Buelna, fiel partidario de la Constitución de 1857, en compañía del teniente coronel Ignacio Martínez Valenzuela, se pronuncia en Culiacán contra el Plan de Tacubaya, acción que secundaba a su vez el pronunciamiento que había hecho el general Plácido Vega poco antes en la villa de El Fuerte.
Años después, Buelna se vuelve a encauzar en la vida política institucional y resulta electo diputado al Congreso del Estado; enseguida es diputado al Congreso de la Unión; va en rápido ascenso político escalando puestos públicos, hasta arribar al cargo de Secretario General del Gobierno del Estado; y a propuesta del Gobernador Plácido Vega, el Congreso del Estado lo nombra Gobernador Substituto el 10 de enero de 1862, cuando aún no cumplía 32 años de edad; Sin embargo, cuatro días después, la misma legislatura declaró insubsistente y nulo el decreto que lo nombraba Gobernador Substituto del Estado y se designó en su lugar al coronel Fortino León para que ejerciera el Poder Ejecutivo en las faltas temporales del Gobernador Constitucional, el 14 de enero de 1862. La razón principal fue que finalmente no agradó a don Plácido Vega el nombramiento recaído en favor del licenciado Buelna, por lo que el Gobernador rápidamente solicitó a la mayoría de los diputados del Congreso del Estado la revocación del mismo. Además, se argulló entonces que el licenciado Eustaquio Buelna no podía asumir dicho puesto en virtud de que había abandonado el cargo de diputado al Congreso de la Unión, sin renunciar debidamente a él.
Dentro del programa de festividades con motivo de la consumación de la Independencia realizadas en Culiacán el 27 de diciembre de 1866, en plena intervención francesa, el licenciado Buelna pronunció un encendido discurso en contra del Imperio de Maximiliano por lo que es enviado a la cárcel acusado de alterar la paz pública, por órdenes del prefecto político.
Al terminar la Guerra de Intervención, Buelna es designado Juez de Distrito; a fines de 1867, participa como candidato a Gobernador del Estado junto a los generales Domingo Rubí y Ángel Martínez, perdiendo ante el primero; sin desalentarse por ello, en 1869 regresa como diputado al Congreso del Estado y participa en la comisión reformadora de la Constitución local, misma que fuera expedida por el Cuarto Congreso Constituyente en el puerto de Mazatlán _residencia de los poderes estatales_ el 18 de octubre de 1869, habiendo sido promulgada por el Gobernador Constitucional general Domingo Rubí y publicada en el mismo puerto el 11 de enero de 1870.
El 20 de septiembre de 1871, al día siguiente de que cumpliera cuarenta y un años de edad, es proclamado Gobernador del Estado, terminando su mandato cuatro años después. Su régimen constitucional no fue del todo tranquilo sino bastante accidentado, ya que en esos cuatro años fue intrigado constantemente por sus enemigos y en varias ocasiones estuvo a punto de salir de la gubernatura, presionado por constantes asonadas y revueltas que encabezaba el entonces coronel Francisco Cañedo.
A fines de ese año de 1871, don Eustaquio Buelna se refugió en la villa de Mocorito, hospedándose en la casa de la familia de Miguel Leal, ubicada entonces _ a decir de don José Ramón Velázquez en sus Apuntes de Mocorito_ frente al costado sur de la escuela Lic. Benito Juárez, por la calle de las Gutiérrez, llamada también de las quedadas. Sus amigos y ayudantes también originarios de ahí, Pedro Castro y Porfirio López, temían por la seguridad del licenciado Buelna, dado que su enemigo el coronel Manuel Inzunza, leal a Cañedo y antiguo prefecto político, encabezaba una guerrilla que merodeaba en rancherías cercanas.
En esa época, el Congreso del Estado, erigido en Gran Jurado, conoció de una acusación presentada en contra de Buelna por malversación de fondos, pero de este incidente salió completamente liberado de cualquier culpa y responsabilidad, ya que la legislatura declaró _mediante decreto de 29 de diciembre de 1873_ que el Gobernador Buelna quedaba absuelto de los cargos que le había hecho de manera infundada el Tesorero del Estado Tomás Gómez.
Entre las múltiples actividades sobresalientes que desarrolló Buelna como Gobernador del Estado, se destaca el impulso que le dio a la educación en general, cabe remarcar que es el primer gobernante sinaloense que promueve un impuesto para impulsar la instrucción pública (15 de enero de 1873); asimismo, promulga a través de su Vice_Gobernador Ángel Urrea la Ley que establece el Colegio de Instrucción secundaria intitulado Liceo Rosales, que es el primer eslabón de esta continuidad que se llama Universidad Autónoma de Sinaloa. Al comenzar su período gubernamental existían apenas 14 escuelas en todo el Estado, al terminar su mandato dejó funcionando 200 planteles escolares. En tanto que como impulsor de la cultura en Sinaloa destaca junto a otros abogados ilustres como Francisco Javier del Castillo Negrete y Carlos Galán.
Varios años después, en una acción inusual y que reafirma la confianza de los ciudadanos depositada en él, y sobre todo, gracias a su acrisolada honradez en los manejos de fondos públicos, exactamente el 18 de diciembre de 1880, el H. Congreso del Estado designó al licenciado Eustaquio Buelna, Tesorero General del Estado.
Posteriormente, el licenciado Eustaquio Buelna es nombrado Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde permaneció 18 años de su vida.
Pero, ¿cómo era físicamente don Eustaquio Buelna? Era un hombre de estatura regular, complexión normal, rostro ovalado, ojos negros, cejas pobladas, nariz mediana, orejas normales, boca pequeña, labios delgados, medio calvo, bigotes frondosos, barba canosa y larga. Además, solía vestir trajes cruzados de casaca negra, como de enterrador, de cuello alto y solapa ancha, casi siempre tapaba su calvicie con un bombín de un negro verdoso, y desde muy temprana edad llevó gafas pequeñas y delgadas de armazón de oro.
El 30 de abril de 1907, a las once y media de la mañana, a la edad de 76 años de edad, fallece el licenciado Buelna en su recámara de la residencia familiar, casa que estaba ubicada por la calle Benito Juárez, exactamente en el lugar que ahora ocupa un edificio marcado con el número 65 Poniente de la ciudad de Culiacán [actual domicilio de una tienda de muebles y aparatos electrodomésticos]. Lo que le provocó la muerte fue la diabetes Mellitus, que hacía tiempo padecía y que a la postre le fue mermando poco a poco sus facultades físicas hasta acabar con su valiosa existencia. El comerciante Jorge de la Vega, con domicilio ubicado por la calle Rosales al Poniente, compareció ese mismo día del deceso, a las cuatro de la tarde, para ser más exactos, ante el Oficial del Registro Civil de nombre Antonio Uriarte, con el fin de levantar el acta de defunción. Otros testigos fueron los señores Miguel Gaxiola y José A. Aguirre, empleados públicos.
Además, es importante aclarar que el licenciado Buelna murió repudiado por su enemigo el general Francisco Cañedo, entonces Gobernador del Estado, y por esa cruel circunstancia su cadáver fue inhumado al día siguiente sin los merecidos honores y acompañado tan sólo de un puñado de amigos fieles y familiares cercanos. Por ello, fue enterrado en una cripta sencilla de 2.50 metros de largo por un metro de ancho en el panteón de San Juan Nepomuceno, con “derecho a perpetuidad”, según se desprende del texto que documenta el pago que efectuó la familia el 21 de junio de 1912.
Hubieron de transcurrir bastantes años para que los viejos liberales, la clase política y los grupos ciudadanos de Sinaloa reconocieran la obra realizada por don Eustaquio Buelna en beneficio de nuestro Estado.
Afortunadamente, el nombre de Eustaquio Buelna fue rescatado del olvido oficial y postmortem el hombre culto y honrado, el político liberal de sabiduría inobjetable que habló y escribió siempre con la verdad, el historiador erudito, recibió al fin los honores y homenajes que en vida se le negó. Así, de esa forma se fue perpetuando su memoria, en tanto que sus restos mortales se trasladaron a la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, monumento que se levanta frente al panteón civil de Culiacán y donde descansan desde el día 20 de noviembre de 1956.
Don Eustaquio Buelna publicó varias obras historiográficas y otras de carácter científico.
En 1877, apareció editado el Compendio histórico, geográfico y estadístico del Estado de Sinaloa; en 1884, Breves apuntes para la historia de la guerra de intervención francesa en Sinaloa; en 1889, ordena publicar el folleto de índole científica La constitución de la atmósfera o leyes que rigen la densidad, peso, altitud y temperatura del aire y un apéndice; en 1890, reimprime por su cuenta El arte de la lengua cahita, escrita por el jesuita Juan B. de Velasco de la provincia de Sinaloa; en 1892, aparece su obra Peregrinación de los aztecas, y nombres geográficos indígenas de Sinaloa; en 1893, Luces de Otomí, gramática de la lengua cahita; en 1895, la Atlántida y la última Tule; en 1903, se imprime un folleto conteniendo el discurso pronunciado en Culiacán el 27 de septiembre de 1866, con motivo de las festividades de la consumación de la Independencia; en 1905, un periódico de Mocorito le publica un artículo biográfico de la heroína Agustina Ramírez de Rodríguez, mismo que después es reimpreso por la imprenta y casa editorial de Miguel Retes y Cía. en Mazatlán; postmortem, le son publicados en 1924, sus Apuntes para la Historia de Sinaloa, 1821_1882, efemérides inéditos que se encontraban en manos de su hijo licenciado Alejandro Buelna Medina; en 1959, Ernesto Higuera selecciona en Antologías de Prosistas Sinaloenses, Volumen II, Tomo I, su opúsculo sobre Exposición sobre el origen de las tribus nahoas y su tránsito por el territorio de Sinaloa para el valle de México. Por su parte, la Universidad Autónoma de Sinaloa, en 1966, publica una segunda edición de los Apuntes para la Historia de Sinaloa, 1821_1882, agregándoles una justificación escrita por el profesor Enrique Romero Jiménez, padre del licenciado Jorge Romero Zazueta, actual Presidente del Supremo Tribunal de Justicia; finalmente, se encuentra disponible un libro publicado por siglo XXI y Difocur, que reúne parte de la obra de Buelna.
Otra fuente de particular importancia para documentar la historia de Sinaloa, constituye la Colección de impresos de la Biblioteca del Lic. Eustaquio Buelna, que fuera heredada a su hijo Alejandro Buelna, de cuyo material el licenciado Héctor R. Olea extrajo innumerables datos para escribir varios de sus libros.
El 5 de septiembre de 1951, el señor Manuel Porrúa, propietario de la famosa librería de la ciudad de México que lleva su apellido, le escribió una misiva al licenciado Enrique Pérez Arce, Gobernador del Estado de Sinaloa (1951_1953), comentándole acerca del frustrado ofrecimiento de venta de la “Colección Buelna” [archivo histórico particular del licenciado Eustaquio Buelna] y que con anterioridad había presentado a la administración gubernamental “… y como desgraciadamente por no haber llegado al precio el gobierno del Estado de Sinaloa no se la adquirió, vendiéndola entonces a un extranjero”. Ahora después de esa frustrada operación, le propone Porrúa al gobernador venderle una antigua colección de periódicos sinaloenses, que datan del período de 1829 a 1911, en total aparecen inventariados en 56 fichas documentales. En un párrafo de la carta, Porrúa dice al gobernador: “el precio que le he fijado a esta colección, para ser adquirida por el Estado es de $50,000.00, teniendo en cuenta la importancia y rareza de sus piezas”.
Por decreto número 193, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 153 de 23 de diciembre de 1967, se acordó inscribir su nombre con letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado de Sinaloa. Una escuela primaria y una calle de la ciudad de Culiacán llevan su nombre.

Militar y político. Ramón Corona Madrigal nació el 18 de octubre de 1837 en el rancho de Puruagua, perteneciente al 4o. Cantón del Estado de Jalisco, cercano al pueblo de Tuxcueca, Jalisco, a la vera sur del lago de Chapala.

Pasó sus primeros años en el pueblo de Tuxcueca, al lado de sus padres don Esteban Corona y doña Dolores Madrigal, donde aprendió las primeras letras.

En el año de 1845, sus padres lo enviaron a Guadalajara a que continuase sus estudios, pero la revolución de 1846 le obligó a regresar a Tuxcueca antes de un año.

Se sabe que trabajó como comerciante y minero antes de unirse al bando liberal durante la Guerra de los Tres Años, habiendo tenido participación en combates y escaramuzas en Jalisco y Nayarit, llegando a ocupar el puesto de Teniente de Infantería en el Batallón «Degollado» en el año de 1857.

Tiempo después, Ramón Corona enfrentó militarmente a Manuel Lozada «El Tigre de Alica» a quien jamás pudo derrotar por completo.

Al producirse la intervención francesa, sin recursos financieros para sostener un cuerpo del ejército, se puso al mando de varios grupos de guerrilleros, destacándose por su valor y pericia en el difícil arte de la guerra.

En Tepic, este célebre soldado liberal y republicano entró en contacto con combatientes sinaloenses del mismo bando el 28 de febrero de 1862, cuando fue comisionado al Cantón de Mascota a batir al rebelde Tovar; para tal efecto integró un contingente de fuerzas militares procedentes de Sinaloa, que el general Plácido Vega había enviado como contribución a la causa.

A fines de junio de 1862, Corona ingresa a territorio sinaloense para entrevistarse con el general Lambert.

En 1863, a raíz de varios conflictos surgidos con el general Plácido Vega aparece publicado en la ciudad de México un pasquín titulado: Ligera reseña de los últimos acontecimientos que han tenido lugar en el Estado de Sinaloa y en el Cantón de Tepic, y refutación a los cargos que formuló el Jefe Ramón Corona al Gobierno de aquel Estado, General Plácido Vega, hoy en Jefe de la Tercera División del Ejército del Centro.

Operando militarmente en Sinaloa, Ramón Corona obtiene el ascenso a General de Brigada el 21 de junio de 1865 y alcanza el grado de General de División el 2 de noviembre de 1866.

En este año, el Benemérito Benito Juárez lo designa General en Jefe del Ejército de Occidente, con el cual inflinge varias derrotas a los imperialistas en las campañas de armas habidas en los territorios de Sinaloa y Nayarit.

Luchando contra los franceses en defensa de la integridad de la República, participa en innumerables acciones de guerra en Sinaloa, entre las que se destacan: la del Espinazo del Diablo, Veranos, Callejones de Barrón, Palos Prietos y Villa Unión. Esta última, fue una encarnizada batalla librada los días 19, 20 y 21 de marzo de 1866, contra fuerzas invasoras integradas por franceses y mexicanos bajo las órdenes del coronel Roig, jefe del 62 de Línea y Comandante Superior de Mazatlán y por el coronel José Mora, antiguo prefecto político del puerto.

Igualmente, después interviene en la ocupación de la ciudad de Guadalajara y asiste al sitio, ocupación y caída de Querétaro, donde el archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo le hizo entrega de su espada al rendirse.

Durante la guerra de intervención, tuvo bajo sus órdenes a varios jefes del bando republicano, entre ellos figuran: Doroteo López, Bonifacio Peña, José María Villanueva, Miguel Brizuelas, Antonio Molina, Juan Bautista Sepúlveda, Antonio Rosales, Domingo Rubí, Pablo Márquez, Miramontes, Anacleto Herrera y Cairo, Coronado, Amado Guadarrama, Ascención Correa, Jorge García Granados y Bibiano Dávalos.

En la época de la Restauración de la República, Ramón Corona continúa en el cargo de Jefe Militar de Jalisco.

El 28 de enero de 1873, enfrenta de nuevo a una tropa de 15 mil hombres bajo el mando del temible Manuel Lozada; esa fue la batalla de La Mojonera, de la que resulta vencedor.

En 1874, el general Ramón Corona fue enviado a Europa donde a lo largo de once años cumple sucesivas misiones diplomáticas como Ministro Plenipotenciario en Portugal y España.

En 1885, en su campaña para convertirse en Gobernador de Jalisco, le es publicada una obra con el título de Apuntes Biográficos del General de División Ramón Corona, escrita por Emilia Beltrán y Puga y publicada en México por el «Diario del Hogar», tipografía literaria.

El Presidente de la República general Porfirio Díaz apoya sus pretensiones de ser Gobernador electo de Jalisco. Toma posesión del cargo el primero de marzo de 1887. Desarrolla varias acciones en favor de la educación pública; expide un nuevo reglamento para la instrucción primaria, aumentando el número de planteles, dotándolos de libros y uniformes para sus alumnos. Otra de sus obras fue la fundación del «Monte de Piedad y Caja de Ahorros» para pobres, con el que combate la usura. Asiste el 15 de mayo de 1888 a la inauguración del ferrocarril México_Guadalajara y abre la primera institución bancaria estable que operó en Jalisco.

Corona fue el primer gobernante que recorrió todos los cantones de Jalisco, acompañado del Procurador de Justicia, de un magistrado, así como de otros funcionarios públicos.

El general Ramón Corona murió como consecuencia de varias puñaladas el 11 de noviembre de 1889 en Guadalajara. Un día antes, cuando caminaba acompañado de su familia con rumbo al teatro Principal, fue atacado por un supuesto demente llamado Primitivo Ron, quien a escasos metros de su víctima se atravesó el corazón con la misma daga, muriendo en el acto.

Sus restos mortales descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres Jaliscienses. Un monumento erigido a su memoria tiene la siguiente inscripción: «Salvó a la sociedad de la invasión de los salvajes de Alica».

El Congreso del Estado de Sinaloa, por Decreto número 59, expedido el 17 de diciembre de 1889 y publicado el 27 del mismo mes y año, dispuso que fuera inscrito con letras de oro en el Salón de Sesiones del H. Congreso, el nombre del General de División Ramón Corona, considerándolo como Benemérito del Estado. Además, se declaró día de duelo el 11 de noviembre, fecha de su fallecimiento.

Calles de Culiacán y Mazatlán llevan el nombre del General de División Ramón Corona.

El más joven y valiente de los generales de la Revolución Mexicana. Rafael Buelna Tenorio, conocido como «El Grano de Oro», apodo que recibió de su madre siendo aún muy pequeño. Muchos años después, dicho sobrenombre sería divulgado por el poeta Baltasar Izaguirre Rojo, a través de su novela histórica Grano de Oro, publicada en México por Ediciones Botas en 1936.
Rafael Buelna vino al mundo el 23 de mayo de 1890, en la villa de Mocorito, Sinaloa, según el acta de nacimiento número 246, localizada en el Registro Civil. Fue hijo primogénito de don Pedro Buelna Pérez y de doña Marcelina Tenorio de Buelna, puntales de una familia mocoritense que no tuvo apremios económicos. Su padre, había sido agricultor y gambusino y, además era hermano del licenciado Eustaquio Buelna, historiador y exgobernador del Estado, padre del liberalismo en Sinaloa.
De conformidad al contenido del acta número 231, correspondiente a la hoja 405 del libro número 11 de bautizos que aún se conserva en el archivo de la parroquia de Mocorito, Rafael Buelna recibió las aguas del río Evora un día después de haber nacido. Los padrinos fueron su tío Rosalío Tenorio y Felipa Gutiérrez.
Sus hermanos fueron, en orden descendente, José Miguel, Marcelina y Teresita, esta última moriría siendo aún niña por graves quemaduras provocadas con agua hirviente.
Su infancia transcurrió en su pueblo natal como la desean muchos niños: pletórica de travesuras. Cuando tenía 8 años, inició sus estudios en la Escuela Primaria «Lic. Benito Juárez» de Mocorito, la única que había, cuyo edificio todavía se conserva frente a la iglesia y plazuela. En ese plantel, dirigido por el profesor José Sabás de la Mora a partir del año de 1900, Rafael Buelna tendría ocasión de revelar a sus maestros y condiscípulos su precosidad, inteligencia, imaginación desbocada y predisposición a la aventura, acompañada de una persistente inclinación por el periodismo y la literatura.
Fue precisamente con la publicación _burda y hecha a manera de juego_ de la hoja que llamó «El Diminuto», cuando Rafael Buelna da a conocer sus primeros versos y su vocación por despuntar en el liderazgo estudiantil. Pues, pese a su corta edad y de ser de complexión delgada, logró imponerse como líder tempranamente. «Siempre era el escogido por don Sabás de la Mora para que nos reuniera, para que llamara a formación, todos le obedecíamos. La simpatía, aunada a su inteligencia, lo convirtieron en un líder natural, con el que nos gustaba compartir». Así se refirió en la revista «Presagio», Don Ricardo Riveros, su condiscípulo.
Buelna recibió elogiosos comentarios de sus padres, familiares, maestros y vecinos quienes entonces le vaticinaron un futuro promisorio dentro de la política o la abogacía, o tal vez en las letras, tan socorridas entonces por jóvenes de la clase media.
Sin embargo, esas enormes cualidades de Rafael Buelna también lo empujaban cada vez más a la aventura, a los sueños románticos, donde menudeaban los viajes por el mar combatiendo a supuestos piratas; o en las planicies costeras cabalgando al frente de un ejército en pos de sonadas victorias sobre la injusticia, o el autoritarismo, en este caso representado por el gobierno de Porfirio Díaz y de Francisco Cañedo, Gobernador de Sinaloa. Ideales que habían fructificado en su infancia, seguramente alimentados por las enseñanzas de su padre y de su tío el licenciado Eustaquio Buelna, que había sido repudiado por el régimen cañedista. Tal precocidad y desinhibición en un niño no era común de ver todos los días. Y más aún debe sorprender su gran poder de convencimiento al llevarse consigo a la aventura armada de la revolución a varios de esos condiscípulos de la escuela de Mocorito y del Colegio Rosales.
Sus incipientes ideas políticas contrarias al gobierno Porfirista _y el que representaba Cañedo en Sinaloa_ ya Rafael Buelna las había adoptado al finalizar su instrucción primaria. Así, lo manifestó públicamente años más tarde, a través de la prensa, durante la larga polémica que sostuvo con su antiguo preceptor y director de la escuela primaria, profesor Sabás de la Mora, quien era un liberal dogmático, convencido de las benevolencias que otorgaba el gobierno del general Porfirio Díaz. «El mejor que México ha tenido», expresaba, para que enseguida el rubio adolescente le replicara tal aserto con toda la fuerza de sus palabras.
Rafael Buelna terminó la instrucción primaria en su pueblo natal y los estudios secundarios los inició en Culiacán en el Colegio Civil Rosales, el primero de enero de 1907. Rápidamente se destacó en el colegio como uno de los estudiantes más aprovechados en el estudio, e hizo sus ensayos profesionales en el periodismo, enviando primero pequeñas producciones literarias y después artículos de debate a El Correo de la Tarde, que se publicaba en Mazatlán. En su época estudiantil Rafael Buelna Tenorio conservaría el aspecto de muchacho audaz, inquieto, decidido y temerario; era lampiño, menudo de cuerpo, de fácil y persuasiva palabra.
Fue expulsado del Colegio Civil Rosales el 24 de junio de 1909, debido a que encabezó una manifestación política por las calles de Culiacán y condujo un movimiento de insubordinación de los jóvenes estudiantes internos del plantel la noche del 23 de junio, esa fue la primera acción estudiantil que se llevó a cabo contra la última reelección del general Porfirio Díaz. Otra razón de su separación del plantel, fue el apoyo que manifestó en favor de la campaña política del periodista José Ferrel Félix, candidato independiente a la gubernatura del Estado. La manifestación causó un serio alboroto en las esferas oficiales y despertó el entusiasmo popular. El periodista Heriberto Frías publicó en el periódico El Correo de la Tarde un artículo titulado: «El heroísmo de los estudiantes ferrelistas del Colegio Rosales».
A raíz de su expulsión, Buelna se fue a radicar a Guadalajara con el fin de continuar sus estudios. Fue periodista en La Gaceta, de Guadalajara, de 1909 a 1910.
Durante el breve movimiento armado maderista, Rafael Buelna participó en algunas escaramuzas y combates en el territorio de Tepic, militando al lado de Martín Espinoza.
Pero, al empezar la campaña de 1913 contra el general Victoriano Huerta, Rafael Buelna no sería más un simple guerrillero. Había recibido el grado de general brigadier el 26 de diciembre de 1913, en Hermosillo, Sonora, firmado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza. En el libro de Ivor Thord_Gray Gringo rebelde, historias de un aventurero en la Revolución Mexicana (1913_1914), aparecen incontables referencias a Rafael Buelna con relación al avance triunfal de las fuerzas obregonistas que se dirigían a la Capital.
En el Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste, Buelna fue quizás el alumno más renuente en aprender los secretos de la caballería, quien entonces aún no cumplía los 24 años de edad. Thord_Gray narra que el 5 de febrero de 1914, el general Lucio Blanco le ordenó que suspendiera el programa de entrenamiento y se dirigiera al sur, al territorio de Tepic, donde el general Buelna comandaba las tropas rebeldes, la extrema avanzada del Cuerpo del Ejército del Noroeste. Dice Thord_Gray textualmente en la página 106:
«Mi responsabilidad consistía en sosegar los ímpetus de este hombre, el cual tendía a ser extremadamente temerario y descuidado, aunque era afortunado. Mi tarea implicaba también el tratar de persuadirlo de que aceptara algunos principios fundamentales en materia militar, tales como estrategia, táctica y administración y hacer cuanto pudiera por este soldado muy joven pero valeroso.»
Líneas más abajo, el aventurero de quien se sospechaba era espía alemán, completa el cuadro de Buelna y de sus fuerzas de esta manera:
«…parecía bastante joven, unos veinticinco años, de aspecto pulcro y al parecer muy inteligente, aunque no era fuerte físicamente. Parecía contento de verme y no tenía nada en contra de recibir lecciones, si bien insistió en que fueran en privado, lo cual era comprensible».(…)
«Casi toda su caballería se había adiestrado en nuestra primera escuela en Hermosillo y en camino a Culiacán, y lucía en bastante buena forma. También contaba con una pieza de campaña y un contingente de artillería adiestrado a medias. Rafael Buelna, que acababa de ser nombrado brigadier, recibía sus órdenes del cuartel general en Culiacán. Sus operaciones contra los federales las inició en el sur de Sinaloa, de donde los hizo retroceder a unos cuarenta kilómetros de Tepic. Sus oficiales presumían de que los federales estaban huyendo, la revolución estaba por concluir y el general Buelna era ahora la figura militar principal, amén de política, en el bando rebelde, y que pronto sería Ministro de Guerra, y Presidente a su debido tiempo».
Al general Buelna le fueron útiles las enseñanzas recibidas de Thord_Gray, pues hasta ese tiempo no contaba con un servicio de espionaje que le permitiera recibir información sobre los federales. Su guardia de avanzada no era tal, pues por lo regular marchaba pegada casi siempre a la columna principal. Asimismo, Buelna creía innecesario adelantar una pantalla de exploradores desplegados al frente y a los flancos, lejos de la columna, que funcionara a manera de alarma en momentos de peligro.
El 10 de noviembre de 1914, el general de brigada Eulalio Gutiérrez, Presidente de la República, nombrado por la Soberana Convención de Aguascalientes, le reconoció el grado de general de brigada, al cual había sido ascendido días antes por don Venustiano Carranza; en esa ocasión, también fue designado Jefe de la División de Occidente, con operaciones militares en Sinaloa, Tepic y Jalisco. Después del rompimiento entre carrancistas y villistas, militó con éstos últimos, siguiendo a su amigo también mocoritense Felipe Riveros. Envió a su hermano, el licenciado Miguel Buelna, a exigirle armas a Francisco Villa para sostener la plaza de Tepic, contra el general Ramón F. Iturbe y cuando Doroteo Arango Quiñónez alias «Francisco Villa» le exige que permanezca en Durango, lo desobedece y se va a Chihuahua, con un gesto de desafío, y es cuando Villa ordena su fusilamiento, pero Buelna burla a todas las vigilancias y realiza la gran gesta de llegar ileso con los suyos, hasta los Estados Unidos. Había contraído matrimonio civil y religioso el 11 de agosto de 1915 en Ahuacatlán, Nayarit, con Luisa Sarría Escudero, un mes antes de defeccionar de las fuerzas villistas y de irse al destierro voluntario.
El general Rafael Buelna fue héroe de muchas batallas de las que salió vencedor. Derrotó en dos ocasiones a Juan Carrasco y venció también al general Lázaro Cárdenas del Río, a éste último le perdonó la vida.
Durante la rebelión delahuertista falleció en un combate sostenido en las afueras de la ciudad de Morelia, Michoacán, el 23 de enero de 1924.
Siendo Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas, dispuso el traslado de sus restos desde el panteón civil de Morelia a Culiacán en septiembre de 1935.
En 1954, la Federación de Estudiantes Universitarios Sinaloenses, (FEUS) para honrar su memoria fijó una placa de bronce a la entrada de su oficina ubicada en el primer descanso de las escaleras del edificio central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y sobre ella se lee el siguiente mensaje: «Un Granito de Oro desprendido de las vetas del ideal revolucionario».
El Congreso del Estado lo declaró Hijo Predilecto de Sinaloa, según decreto 198, publicado en el Periódico Oficial número 10 de 22 de enero de 1974. Y fue nominado «Año de Rafael Buelna Tenorio» el 1990, de acuerdo al decreto número 42, publicado en el Periódico Oficial número 30 de 9 de marzo de 1990.
Una calle y una escuela primaria de la capital llevan su nombre. Así como, el aeropuerto internacional de Mazatlán.

Maestro rural, defensor de campesinos y Protomártir de la Revolución Mexicana. Gabriel Leyva Solano nació el 11 de octubre de 1871 en la antigua villa de Sinaloa, actualmente cabecera del municipio del mismo nombre y que en su honor esa ciudad ahora se denomina Sinaloa de Leyva. Fue hijo de Encarnación Leyva y Nicolasa Solano, según consta en el acta número 34 expedida de manera extemporánea por el Juez del Estado Civil de su pueblo natal el 13 de junio de 1873.

Gabriel Leyva realizó sus estudios primarios en la única escuela de primeras letras de esa cabecera distrital. Posteriormente ingresó al magisterio rural desempeñando esa labor educativa en diversos pueblos del norte de Sinaloa y luego en el rancho de los Humayes, municipio de San Ignacio, donde se unió con Anastasia Velázquez, con quien procreó ocho hijos, de los cuales solamente sobrevivieron cuatro, entre ellos el que fuera general de división y Gobernador del Estado de Sinaloa Gabriel Leyva Velázquez

En el desempeño de su función magisterial en varios pueblos del norte de Sinaloa, entre ellos Los Mochis, denunció las arbitrariedades y abusos cometidos por capataces, caciques y jefes políticos en contra de los intereses de indígenas y campesinos sinaloenses. Por tal motivo, las autoridades del gobierno federal y las del gobierno local encabezado por Diego Redo Vega lo vigilaron y acosaron, y posteriormente lo reprimieron en virtud de que Leyva Solano había sido partidario del candidato a gobernador José Ferrel.

En su juventud, Leyva Solano se había dado cuenta que la justicia se administraba en beneficio de quienes podían gratificar a jueces venales, por ello ingresó a la carrera de abogado en el Colegio Civil Rosales, en Culiacán, sin embargo, dejó truncados sus estudios profesionales.

Como pasante de abogado fue escribiente de juzgado, litigante asociado del licenciado Tortolero y después Juez de Primera Instancia en Ocoroni, Sinaloa, donde defendió a los indígenas y continuó denunciando las atrocidades cometidas por el régimen porfirista. Después volvió a ejercer el magisterio.

Se afilió al movimiento maderista pues había conocido y mantenido correspondencia con Francisco I. Madero y con los hermanos Vázquez Gómez, opositores al gobierno de Porfirio Díaz, y al poco tiempo se convirtió en el principal propagador en Sinaloa de la causa maderista.

En 1910, asistió en representación del movimiento maderista en Sinaloa a la Convención Antirreleccionista, reunida en el Tívoli del Eliseo de la ciudad de México.

A su regreso, fue hostigado por la policía rural y sin embargo no se amedrentó y continuó predicando el pensamiento libertario, pero el cerco poco a poco se cerraba en su contra, por lo que huye y reúne a varios simpatizantes y amigos para empuñar las amas el 4 de junio de 1910.

Alentando la rebeldía, recorrieron varias rancherías y el ocho del mismo mes, en Cabrera de Inzunza se enfrentaron y derrotaron a las fuerzas del gobierno porfirista. Leyva herido se refugió en casa de su amigo Guillermo Peña, quien lo atendió, pero luego lo delató. El 10 de junio, fue aprehendido por policías rurales al mando del capitán Ignacio Herrera y Cairo. Tres días después fue excarcelado y conducido rumbo a Cabrera de Inzunza; cerca de ahí, murió asesinado por la «ley fuga». El 13 de junio de 1919, fue la fecha en que culminó la vida de este connotado mártir y su sacrificio fue recordado al triunfo de la lucha revolucionaria, pues el presidente de la República don Francisco I Madero se refirió a él con estas frases: Gabriel Leyva, patriota y gran mártir de la Revolución.

20 años después, precisamente el 22 de agosto de 1930, Gabriel Leyva Solano fue declarado «Protomártir de la Revolución» por la Comisión de Historia de la Secretaría de Guerra y Marina.

Por su parte el revolucionario Juan Sánchez Ascona, elogió al mártir sinaloense con estas palabras: «… figura flanco a flanco y a igual altura que el poblano Aquiles Serdán». Y el coronel Ernesto Higuera sintetizó su sacrificio de la siguiente manera: El primero en la muerte y el primero en la gloria.

Para conmemorar el XXIII aniversario de su muerte, la XXXV Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa expidió el decreto número 81 del 30 de marzo de 1933 y publicado en el Periódico Oficial número 41 del jueves 6 de abril de ese mismo año, mediante el cual se dispuso se grabara con letras de oro en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados el nombre de Gabriel Leyva, Protomártir sinaloense de la Revolución Mexicana, acordando además se descubriera la inscripción el día 13 de junio de ese año. Por razones que se ignoran no se cumplió con tal disposición en la fecha indicada, pues al poco tiempo se reformó el decreto número 81 mediante el decreto 110 de primero de junio de 1933, posponiéndose por lo tanto la mencionada inscripción.

El 20 de noviembre de 1954, día en que se conmemoró el XLIV aniversario de la Revolución Mexicana acaudillada por don Francisco I. Madero, los restos de Gabriel Leyva Solano fueron exhumados y trasladados desde la antigua villa de Sinaloa a la ciudad de Culiacán, capital del Estado, para ser depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa. Asistieron a ese homenaje solemne el doctor Rigoberto Aguilar Pico, Gobernador del Estado; el general Gabriel Leyva Velázquez, su hijo, Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional; el diputado Gustavo D. Cañedo, líder de la XLI Legislatura del Estado del Estado de Sinaloa, así como prominentes figuras del ámbito político nacional y numerosos sinaloenses provenientes de todas las clases sociales.

Por su parte, dos años después, la XLII Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa, declaró día de luto el 13 de junio, aniversario de la muerte de Gabriel Leyva, mediante decreto número 38, expedido el 26 de diciembre de 1956.

Además, en su honor varias escuelas, plazas y calles de ciudades de Sinaloa llevan su nombre así como una colonia urbana de la ciudad de Culiacán.

En conmemoración del 50 aniversario de su sacrificio, la XLIII Legislatura celebró una sesión solemne el día 13 de junio de 1960, en el lugar que ocupa la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, declarándolo Recinto Oficial del H. Congreso del Estado, poniendo además su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.

Militar, ideólogo de la Revolución Mexicana y de la reconstrucción del país después del porfiriato. Nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, en el céntrico barrio «El Coloso» el 16 de septiembre de 1880, a las cuatro de la mañana, según consta en el acta del Registro Civil número 221, expedida el 24 de septiembre de ese año. Fue hijo natural de Timoteo Alvarado, tintorero de oficio, originario de Tepic, y de doña Antonia Rubio, dedicada a las labores del hogar, ambos avecindados en Culiacán.
Salvador Alvarado desde niño, apenas tendría ocho años, se trasladó junto con su familia a Sonora. En ese estado norteño terminaría por formarse como hombre de firmes principios morales, disciplinado en el trabajo y entregado por su cuenta a la lectura y al estudio.
En el pueblo yaqui de Pótam, su padre se dedicó a la venta de telas. Al tiempo, el joven Alvarado emigraría al puerto de Guaymas pues había sido recomendado por su amigo Adolfo de la Huerta para trabajar en la farmacia del médico Luis G. Dávila.
Después, Salvador Alvarado abriría su propia botica en el pueblo minero de Cananea, donde observó más posibilidades para las actividades mercantiles y para desarrollar sus ímpetus juveniles.
En 1906, Salvador Alvarado es nombrado elector en los comicios del Estado de Sonora, y al entrar en relaciones con mineros inconformes con el régimen se adhiere al Partido Liberal Mexicano, iniciándose de ese modo en actividades antiporfiristas y convirtiéndose en propagador clandestino del ideario político de Ricardo Flores Magón.
Y en 1910, al promoverse la candidatura a la presidencia de la República de don Francisco I. Madero en Sonora, fue uno de los primeros que se afilian al Partido Antirreleccionista, que era coordinado por el sinaloense Benjamín Hill.
A fines de ese año, Salvador Alvarado en compañía de otros jóvenes revolucionarios idealistas participan en un frustrado asalto al cuartel militar de Hermosillo. Algunos son pasados por las armas y otros, como Salvador Alvarado, escapan rumbo a Arizona, Estados Unidos.
Es a principios del año de 1911, cuando cruza la frontera y se incorpora, con el grado de capitán, a la lucha armada en contra del ejército federal de Porfirio Díaz. Una de las primeras acciones de armas fue la toma de Agua Prieta, efectuada el 13 de abril de 1911.
Bajo las órdenes del coronel Juan G. Cabral, participó en varias escaramuzas y combates. Y al triunfo de la revolución maderista se le otorgó el grado militar de Mayor y se le nombró Jefe del Cuerpo Auxiliar del Estado de Sonora.
Durante el breve gobierno del Presidente de la República don Francisco I. Madero, Salvador Alvarado tuvo bajo su mando las tropas del Cuerpo Auxiliar Federal. Asimismo, en ese período es enviado a combatir la rebelión encabezada por Pascual Orozco, viendo acción en la hacienda de Ojitos, Chihuahua, donde derrotó a un grupo de rebeldes orozquistas comandados por José Inés Salazar.
Después de los hechos de la «Decena Trágica» sucedidos en la ciudad de México del 9 al 19 de febrero de 1913, que tienen como consecuencia la muerte de Madero y Pino Suárez, Salvador Alvarado desconoció al general Victoriano Huerta, quien había asumido la presidencia, y se sumó a la revolución constitucionalista dirigida por el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza, y que en Sonora había secundado Álvaro Obregón al lado de otros connotados revolucionarios.
El primero de marzo de 1913, Salvador Alvarado ascendió a teniente coronel y luego el 5 de marzo se le otorga el rango de coronel y el nombramiento de jefe de la zona militar del centro de Sonora.
Tomó parte de las primeras escaramuzas y combates sostenidos con los federales huertistas, y el 13 de mayo participa en la batalla de Santa Rosa. Destacándose también el 27 de junio en la batalla de Santa María.
En julio de 1914, ya con el grado de general brigadier concedido por Venustiano Carranza, se le dio el mando de las tropas del Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste que mantuvieron el sitio del puerto de Guaymas.
Por diferencias con José María Maytorena, Gobernador del Estado de Sonora, fue apresado y relevado del mando militar, siendo sustituido por el general Benjamín Hill. Recobró la libertad en octubre de 1914, por acuerdo de la Convención de Aguascalientes y en diciembre de ese año, Venustiano Carranza lo envió a Puebla a combatir a grupos zapatistas.
En febrero de 1915, Venustiano Carranza lo nombró gobernador y comandante militar de Yucatán. Se traslada por vía marítima y desembarca en Campeche. En tres batallas derrota a los federales, entra a Mérida y toma posesión de su cargo. Una de sus primeras acciones fue liberar a los campesinos mayas de la servidumbre al anular las deudas de éstos con los hacendados y prohibir otras formas de opresión, como los azotes, la tutela, la retención de los hijos y el confinamiento, entre otras.
Asimismo, reglamentó el trabajo doméstico y patrocinó la realización del primer Congreso Feminista. Organizó además el Primer Congreso Pedagógico, donde se trazaron reformas y acordaron propuestas que fructificaron con la apertura de 300 bibliotecas y más de un millar de escuelas, impulsando la educación en todos los niveles, ya que fundó una escuela normal de profesores, una normal mixta, una escuela de agricultura, una escuela de artes y oficios, un conservatorio de música, así como escuelas nocturnas para artesanos. Y como parte de su política social, cerró cantinas y prostíbulos.
En materia laboral, sobresale la apertura en Mérida de la Casa del Obrero Mundial, la expedición de una Ley del Trabajo y la creación de juntas de conciliación y un tribunal de arbitraje. En cambio, en materia agraria no pudo avanzar, pues sus proyectos fueron cancelados por órdenes del presidente Carranza.
En la región del sureste a Salvador Alvarado se le recuerda con admiración, pues se distinguió como el gobernante revolucionario que en menos tiempo, alrededor de dos años, realizó el mayor número de obras benéficas que haya efectuado una administración gubernamental.
En la Revolución Constitucionalista, trasladada por él a Yucatán, desde su arribo transformó las bases en que estaba sustentada la economía regional, pues con sus reformas trascendentales, el general Salvador Alvarado introdujo cambios al sistema del liberalismo dominante, generando una normatividad situada entre los extremos del interés privado y el estatal. Lo que importaba era aumentar la productividad de las haciendas sobre bases sólidas y con justicia social para dar sustento financiero a la revolución constitucionalista.
En el libro de su autoría Mi actuación revolucionaria en Yucatán, relata lo siguiente:
Encontré a Yucatán en plena servidumbre; miles de desgraciados por culpa de instituciones tradicionales y de vicios sociales tan fuertemente enraizados que parecían indestructibles, languidecían de generación en generación con la vida vendida a los «amos»; con los músculos relajados en enriquecer a la casta de los señores; con el alma y la conciencia sujetas al hierro invisible de una amarga esclavitud, en la cual habían aprendido, de padres a hijos, que no podían tener otro sueño de alegría que el del alcohol, ni otra esperanza de liberación que la muerte.
Encontré que la riqueza de aquel pueblo bueno y fuerte, hecho para mejores destinos, no tenía fundamento ni otro origen que el trabajo del indio. Sobre su miseria y sobre su ignorancia, que le convertían en máquina de labor, se habían levantado fabulosos capitales y se habían labrado fortunas de príncipes.
El gran triunfo de Salvador Alvarado constituyó haber plantado la semilla del nuevo Estado Nacional en la península de Yucatán. Pues, marcó el origen del Estado Social de Derecho al fundar una política de concertación entre gobierno, empresarios y trabajadores. Igualmente, pretendió poner fin a la política caciquil de compadrazgos y favoritismos, y que en su lugar se impusiera una serie de prácticas basadas en el ahorro del esfuerzo, en la línea de menor resistencia, en una palabra: en la eficiencia administrativa.
Con las medidas económicas, políticas y jurídicas que dictó en ese estado de la República se anticipó en varias décadas a la legislación agraria y laboral de México, instrumentó reformas legislativas que luego fueron incorporadas a la Constitución de 1917; pues cabe mencionar que la diputación yucateca al Congreso Constituyente de 1916_1917 fue portadora de esas iniciativas radicales inspiradas en el pensamiento visionario de Salvador Alvarado.
Para consolidar lo rescatable del viejo liberalismo de corte individualista en Yucatán, el general Alvarado rápidamente incorporó alto contenido social a sus medidas políticas, porque no encontró otra forma de superar el debate frente a los conservadores y demás críticos, asimismo frente a los incrédulos y poderosos hacendados de la «casta divina», además, tenía que ser congruente con uno de sus postulados fundamentales: seguir alentando el cambio social, por sobre todas las concertaciones con los hacendados y caciques.
Sin embargo, no pudo continuar su obra monumental en Yucatán, pues entregó el poder el primero de enero de 1918, después de efectuarse elecciones convocadas ya de acuerdo al texto constitucional de 1917.
Después, el presidente Venustiano Carranza lo designó comandante militar del Istmo, Oaxaca y Veracruz. Sin embargo, como hombre de firmes principios democráticos solicitó licencia como general del ejército por oponerse a la imposición de la candidatura a la presidencia de la República de Ignacio Bonillas. La licencia le fue negada y como consecuencia fue aprehendido. Al no comprobársele algún delito viaja al destierro voluntario y se dirige a los Estados Unidos.
En 1919, regresa a nuestro país y funda el diario capitalino El Heraldo de México, además publica en ese año el libro La Reconstrucción de México. Un mensaje a los pueblos de América (en dos tomos). En 1916, había escrito su Carta al pueblo de Yucatán y Mi Sueño.
En 1920, se adhirió al triunfante Plan de Agua Prieta, alcanzando el grado de General de División. Y con el arribo de los sonorenses al poder y siendo presidente interino Adolfo de la Huerta es designado Secretario de Hacienda y Crédito Público.
Después, al tomar posesión de la presidencia de la República Álvaro Obregón, se retira del ejército.
En diciembre de 1923, se unió a la frustrada rebelión delahuertista como jefe de la infantería. Defiende la plaza de Ocotlán, Jalisco, por once días; es derrotado y abandona el país por el puerto de Manzanillo, desembarcando en San Francisco, California, luego se dirige a Nueva York.
Regresa a México al año siguiente, por invitación de su amigo Adolfo de la Huerta, y se hace cargo del movimiento insurrecto en el sureste durante el mes de marzo. Pero las operaciones militares de los rebeldes fracasan y viendo la causa perdida se dirige con un pequeño grupo de seguidores al territorio de Guatemala. Es interceptado por fuerzas obregonistas cerca del rancho «El Hormiguero», entre Tenosique, Tabasco y Palenque, Chiapas.
Salvador Alvarado muere fusilado en dicho lugar el 10 de junio de 1924, sin habérsele formado causa. Las órdenes de su ejecución fueron cumplidas por su captor el teniente coronel Diego Zubiaur, subordinado del general obregonista Federico Aparicio.
Salvador Alvarado fue un hombre autodidacta, empedernido lector de libros sobre temas económicos, políticos y sociales; poseedor de amplia cultura y escritor prolífico; un visionario del México moderno; además, un representante genuino del liberalismo mexicano y un militar revolucionario incorruptible y generoso que debe ser ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones de mexicanos y sinaloenses.
Su preocupación por abrevar en el conocimiento científico y saber popular no disminuyó con los años intensos vividos al calor de la Revolución Mexicana y pese a los múltiples problemas políticos y militares a que se enfrentó con valentía y decisión.
En septiembre de 1980, con el propósito de conmemorar el Centenario del natalicio del general Salvador Alvarado, Yucatán lo declaró Benemérito del Estado, igualmente su nombre quedó inscrito en letras de oro en el salón de sesiones del Congreso del Estado de Yucatán a fin de perpetuar la memoria de tan esclarecido militar y estadista.
Diez años después, el Congreso del Estado de Sinaloa, a través de su LIII Legislatura, le rindió tributo a su memoria y también decretó se inscribiera su nombre con letras de oro en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, según decreto número 23, publicado en el Periódico Oficial «El Estado de Sinaloa», número 23 de 21 de febrero de 1990.
Un municipio lleva su nombre, al igual que varias escuelas, mercados y calles de las principales ciudades de Sinaloa.

Militar revolucionario y Gobernador del Estado de Sinaloa. Ángel Flores nació el 2 de octubre de 1883 en el pueblo de San Pedro, actualmente perteneciente al municipio de Navolato, Sinaloa; sin embargo, algunos cronistas sostienen que vio la luz en el pueblo de Lo de Sauceda, ubicado en el mismo municipio, lo cual no ha sido posible corroborar en virtud de que su acta de nacimiento no ha sido localizada en los archivos del Registro Civil.
Según el historiador regional Antonio Nakayama, Ángel Flores fue hijo natural del agricultor Bruno Camacho y de doña Juana Flores. Supone Nakayama que luego del nacimiento de Ángel Flores, su madre lo llevó consigo a vivir al pueblo de Capirato, Mocorito, donde lo bautizó en el templo del lugar, según una partida de fe de bautismo que se localizó con esos nombres.
Se sabe que durante los primeros años de su juventud fue grumete en el vapor «Altata», capitaneado por Joaquín Arano. Asimismo, fue marinero en barcos de matrícula extranjera, en los que navegó por mares de todo el mundo. Quizá en esa etapa de su vida, plena de aventuras, haya adquirido el hábito de fumar en pipa, ganándose el mote de «El Cachimba», sobrenombre que lo identificó entre sus compañeros de armas años más tarde.
Después de radicar algunos años en la ciudad de San Francisco California, Estados Unidos, Ángel Flores regresó a México y vivió en el puerto de Mazatlán donde trabajó en los muelles como estibador, alcanzando al tiempo el puesto de capataz de cuadrilla gracias a su capacidad de mando.
En 1909, participó activamente en las huestes mazatlecas que apoyaron la campaña política de José Ferrel Félix, candidato independiente a gobernador de Sinaloa, quien tuvo como contrincante a Diego Redo, rico hacendado de Culiacán, impulsado por el régimen porfirista a través del Secretario de Hacienda José Yves Limantour.
Se incorporó al movimiento armado de 1910, en Siqueros, Mazatlán, al unirse a la guerrilla de Pomposo Acosta. Luchó por los postulados antirreleccionistas de don Francisco I. Madero, y al triunfo de la revolución volvió a su antigua ocupación en el muelle de Mazatlán.
Se casó con Beatriz Pérez con quien procreó tres hijos: Francisca, Ángel y Raúl.
Cuando el presidente Madero fue asesinado en febrero de 1913, durante los hechos sangrientos de la «Decena Trágica», y los militares federales porfiristas retomaron el poder, Ángel Flores se refugió en el pueblo de El Potrero, uniéndose a las fuerzas rebeldes de Juan Carrasco, convirtiéndose en su lugarteniente.
En el Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste, comandado por el general Álvaro Obregón, Ángel Flores escaló grados militares por méritos en campaña. Durante el largo asedio al puerto de Mazatlán por parte de las fuerzas constitucionalistas, el exmarinero se distinguió por su valentía y bravura en los combates, lo que le valió obtener el grado de general brigadier. Para entonces ya se había independizado del general Juan Carrasco. Y a fines de 1914, comandaba el Sexto Batallón de Sinaloa.
Ángel Flores había tomado partido por Venustiano Carranza en los días de la Convención de Aguascalientes, y enfrentados carrancistas y villistas, combatió con éxito a las tropas del Centauro del Norte en el norte de Sinaloa y en Sonora.
A mediados de diciembre de 1914, marchó a Sonora a la cabeza de una brigada que se denominó «Columna Expedicionaria de Sinaloa», compuesta por los batallones 2°, 3°, 4° y 6°, y el Primer Regimiento de Caballería, además del 2° Regimiento que se encontraba destacamentado en San Blas, Sinaloa, en previsión de que se registrara un avance proveniente del norte de parte de fuerzas villistas comandadas por José María Maytorena, quien para ese entonces dominaba casi todo el territorio del estado.
Los jefes y oficiales que integraban la columna militar fueron los generales Manuel M. Metza y Herculano de la Rocha; los coroneles Mateo Muñoz y Manuel A. Salazar; tenientes coroneles José María Galaz, Anatolio B. Ortega, José Aguilar Barraza, Guillermo Nelson, Mateo de la Rocha, Pablo E. Macías Valenzuela, Leonides García, Benjamín Chaparro y Roberto Cruz, incorporándose después el teniente coronel Arnulfo R. Gómez.
El 23 de enero de 1915, ocupó la plaza de Navojoa, desde donde dirigió con valentía y decisión la defensa de la plaza cuando fue sitiada por los villistas, resistiendo varios meses el asedio, así como los ataques de los días 18 y 19 de abril, hasta que los atacantes declinaron en sus propósitos.
Igualmente, a fines de noviembre de 1915, destacó en el sitio de Hermosillo, Sonora, cuando salió al frente de su columna y derrotó a las fuerzas atacantes dirigidas personalmente por Francisco Villa. Participó además en las batallas de Alamitos y San Joaquín, persiguiendo y venciendo a las fuerzas de la legendaria División del Norte.
De regreso a Sinaloa, el general Ángel Flores fue designado gobernador y comandante militar, con residencia en Mazatlán, nombramientos que le otorgó don Venustiano Carranza como titular del Poder Ejecutivo de la Nación, tomando posesión de ambos cargos desde el primero de mayo hasta el 22 de octubre de 1916.
Al ser declarado Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa el general Ramón F. Iturbe, para el período del 27 de septiembre de 1917 al 26 de septiembre de 1920, luego de haber triunfado en los comicios convocados de acuerdo a la Constitución de 1917, Ángel Flores, a la postre el candidato derrotado, abandona la entidad trasladándose a Navojoa.
En 1919, la XXVIII Legislatura del Congreso del Estado, autorizó al Ejecutivo del Estado para celebrar con el general Ángel Flores, un contrato de concesión para la implantación de la industria harinera en Sinaloa, según decreto número 63, de 10 de junio.
Un año después, se adhirió al Plan de Agua Prieta, siendo factor importante para el triunfo de esta revuelta que puso fin al gobierno y a la vida de don Venustiano Carranza, y como recompensa por sus servicios alcanzó el grado de General de División, designándosele además jefe militar de la División del Noroeste.
En ese mismo año, es nominado como candidato a Gobernador del Estado de Sinaloa, resultando electo. Tomó posesión del cargo el 27 de septiembre de 1920 en el teatro Apolo, en Culiacán.
Durante su período gubernamental de cuatro años (1920_1924), el general Ángel Flores se dedicó a la reconstrucción económica de la entidad, la cual había quedado arruinada como consecuencia de la guerra. Materialmente hacía falta todo: caminos, agua potable, energía eléctrica, escuelas, alimentos y fuentes de empleo. Fue el pionero de la irrigación en Sinaloa, pues se le acredita la construcción del canal «Rosales», con el cual cobró auge la agricultura en el valle de Culiacán.
En 1922, fue comisionado por el presidente Álvaro Obregón para realizar un viaje de varios meses por países europeos y asiáticos. A su regreso, siguió gobernando en Sinaloa a través del coronel José Aguilar Barraza, ingeniero Manuel Rivas y, los licenciados Victoriano Díaz Angulo y José María Tellaeche, que ocuparon los cargos de gobernador de manera interina o substituta.
En 1924, lanzó su candidatura a la Presidencia de la República apoyado por grupos conservadores, entre ellos el Sindicato Nacional de Agricultores. Su contrincante fue el general sonorense Plutarco Elías Calles. Ángel Flores hizo su campaña política en 16 estados de la República, cosechando simpatías y adeptos. Pero, al perder las elecciones frente a quien sería después el «Jefe Máximo de la Revolución», se retiró en 1925 de la vida pública, pobre y decepcionado de la política.
La XXXI Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa, en premio de los servicios prestados al Estado, le otorgó una recompensa de cinco mil pesos, según decreto número 20, de 22 de octubre de 1924.
Ángel Flores murió en la ciudad de Culiacán el 31 de marzo de 1926, en una habitación de la planta alta del edificio ubicado en la esquina de las calles de Rosales y Andrade, y que algún tiempo albergara al hotel Granada. Algunos cronistas e historiadores han afirmado que murió envenenado con arsénico.
De acuerdo a lo narrado por el mayor Santiago Gaxiola, jefe de ayudantes del general Flores, se tuvo que recurrir al auxilio de la caridad pública para sepultar a quien había sido el mejor soldado de la Revolución, según confesión del general Álvaro Obregón.
Para ese propósito, se colocaron sábanas de manta en un lugar céntrico de la ciudad donde la gente depositó monedas y billetes. Fue inhumado en el panteón civil de Culiacán. Muchos años después sus restos fueron depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa.
El Congreso del Estado de Sinaloa, a través de su XXXI Legislatura, declaró día de luto en el estado el 31 de marzo, aniversario de su muerte, ordenando que la enseña patria ondeara a media asta, según decreto número 193, de 24 de abril de 1926.
Una sindicatura del municipio de Navolato lleva su nombre; un estadio de béisbol en Culiacán, así como calles y escuelas de las principales ciudades de la entidad.

Precusor de la Revolución Mexicana y Gobernador del Estado. Ramón Fuentes Iturbe nació en Mazatlán, Sinaloa, a las siete de la mañana del día 7 de noviembre de 1889. Fue hijo natural de Adolfo Fuentes y Refugio Iturbe, según se desprende del acta número 292 del libro de reconocimientos correspondiente al año de 1919.
Ramón F. Iturbe, de cuna humilde, había nacido en la calle San Germán número 50 del puerto de Mazatlán; luego viviría en el pueblo de Oso, municipio de Culiacán, donde transcurrió su infancia entre ese lugar y el rancho de «Salsipuedes». Radicó también en la ciudad de Culiacán, donde cursó hasta el tercer año de primaria, bajo la tutela del maestro Tello de Meneses. Luego estudiaría en el antiguo Seminario Conciliar de Culiacán, donde su familia pagaba una cuota mensual de dos pesos cincuenta centavos. Aquí permaneció poco tiempo, al quedar huérfano de padre y no poder su madre continuar sufragando tales gastos.
Debido a la pobreza familiar, se vio obligado a trabajar como empleado en varias casas comerciales de Culiacán, entre ellas las de don Pablo Bueno y la de don Crisanto Arredondo.
Posteriormente, el joven Ramón F. Iturbe viviría algún tiempo en el pueblo de Alcoyonqui, cercano a Culiacán, donde había abierto una pequeña tienda de abarrotes con el fin de sostener a su madre y a tres medios hermanos de nombres: Arturo, Beatriz y Refugio.
A los 19 años de edad, Ramón F. Iturbe se inició en la vida política sinaloense al participar en la campaña electoral del licenciado en Derecho y periodista José Ferrel Félix, candidato a Gobernador del Estado, apoyado por el «Club Democrático Sinaloense», y quien fuera derrotado en reñidas elecciones por Diego Redo de la Vega, a la sazón el candidato de José Yves Limantour, ministro de Hacienda.
En 1909, Ramón F. Iturbe, convertido en líder político natural de los ciudadanos del pueblo de Alcoyonqui, encabezó a decenas de ellos para ir a depositar sus votos en Culiacán por la causa política de José Ferrel, que como se ha dicho resultó derrotado en la contienda electoral.
A lo largo del año de 1910, Ramón F. Iturbe enriqueció su experiencia en las lides políticas al afiliarse primero al Club Antirreleccionista de Culiacán y luego a la Liga Nacional de Adhesión al Plan de San Luis, firmado por Francisco I. Madero el 5 de octubre, en contra del Presidente Porfirio Díaz. En los meses de octubre y noviembre, junto con Juan M. Banderas, José María R. Cabanillas, Francisco Ramos Esquer, Manuel de la Vega y otros veinte conjurados, se reúne secretamente en una casa ubicada al oriente de la calle Colón, en Culiacán, con el fin de preparar el estallido de la Revolución en Sinaloa. Sin embargo, el 19 de noviembre, un día antes de la fecha acordada para iniciar la Revolución, fueron descubiertos y varios de los conspiradores fueron apresados por la policía rural.
Ramón F. Iturbe, en compañía de Juan M. Banderas y otros precursores revolucionarios, escaparon del acoso de los rurales del gobernador Diego Redo al huir rumbo a la Sierra Madre Occidental, donde al poco tiempo, lograron reunir a una centena de hombres, entre quienes figuraban campesinos, vaqueros, caballerangos y trabajadores de minas de Durango. De esa manera inició precariamente el movimiento armado en la región de la sierra.
A nivel nacional, Ramón F. Iturbe fue sin duda uno de los primeros organizadores de los grupos revolucionarios contra el régimen porfirista. Sus acciones de armas las había iniciado en la sierra de Durango a la edad de 21 años.
El 12 de enero de 1911, Iturbe al frente de un grupo de 100 hombres tomó Tamazula, Durango; el 17 de febrero, al mando de 500 hombres, atacó durante 12 horas, sin éxito, el pueblo minero de Topia, Durango, el cual cayó hasta el 6 de mayo, luego de haber sostenido un reñido combate que duró 3 días.
Su más importante enemigo a quien se enfrentó y por quien fue derrotado en varios combates sostenidos en la sierra, fue el Teniente Coronel porfirista Luis G. Morelos, el mismo a quien vencería el 2 de junio de 1911, siendo además el último en rendirse al final del asedio de la plaza de Culiacán, en la azotea del templo del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús.
Ramón F. Iturbe ya había recibido el grado de General Brigadier del Ejército Libertador el 22 de mayo de 1911, nombramiento expedido por Francisco I. Madero en Ciudad Juárez, Chihuahua, el cual fue ratificado el 13 de septiembre de 1913, por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza.
Por el prestigio obtenido en el campo de batalla fue designado Comandante en Jefe de las Fuerzas Rurales de Sinaloa, el 8 de agosto de 1911, nombramiento otorgado por la Inspección General de las Fuerzas Rurales; asimismo, fue Jefe del 54o. Cuerpo Rural, otorgado también por la Inspección General de las Fuerzas Rurales en agosto de 1911. Habiéndose trasladado al Estado de Chihuahua a combatir a los orozquistas alzados contra el régimen presidencial de Francisco I. Madero.
En 1913, durante la presidencia de la República de Francisco I. Madero, el joven general viajó hacia Estados Unidos donde inició estudios de ingeniería en Los Ángeles, California. Pero, al enterarse del golpe de Estado encabezado por el general Victoriano Huerta y de las muertes de Madero y Pino Suárez, regresó al país para unirse a las fuerzas revolucionarias que organizaba Álvaro Obregón en Nogales, Sonora.
Dentro de la estructura militar del Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste, bajo el mando del general Álvaro Obregón, el general brigadier Ramón F. Iturbe fue designado Jefe de las Operaciones Militares en el Estado de Sinaloa, el 16 de septiembre de 1913, nombramiento otorgado por Obregón, Jefe de dicho Cuerpo.
Ramón F. Iturbe cosechó importantes victorias en los campos de batalla, habiendo sido el artífice para el sitio y toma del puerto de Topolobampo, lo que le mereció el ascenso a General de Brigada el 28 de octubre de 1913, grado otorgado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza. Tuvo asimismo una destacada actuación en la segunda toma de Culiacán el 14 de noviembre de 1913 y en el sitio del puerto de Mazatlán en los primeros días de agosto de 1914. En junio de ese año, había sido nombrado Jefe de la Brigada de Sinaloa, por el general Álvaro Obregón. Y anteriormente, en febrero de ese año, había contraído matrimonio civil y religioso con la señorita Mercedes Acosta Ferreiro, originaria de Cosalá.
Al triunfo de la causa constitucionalista, el general de brigada Ramón F. Iturbe participó en la Convención de Aguascalientes, habiendo tomado partido por el carrancismo. En noviembre de 1914, fue designado por el general Obregón, Jefe de la Tercera División del Noroeste, cargo que ocupó hasta el 29 de agosto de 1915, después de derrotar a las fuerzas del general Francisco Villa en Sinaloa. En este período sostuvo varios combates contra otro general sinaloense, Rafael Buelna Tenorio, «El Granito de Oro», quien militaba en las filas villistas.
En septiembre de 1915, fue designado Jefe de las Operaciones Militares en los estados de Jalisco y Colima. Y una vez pacificadas las regiones de Noroeste y Occidente recibió el encargo de una misión diplomática en Japón y en varios países europeos.
En 1917, el general Ramón F. Iturbe, apoyado por el Partido Liberal Progresista, participó en la contienda electoral en pos de la gubernatura del Estado, teniendo como contrincantes a cuatro candidatos, los generales: Ángel Flores, quien recién había dejado la gubernatura; Manuel M. Mesta; Manuel A. Salazar, y el licenciado Enrique Moreno Pérez. Por su parte, los periódicos: El Liberal, de Mazatlán, dirigido por Roberto Casas Alatriste y El Progresista, del ingeniero Emiliano Z. López, lo apoyaron en la campaña electoral. Los otros cuatro candidatos se limitaron a intentar conquistar al electorado en las ciudades, en cambio, el general Ramón F. Iturbe recorrió pueblos y rancherías, obteniendo más votos que los cuatro candidatos juntos. Don Venustiano Carranza le había pedido por escrito, meses antes, que cancelara definitivamente su postulación, pero Iturbe le contestó: «Lo siento, pero ya estoy comprometido con mi pueblo».
Al final del proceso electoral, la XXVII Legislatura del H. Congreso del Estado de Sinaloa declaró Gobernador Constitucional de Sinaloa al general Ramón F. Iturbe por decreto número 1, de 29 de junio de 1917. Y el 26 de julio de ese mismo año, a la edad de 27 años, tomó posesión del cargo en Culiacán, el cual ocupó hasta el 20 de abril de 1919, día en que el Honorable Congreso del Estado aprobó su licencia para separarse del gobierno por tiempo indefinido y para hacerse cargo de la Jefatura de Armas, poniéndose al frente de las operaciones militares en Mazatlán con motivo del estallido de la rebelión de Agua Prieta, la cual desconocía al régimen del Varón de Cuatro Ciénegas, su protector político.
Durante su breve gestión gubernamental, se destacan las siguiente acciones y obras: se aprueba la Constitución Política del Estado de Sinaloa, que sustituye a la de 22 de septiembre de 1894 (decreto 9, 25 de agosto de 1917); se terminó de construir el edificio del mercado «Gustavo Garmendia» y la escalinata del cerro de la Lomita, en Culiacán; se expide la Ley Orgánica Electoral del Estado (decreto 10, 13 de noviembre de 1917); se expide la Ley de Educación Primaria en el Estado (decreto 11, 17 de diciembre de 1917); se crea la Contaduría Mayor de Hacienda del H. Congreso del Estado (decreto 13, 17 de noviembre de 1917); Se prohíben los juegos de azar dentro del Estado (decreto 17, 6 de diciembre de 1917); en marzo de 1918, se establece en Culiacán _en el edificio que ocupaba el Seminario Conciliar_ el Hospicio «Francisco I. Madero» para huérfanos de la Revolución, otorgándosele una subvención de $17,781.00 anuales para 120 asilados con que contaba (decreto 21, 15 de diciembre de 1917); se crea la «Universidad de Occidente», antecedente de la Universidad Autónoma de Sinaloa (decreto 47, 19 de mayo de 1918); Se amplió el local de la Escuela Industrial y Militar, la cual contaba con 75 internos y talleres de carpintería, hojalatería, talabartería, zapatería y sastrería, además se impartían clases de dibujo industrial y ornato, música y telegrafía; se dispone que la educación pública pasa a depender del Estado, desde el día 1o. de enero del año de 1919 (decreto 16, 4 de diciembre de 1918); se mejoraron las líneas telefónicas del estado; se inauguró una nueva política de creación de nuevos centros de población, por lo cual el Gobierno del Estado adquirió 50 hectáreas de terreno para el asentamiento humano de La Cruz, municipio de Elota; se restauró la planta baja del Palacio de Gobierno [el edificio que ocupa la Procuraduría General de Justicia]; el Gobierno del Estado efectúa la compra de la casa situada en la esquina que forman las calles «Rosales» y «Comercio» y avenida «Donato Guerra», cuyo edificio se destina para asiento del Palacio del Poder Legislativo (decreto 17, 9 de diciembre de 1918); se repararon los desperfectos del puente Cañedo, en Culiacán, causados por la creciente del río Tamazula, ocurrida en septiembre de 1917, asimismo se cubrió el piso de madera con una capa de asfalto; se reparó el camino de terracería Culiacán_Tamazula; se adquirieron dos camiones para la reparación de otros caminos y puentes, y se reconstruyeron varios planteles escolares.
Años después, participó con otros reconocidos generales en la rebelión escobarista de 1929. Y como consecuencia de la derrota del último movimiento armado del país, se vio en la necesidad de emigrar rumbo al extranjero. Sin embargo, gracias a la amnistía concedida por el Gobierno Federal regresó a México el 27 de julio de 1933.
El Presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río le otorgó el grado de General de División, y a partir del primero de septiembre de 1937, fue Diputado Federal por el Distrito Electoral de Mazatlán, integrando la XXVII Legislatura del Congreso de la Unión. Asimismo, fue Director de Fomento Cooperativo, dependencia de la Secretaría de Economía del Gobierno Federal.
Sus inquietudes políticas lo hicieron tomar partido por el general Juan Andrew Almazán, y presentar, otra vez, su candidatura a la gubernatura, sin haber alcanzado sus propósitos.
En 1941, el Presidente Manuel Ávila Camacho lo nombró Agregado Militar en la embajada de Japón, en donde ya había estado antes atendiendo una misión diplomática. Como consecuencia del ataque japonés al puerto de Pearl Harbor, permaneció temporalmente recluido en una prisión de Tokio.
Fue el segundo Comandante de la Legión de Honor de los Veteranos de la Revolución Mexicana, Presidente de la Confederación de Instituciones Liberales de México y de la Junta Continental Pro Federación Americana.
En 1966, el general Iturbe recibió del Senado de la República la medalla «Belisario Domínguez» en sesión solemne celebrada el 7 de octubre. Al ser objeto de dicha distinción expresó: «No creo haber hecho nada que lo merezca, pero sí puedo asegurar que mi anhelo más grande y sincero ha sido poder servir a mi patria y a la humanidad».
Ramón Fuentes Iturbe murió en el Hospital Central Militar de la Ciudad de México a las seis horas con veinte minutos el 27 de octubre de 1970, víctima de un infarto agudo al miocardio.
El Congreso del Estado de Sinaloa, a través de su LIV Legislatura, aprobó otorgar un justo y merecido reconocimiento a la figura del general de división Ramón F. Iturbe, por su destacada y patriótica participación en la vida cívica, política y militar del país, mediante el decreto número 673, expedido el 27 de julio y publicado en el Periódico Oficial «El Estado de Sinaloa», número 93, de 4 de agosto de 1995.
Se le rindió homenaje el 27 de octubre del mismo año, día en que se conmemoró el Vigésimo Quinto Aniversario de su muerte. La Diputación Permanente, se reunió en Sesión Solemne, para honrar a Ramón F. Iturbe, procediendo a inscribir su nombre con letras de oro en el muro de honor del Salón de Sesiones del Recinto Parlamentario del Palacio Legislativo.
Calles y escuelas de las principales ciudades de Sinaloa llevan su nombre.

Político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Nació en Concordia, Sinaloa, en 1866 y murió en el Distrito Federal.

Carlos M. Esquerro se caracterizó por ser un joven inquieto, liberal y con firmes ideas progresistas y opuesto a la política porfirista, por lo que se manifestó contrario al cacicazgo que había heredado Diego Redo de Francisco Cañedo, ex_gobernador de Sinaloa. Esquerro, al igual que otros miles de coterráneos, apoyó la candidatura del abogado y periodista José Ferrel Félix en 1909.

Se incorporó a la lucha emprendida por el Partido Antirreleccionista de don Francisco I. Madero, participando activamente durante toda la campaña electoral, y al triunfo de la revolución maderista resultó electo diputado al Congreso General, formando parte de la XXVI Legislatura, que el pueblo conoció como Legislatura Maderista, disuelta por Victoriano Huerta. Esquerro se distinguió en esa legislatura por sus intervenciones en favor de la aprobación de la Ley de Pensiones, que favorecía a familiares de revolucionarios fallecidos.

Después del triunfo del movimiento armado constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza, estuvo catorce meses encargado de la hacienda pública en el gobierno del señor Carranza. Luego se sumaría al movimiento de la Convención, participando en el gobierno del general Eulalio Gutiérrez, como administrador principal del Timbre durante veinte días, después se iría a engrosar las fuerzas del constitucionalismo a Veracruz. Otra vez a la revolución cuyos ideales había perseguido en el norte y cuyos ideales y principios fue a defender también a Veracruz

También Esquerro fue diputado al Congreso Constituyente de Querétaro (1916_1917), donde destacó por su participación en las discusiones de la segunda comisión revisora de credenciales, actuando en sustitución de Ernesto Meade Fierro.

En el Diario de los Debates del Congreso Constituyente reunido en el Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro los últimos días del mes de noviembre de 1916, quedaron plasmadas para la historia las intervenciones de Carlos M. Esquerro realizadas en el seno de las juntas preparatorias para examinar y revisar, caso por caso, los documentos probatorios de los presuntos diputados.

En el primer dictamen firmado por la segunda comisión revisora se rechazó la acreditación de Carlos M. Esquerro, sin embargo fue aprobado su caso por la asamblea, después en un segundo dictamen se rechaza su acreditación de acuerdo a los siguientes elementos:

La comisión, para hacer este segundo dictamen, tiene a la vista, además de la credencial, los documentos que componen el expediente; los cuales no tuvo a su disposición al rendir el primer dictamen, y del examen minucioso que de ellos se hizo se ve que el C. Carlos Ezquerro ha sido electo por mayoría de 336 votos, para diputado suplente, por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, no encontrándose ningún otro documento a la vista, como protesta o acusación en contra de los candidatos.

La segunda comisión revisora, «Considerado:

«Primero. _ Que el C. Carlos Ezquerro fue empleado público en la administración del gobierno de la convención, hecho que consta en el primer dictamen por las referencias verbales que hizo el C. Ernesto Perusquía, actual director general del timbre, y comprobado después por la confesión pública que el propio candidato hizo ante esa H. asamblea en la sesión verificada en la mañana del 25 de los corrientes.

«Considerando:

«Segundo._ Que el artículo 4º. reformado del plan de Guadalupe dice así en su último párrafo:»…Para ser electo diputado al Congreso Constituyente, se necesitan los mismos requisitos exigidos por la Constitución de 1857 para ser diputado al Congreso de la Unión; pero no podrán ser electos, además de los individuos que tuvieren los impedimentos que establece la expresada Constitución, los que hubieran servido empleos públicos o ayudado con las armas a los gobiernos o facciones hostiles a la causa constitucionalista;» y «Considerando:

«Tercero. _ Que el gobierno del ex_general Eulalio Gutiérrez, al que perteneció el C. Carlos M. Ezquerro como administrador principal del timbre, fue una fracción en contra del gobierno constitucionalista.

«La comisión, a pesar de conocer el sentir de algunos de los miembros de la asamblea, en favor del C. Ezquerro, honradamente no puede variar su dictamen, comprendiendo al candidato en las prohibiciones del artículo 4º. reformado del plan de Guadalupe, y se honra en someter a esta honorable asamblea las siguientes

«PROPOSICIONES:

«Primera. _ No puede ser diputado propietario por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, el ciudadano Carlos M. Ezquerro. «Segunda. _ Es de aceptarse la elección de diputado suplente por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, en favor del C. Mariano Rivas.

«Sala de Comisiones del H. Congreso constituyente, Querétaro, a 26 de noviembre de 1916.

«La segunda comisión revisora de credenciales, R. C. Castañeda, José María Rodríguez, E. Perusquía».

A todo esto, Carlos M. Esquerro respondió en su defensa:

He pedido la palabra, señores para impugnar el nuevo dictamen que presenta la comisión revisora de mi credencial, comenzando por manifestar que me parece increíble que una comisión integrada en su totalidad por hombres de inteligencia y especialmente por un abogado como lo es el señor Castañeda y Castañeda, haya tan lastimosamente incurrido en un error tan grave. La ley dice en su parte relativa (no tengo a la vista medio de consultarlo) que un individuo no puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Yo no soy un delincuente; tengo una falta política, así se le puede llamar al achaque que se me imputa; y bien, señores, el segundo dictamen de la comisión viene ahora diciendo que no puedo ser diputado en virtud del artículo 4º. del decreto correspondiente, después de que la asamblea, por unanimidad, ha rechazado el primer dictamen en igual sentido; esto es un absurdo. La asamblea ha rechazado ya unánimemente ese dictamen, lo cual mucho me honra y me satisface; pero, ¿por qué, señores, somos tan inconsecuentes con la Ley? ¿Cómo es, pues, que un hecho consumado, como ha pasado en este caso por la declaración unánime hecha por la Cámara y que no creo que haya ninguna persona que pretendiera desmentirme, vuelva a traerse por el mismo capítulo la misma acusación? La Cámara, señores, era la encargada de resolver sobre el particular y tuvo a bien decir que se desechaba ese dictamen en la parte relativa a la acusación y a la aplicación del artículo 4º.; y ahora, señores, ¿puede esta honorable asamblea desechar lo que ya con anterioridad ha sancionado? Eso sería un lamentable error y, además, sería sentar un precedente muy serio. Creo, además que los señores de la comisión no han sido nada justicieros en su dictamen y que han obrado con una parcialidad que yo no me sé explicar. No parece, señores, sino que se teme que yo forme parte de esas comisiones dictaminadoras; yo no puedo suponer otra cosa, sino que se teme que yo pudiera dictaminar sobre la credencial del señor Palavicini. Así es que esta conducta no puedo suponer a qué obedezca. Dejo a la consideración de ustedes lo que he venido sosteniendo, porque no es justo, ni mucho menos legal, cuando ya esta Cámara había sancionado que se me daba un voto de confianza, cuando todos me dieron un abrazo que tanto, señores, me satisfizo. Seamos sinceros; dejémonos, señor licenciado, señor doctor, de ambajes, y declaremos francamente que no están ustedes en los justo. Dejo la consideración de esta respetable asamblea que me juzgue.

En otra intervención expresó:

Todos mis amigos saben que fui de los contados diputados renovadores que, cuando el cuartelazo, el 28 del mismo mes, salí para Nueva York para dirigirme al lado del señor Carranza y ponerme a sus órdenes, porque creí que allí me llamaba el deber y abandoné familia y afectos para luchar, como siempre, por la soberanía y el respeto a la ley, y tuve honor de que el señor Carranza me confiara un cargo que altamente me honraba, señores, por ser de confianza. Después, señores, hice un llamamiento a mis amigos en un documento que hice público, para que fueran al lado del Primer Jefe a cumplir con sus obligaciones; algunos de los presuntos conocen ese documento (Voces: ¿sí, sí!) y ¿Quiénes fueron? únicamente dos o tres que ya se han nombrado y conoce esta Cámara. Sí, señores, he hecho ya una declaración verdadera, honrada: Serví veinte días al llamado gobierno de Eulalio Gutiérrez; pero no precisamente como muchos creen, pues bien claro he dicho, señores, que un hombre no falta a su honor cuando ya por un camino que cree es el verdadero y cuando a su tiempo sabe que no es el verdadero vuelve sobre sus pasos y ya he dicho, señores, que el mismo Primer Jefe ha seguido honrándome con su confianza, pues cuantas veces he solicitado hablarle, inmediatamente me ha recibido y alguna vez que intente yo darle algunas explicaciones, me interrumpió manifestándome que él seguía viendo en mí al hombre y al revolucionario de convicciones. Si, señores, yo tengo la conciencia de que no he faltado al honor empeñado a mis comitentes al confiarme su voto y de que he cumplido siempre con mi deber cuando el deber me ha llamado.

[…] Haber sido diputado maderista, de la diputación maderista y haber abandonado casi en la miseria a una numerosa familia, para ir al llamado de los míos, para ir a engrosar las filas del constitucionalismo; y ahora, señores, me siento satisfecho porque he cumplido con mi obligación y con mi palabra empeñada de hacer respetar la soberanía de las leyes de la república. Después, nada he hecho, señores, es muy insignificante mi figura política; pero lleno de deseos, lleno de verdad, vine a este movimiento porque dije: Aquellos son los míos; aquí están, y así se lo dije a todos los amigos, tanto militares como civiles, que me honran con su amistad, y todos han comprendido que sólo fue un error político el que cometí. Respecto a fechas, es preciso que las considere. A los veinte días, si, señores, exactamente, y eso es verdad, presenté mi renuncia del cargo a aquel que era primer secretario de Hacienda de la llamada convención y también formó parte del grupo renovador, señor Rodiles Maniáu, y es cierto, señores, que él me dijo: tengo encargo, tengo consigna _ hablamos del que se quería llamar presidente, Roque González Garza, _ de no aceptar ninguna renuncia, yo también estoy en el mismo caso de usted, he reconocido mi error; pero no puedo aceptar su renuncia. Esto, señores, por consiguiente, lo supieron las mismas personas y pudo haber tiempo bastante para que se me destituyera. En este caso, señores, encontrándome en una oficina pública que no podía abandonar, encontrándome en uno de esos empleos que no se pueden dejar, porque había fondos, señores, había allí responsabilidad y yo he cuidado más de mi honor, como lo demuestran catorce meses que estuve encargado de la hacienda pública en el gobierno del señor Carranza, y nadie puede decir que Ezquerro se sirvió de su influencia y de esos medios que tenía a su cargo para enriquecerse; temí que en este estado de cosas vinieran después sobre mí responsabilidades mayores al suponerse de mí un ladrón, ya que el primer cargo más de una vez me lo han imputado; en esa disyuntiva me quedé hasta que vino el señor general Obregón y entregue esa oficina. También es cierto que vine ante el general Obregón y le pregunté si me juzgaba un hombre revolucionario y honrado; entonces me dijo: «tengo buena opinión de usted», me dió pasaportes para mis hijos y dos hermanas. Creo cansar demasiado la atención de ustedes; pero señores, perdonadme, sólo he querido relatarlo al señor Martí para manifestarle que mi labor es insignificante, pero siempre ha sido honrada y bien intencionada. (Aplausos.)

Después de numerosas intervenciones en tribuna, el Congreso Constituyente resolvió en favor de Carlos M. Esquerro.

Años después, el Presidente Venustiano Carranza lo designó director del Departamento de Aprovisionamientos Generales de la Nación, en sustitución del general Francisco J. Mújica.

Se ignora la fecha de su fallecimiento.

Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.

Agricultor, periodista, poeta, político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Emiliano C. García Estrella nació en la villa de El Fuerte, Sinaloa, el 6 de abril de 1876. Se distinguió por ser un hombre honrado y luchador social ejemplar.
Realizó sus estudios primarios en su lugar de origen y los correspondientes de secundaria y preparatoria en el Colegio Civil Rosales, en Culiacán, trasladándose posteriormente a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, para iniciar la carrera de medicina, primero en el Colegio León XIII y luego en el Liceo de Varones, la cual suspendió en el año de 1896 para dedicarse a las actividades agrícolas en Sinaloa.
Desde 1906, se destacó como defensor de las víctimas de las “cuerdas” presidiarias. Asimismo, fue de los primeros miembros afiliados al Partido Liberal formado por los hermanos Flores Magón. Durante mucho tiempo se dedicó al periodismo y fundó varios periódicos de combate político en contra de la dictadura del general Porfirio Díaz, causa de persecuciones en su contra.
A la muerte del gobernador porfirista general Francisco Cañedo Belmonte en 1909, organizó y coordinó la campaña política del abogado y periodista José Ferrel Félix, quien contendió por la gubernatura del Estado de Sinaloa, enfrentándose al candidato oficial Diego Redo, quien resultó triunfador.
Fundó el periódico El Reporter, en preparación al movimiento político que se avecinaba, lo cual puede ser considerado como un precursor local del maderismo.
Al iniciarse la lucha armada en el país en 1910, se incorporó a la revolución maderista como comandante de la guerrilla Leales del Fuerte, participando en la toma de Navojoa, Sonora, bajo las órdenes del coronel sinaloense Benjamín G. Hill.
Al triunfo de Francisco I. Madero, figuró como presidente municipal de El Fuerte, Sinaloa.
En respuesta inmediata al cuartelazo de Victoriano Huerta y los hechos sangrientos de la Decena Trágica en la capital, apoyó el constitucionalismo uniéndose al Plan de Guadalupe, proclamado por el gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza en contra del usurpador; fue aprehendido por las tropas federales huertistas, estando a punto de ser fusilado, pero fue salvado por sus correligionarios, quienes habían secuestrado a la familia del prefecto político Dionisio Torres, a la que utilizaron como rehén.
En 1914, Emiliano C. García tomó parte en los combates de Agua Prieta y Naco, Sonora. Dos años después, fue Presidente Municipal de El Rosario, Sinaloa, y en ese mismo año fue diputado al Congreso Constituyente de Querétaro, representando al V Distrito Electoral de Sinaloa.
Posteriormente fue senador de la República y diputado al Congreso de la Unión, formando parte de la XXVIII Legislatura.
Durante el régimen presidencial del general Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940), fue designado inspector de la Secretaría del Trabajo, cargo que ocupó hasta el 9 de noviembre de 1951, día en que falleció en Tlalpan, Distrito Federal.
Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.

Poeta, ingeniero militar, político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Pedro Rosendo Zavala nació en El Fuerte, Sinaloa, el 30 de junio de 1876. A los 18 años de edad, comenzó a escribir y publicar versos en los periódicos de El Fuerte, Culiacán y Mazatlán.
Según el historiador Héctor R. Olea, Zavala era un poeta parnasiano, elegante en la rima, cuidadoso de los moldes métricos, de inspiración profunda y un autodidacta de firme cultura. En los años noventa del siglo pasado escribió los siguientes poemas: Deseos, Rondel, Peregrinación, Ninón, Friolets, La tienda de los bohemios, Rumores (dedicado al poeta Salvador Díaz Mirón), y Símiles, todos ellos habían sido dedicados a su coterráneo y amigo Emiliano C. García, también diputado constituyente.
Zavala cobró fama además en la prosa, al publicar varias narraciones y uno de sus cuentos fue premiado en un certamen literario convocado por la antigua revista de El Universal.
Cuando el general Bernardo Reyes organizó a principios del siglo las milicias cívicas, el joven Pedro Rosendo Zavala se incorporó a ellas y alcanzó después el grado de capitán en el ejército mexicano. Posteriormente hizo estudios de topografía en el Heroico Colegio Militar, egresando como ingeniero militar.
Se afilió al Plan de San Luis, firmado por don Francisco I. Madero, y al triunfo de esa gesta revolucionaria resultó electo diputado por el Distrito Electoral de El Fuerte, formando parte de la histórica XXVI Legislatura de la Nación, siendo compañero de bancada de otro distinguido constituyente sinaloense don Carlos M. Esquerro.
En la cámara de diputados sus compañeros consideraron a Pedro Rosendo Zavala poseedor de uno de los ingenios más finos y sagaces, en tanto que en los debates polémicos se caracterizó por ser astuto y observador. Se cuentan de él numerosas anécdotas. El diputado Zavala hizo célebre la siguiente intervención en la tribuna parlamentaria, la cual fue tomada del Diario de los Debates por don Héctor R. Olea:
“Me permití pedir ayer respetuosamente a la Mesa separarse los dictámenes cuya aprobación se consultaba…” (voces: ¡a la tribuna! El ciudadano diputado pasa a la tribuna). “Señores diputados: Parecíame haber observado en el curso de este período de sesiones, que cada uno de los oradores que subía a la tribuna sufría una transformación, y hoy, por el respeto a la emoción que sobrecoge a mi espíritu, creo haber estado en lo justo. Desde aquí, desde lo alto de esta tribuna, las cosas y los seres cambian de aspecto (risas). Aquí, en esta tribuna, se han operado metamorfosis notables. Su señoría, el señor diputado Querido Moheno, llegando aquí, se transforma en ingenuo, ahí abajo es cínico.” El ciudadano presidente: llamó al orden al ciudadano Zavala. “El ciudadano Zavala: hago notar a la presidencia que me llama al orden, que no hago más que repetir textualmente lo que el señor Querido Moheno ha dicho aquí al decir que el cinismo y la ingenuidad, en lo alto de esta tribuna, a veces se confunden. En esta tribuna se verificó otra transformación, la del honorable y distinguido diputado (José María) Lozano; vino aquí a cantar su canto del cisne, su canción más bella, y resultó un De profundis para la credencial de Manuel Sierra”. (aplausos).
“Efectivamente, señores, esta tribuna se eleva, se eleva sin cesar; ya está a la altura de la clave de ese arco, donde resplandece la palabra Ley; va más allá; es una cima luminosa; mis ojos se deslumbran de radiante claridad, mi espíritu se sobrecoge por el silencio profundo que me rodea” (risas).
“Y allá, en la planicie donde los hombres moran y se agitan; distingo algo que se mueve: es una serpiente, y voy a bajar a combatirla, puesto que ella no puede levantarse hasta esta tribuna. Desciendo, pues, y después desde mi curul combatiré el dictamen de la Comisión que permite al general Luna usar una condecoración al mérito militar extranjero y que en la historia se reproduzca el episodio glorioso que está grabado en nuestro Escudo Nacional: que el águila otra vez desgarre a la serpiente” (aplausos).
Años más tarde, Pedro R. Zavala secundó el Plan de Guadalupe proclamado por Venustiano Carranza en contra de Victoriano Huerta.
Zavala se destacó como un revolucionario de firmes convicciones, por lo que fue apoyado para representar a Sinaloa en el Congreso Constituyente de 1916_1917, celebrado en Querétaro.
De regreso a Sinaloa, desempeñó diversos cargos políticos, a los que agregó la actividad literaria, destacando como se ha dicho en la rama de la poesía.
Pedro R. Zavala murió de lepra y de congestión pulmonar en la ciudad de México a la una y veinte minutos del día 29 de abril de 1921. En su penosa enfermedad había sido atendido por su amigo y coterráneo el doctor Jesús Moncayo, en la casa que habitó marcada con el número 80 de la calle del Apartado, en la capital. Debido a las circunstancias de su muerte, todos sus papeles fueron arrojados a la hoguera, que según expresión de Olea: “Con sus llamas lloró el triste destino de aquel poeta”.
Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.

Revolucionario, político, escritor y diputado constituyente en 1916-1917. Cándido Avilés Inzunza nació en la ciudad de Culiacán, Rosales, Sinaloa, el 15 de abril de 1881. Sus padres fueron Víctor A. Avilés y doña María de Jesús Inzunza.

Cursó hasta el tercer año de secundaria en el Colegio Civil Rosales, actual Universidad Autónoma de Sinaloa, abandonando los estudios por urgencias pecuniarias y dedicándose al comercio en Mocorito.

Se incorporó al movimiento revolucionario de Francisco I. Madero en 1910, formando la Primera Guerrilla Montada de Angostura, Sinaloa, la cual integró con un grupo de amigos y compañeros que coincidían en los ideales sustentados por Madero. Al mando de la guerrilla y en unión a otras fuerzas rebeldes opositoras al porfirismo participó en la toma de la plaza de Culiacán defendida por el general Higinio Aguilar y el coronel Morelos en mayo de 1911.

Una vez finalizado este período de la Revolución Mexicana con el triunfo maderista, Cándido Avilés fue designado prefecto del distrito político de Mocorito en 1912.

A raíz de la zozobra y actos violentos que provocaron las gavillas integradas por antiguos soldados federales, el mayor Cándido Avilés las combatió con éxito desintegrando la banda de forajidos y salteadores de caminos llamada El Descarnado. Habiéndose separado del cargo de prefecto en ese año de 1912, con el fin de figurar como diputado al Congreso del Estado de Sinaloa. Sin embargo, al poco tiempo solicitó licencia al congreso local al ser designado por el gobernador del Estado prefecto en Mazatlán.

Como resultado de los eventos conocidos como la Decena Trágica, en febrero de 1913, cuando los soldados golpistas encabezados por Victoriano Huerta derrocaron y asesinaron al presidente Francisco I. Madero y a Pino Suárez, en Sinaloa fueron aprehendidos por fuerzas militares aliadas al usurpador Huerta el gobernador Riveros, Cándido Avilés, a la sazón prefecto de Mazatlán, el prefecto del distrito del Rosario, el secretario del ayuntamiento de Mazatlán, Andrés Magallón, y el recaudador de rentas del Estado Antonio Espinoza de los Monteros, siendo todos ellos enviados al puerto de Manzanillo, Colima en marzo de 1913, a bordo del vapor Guerrero, para ser confinados finalmente en el cuartel de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México.

En 1914, los cinco confinados se fugaron de la ciudad de México, la cual habían tenido como cárcel. Cándido Avilés trabajó como agente aduanal en Nogales, Sonora, antes de unirse al cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste, habiendo participado en el sitio y toma del puerto de Mazatlán en agosto de ese año, teniendo el nombramiento de Capitán Primero Ayudante del Primer Batallón de Sinaloa.

Posteriormente, Avilés fue nombrado tesorero de la Aduana Marítima de Mazatlán y luego presidente municipal del mismo puerto, pero sin tener funciones ejecutivas.

En el año de 1915, el Presidente Venustiano Carranza lo designó Administrador Principal del Timbre.

Por su condición de revolucionario, convicción sincera y cualidades políticas fue electo diputado por Sinaloa al Congreso Constituyente de Querétaro, el cual sesionó en los años de 1916 y 1917, mismo que aprobó la nueva Constitución General de la República Mexicana y donde don Cándido Avilés tuvo intervenciones destacadas en los debates en torno a los Artículos 56 y 115, referentes a la integración del Senado y al régimen de los Estados de la Federación, respectivamente. Destacándose en el debate sucedido en la tribuna del Congreso Constituyente la tarde del miércoles 24 de enero de 1917, cuya sesión giró alrededor del tema de la regulación de la Hacienda Municipal, punto que fuera recogido en la fracción II del Artículo 115 del proyecto de Constitución Política de la República, logrando en unión de los constituyentes Heriberto Jara, Esteban Baca Calderón, Hilario Medina y Manuel Rodríguez González, fincar las bases de la autonomía municipal.

Durante la presidencia de la República del general Álvaro Obregón, regresó a desempeñar el cargo de administrador del timbre en Mazatlán.

En 1922, fue candidato triunfador a diputado al Congreso de la Unión por el segundo distrito electoral, que comprendía Mazatlán y Cosalá.

En 1925, resultó electo regidor del municipio de Mazatlán y después se le nombró tesorero de ese municipio.

En 1928, fue designado recaudador de rentas en Cosalá. De 1929 a 1932, ocupó el cargo de subtesorero contador de la Tesorería General del Estado de Sinaloa.

En 1933, Cándido Avilés recibió de la Secretaría de Gobernación el nombramiento de director de la colonia penal de las Islas Marías.

En 1936, fue designado visitador de Hacienda y después recaudador de rentas en Mazatlán, hasta el año de 1937. Desde ese año hasta su muerte se dedicó a la agricultura, actividad que desarrolló en los campos cercanos a la ciudad de Culiacán.

En 1944, se le concedió una pensión vitalicia de trescientos pesos mensuales, al igual que a Emiliano C. García, y al licenciado Andrés Magallón, en mérito de los eminentes servicios prestados a la Nación, como Diputados que representaron al Estado de Sinaloa, en el Congreso Constituyente reunido en Querétaro en 1916_1917, según decreto número 560, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 93, de 10 de agosto de 1944.

A los 98 años de edad, fue galardonado con el Collar Hidalgo por el presidente de la República licenciado José López Portillo.

Don Cándido Avilés murió de un paro cardíaco en la ciudad de México el 4 de julio de 1980. De un total de 218 legisladores constituyentes de 1916-1917, fue el penúltimo de ellos en fallecer, pues el último fue don Jesús Romero Flores, quien murió a los 104 años de edad.

En sesión del Honorable Congreso del Estado de Sinaloa, celebrada el martes 8 de febrero de 1983, se acordó inscribir con letras de oro sobre el Muro de Honor el nombre de Cándido Avilés Inzunza, mediante decreto número 266 aprobado por unanimidad por la Qincuagésima Legislatura, mismo que fue publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 18 de 11 de febrero de 1983.

Periodista, político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Andrés Magallón Ramírez nació en Acaponeta, Nayarit, entonces perteneciente al estado de Jalisco, en 1882. Desde joven residió en Mazatlán, Sinaloa, donde desempeñó diversos oficios. Se afilió al movimiento maderista en 1910. Fue diputado suplente al Congreso del Estado y secretario del ayuntamiento de Mazatlán de 1911 a 1913. En este último año, asumió el puesto de secretario del Cuartel General de la Brigada Sinaloa.

Luego del golpe de Estado dirigido por Victoriano Huerta en contra del Presidente Francisco I. Madero, Magallón fue aprehendido y llevado a la ciudad de México donde fue encarcelado en el cuartel de San Pedro y San Pablo, donde estuvo a punto de ser fusilado.

De febrero a septiembre de 1914, Andrés Magallón recibió una comisión especial en la Secretaría de Gobernación del gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza.

Andrés Magallón militó bajo las órdenes del general Juan Carrasco y al cese de las hostilidades fue diputado por el segundo distrito de Sinaloa al Congreso Constituyente de Querétaro, desarrollado del primero de diciembre de 1916 a febrero de 1917, donde se opuso firmemente al proyecto de Constitución presentado por los carrancistas, participando en la redacción de los artículos 3o., 27, 123 y 130.

Después, de abril de 1917 a agosto de 1918, fue diputado al Congreso del Estado de Sinaloa, donde apoyó la aprobación de las leyes de las Juntas Municipales de Conciliación, de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje, de Enfermedades Profesionales y Accidentes de Trabajo, de Prevención Social, y la de Tierras Ociosas en el Estado.

Andrés Magallón posteriormente fue diputado en la XXVII Legislatura de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, asimismo, se desempeñó como senador por el Estado de Sinaloa en el período de 1920 a 1924, es decir, durante el gobierno del general Álvaro Obregón, propugnando la aprobación de la Ley de Ejidos. Se negó a firmar los tratados de Bucareli y ello significó un enfrentamiento directo con Obregón.

Apartado de las posiciones relevantes de la administración pública, ocupó diversos cargos públicos modestos en el Distrito Federal y en el Estado de Puebla. Asimismo fungió como juez de paz en la municipalidad de Tacuba. Ocupó el cargo de Secretario General del Gobierno del Estado de Sinaloa de 1940 a 1944, durante el período del coronel Rodolfo T. Loaiza.

Gestionó la construcción del Palacio Federal y el Muelle Fiscal de Mazatlán.

Asimismo, participó al lado de otro constituyente sinaloense -nacido en Culiacán, pero representante del Estado de Jalisco- Ignacio Ramos Praslow, en el movimiento político henriquista (1950-1952) y fue además secretario de la Asociación de Diputados Constituyentes.

Andrés Magallón Ramírez murió en la ciudad de México el 17 de noviembre de 1968.

Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.

Revolucionario, ingeniero militar, educador, gobernador interino del Estado de Sinaloa, fundador del Instituto Politécnico Nacional. Juan de Dios Bátiz Paredes nació el 2 de abril de 1890, en el pueblo de Sataya, cercano a la costa, actualmente Sataya de Bátiz, perteneciente a la sindicatura del mismo nombre del municipio de Navolato. Fue hijo de Juan de Dios Bátiz y Bátiz y de doña Isabel Paredes.
Desde muy pequeño fue llevado al mineral de San José de Gracia, en el actual municipio de Sinaloa, donde su padre Juan de Dios Bátiz y Bátiz fue designado Jefe Político. Su hermana Francisca estaba casada con el gobernador general Francisco Cañedo.
El niño Juan de Dios realizó sus estudios primarios en una pequeña escuela rural del mineral de San José de Gracia, siendo su primer maestro el profesor Miguel Gutiérrez. Entre hijos de mineros, tuvo sus primeras vivencias con herramientas y máquinas, expresión de una tecnología que significaba progreso y desarrollo en la vida del hombre productivo.
A la muerte del padre sucedida en San José de Gracia en 1896, la familia se trasladó a Culiacán, en donde Juan de Dios completó sus estudios básicos en la Escuela Oficial Normalista, que habían fundado los maestros Julio Jiménez Aldana y Agustín Blancas. De este centro escolar pasó al Colegio Rosales, donde cursó sus estudios preparatorios en los años de 1904 a 1908, siendo amigo y compañero de aula de Rafael Buelna Tenorio, el Grano de Oro de la Revolución Mexicana. Luego continuaría sus estudios profesionales en el Heroico Colegio Militar, en la ciudad de México, al que ingresó el 30 de diciembre de 1908, obteniendo el título de ingeniero militar años más tarde.
En 1912, siendo aún cadete, combatió la subversión de Pascual Orozco en Durango y Chihuahua, actuando bajo las órdenes del Mayor Juan S. Blake. Por méritos en campaña el presidente Francisco I. Madero lo ascendió a Teniente Táctico de Artillería en 1913.
Al poco tiempo, el oficial del ejército federal Juan de Dios Bátiz, ostenta el grado de Capitán Primero, gracias a haber alcanzado una alta capacitación técnica en el ejército que encabezaba el general Victoriano Huerta, cuando aún éste no cometía su alta traición al gobierno de Madero, materializada en la ola de sangre denominada más tarde La decena trágica y que conmovió profundamente al país entero.
En 1914, ante el horror que le produjo el crimen canallesco en las personas de Madero y Pino Suárez, el joven capitán abandona las filas del ejército federal y se une en el Teritorio de Tepic a la columna revolucionaria de su amigo y antiguo compañero de estudios Rafael Buelna Tenorio. En esa legendaria caballería que escribiera numerosas hazañas en las páginas de la historia de la Revolución, Juan de Dios Bátiz alcanza rápidamente el grado de coronel y se convierte en el Jefe del Estado Mayor de la temeraria y valiente Brigada Buelna.
En 1915, la Brigada Buelna toma Tepic y Juan de Dios Bátiz es designado comandante militar y gobernador del territorio de Tepic.
Una vez obtenido el triunfo de las fuerzas constitucionalistas en contra del dictador Victoriano Huerta, y desatada la lucha intestina entre los caudillos revolucionarios: Carranza, Villa y Zapata, Juan de Dios Bátiz se une al movimiento armado de Francisco Villa, siempre a lado del General Rafael Buelna.
El 20 de agosto de 1915, el revolucionario villista Juan de Dios Bátiz contrae matrimonio con Laura Pérez en Tepic, dos días después de haber combatido encarnizadamente en la Labor, al lado de su inseparable jefe el general Buelna, quien también se había desposado en ese mismo mes con Luisa Sarría, su prometida.
Poco después de defeccionar de las fuerzas villistas, desilucionados y cansados, Buelna y Bátiz huyen con rumbo a la frontera de E.U., acompañados de sus esposas. En tanto que el matrimonio Buelna viaja a Los Ángeles, California, donde permanecerá algún tiempo antes de emigrar a Cuba; Juan de Dios y Laura permanecen en El Paso, Texas, de 1915 a 1918. Ahí, Bátiz trabajó para la compañía Western Line, y transcurrido ese tiempo, ambos regresan a nuestro país para fijar momentáneamente su residencia en la zona fronteriza de Baja California Norte, lejos del alcance de una probable venganza de Francisco Villa. Ahí, Juan de Dios conoció al gobernador de Baja California, quien lo invita a trabajar en la construcción de la carretera de terracería Mexicali_Ensenada a principios del año de 1916.
Al tiempo, Juan de Dios Bátiz regresó a Culiacán, Sinaloa, donde fungió como profesor de matemáticas en la Universidad de Occidente [actual Universidad Autónoma de Sinaloa] durante el rectorado del doctor Bernardo J. Gastélum; asimismo, fue Regidor en el Cabildo Municipal de Culiacán; diputado en el Congreso del Estado de Sinaloa, por una sola vez; diputado federal por tres ocasiones, teniendo oportunidad de promover varios proyectos de ley que fructificaron, entre esas iniciativas destacan la Ley sobre Inamovilidad y Escalafón del Profesorado de las Escuelas Postprimarias dependientes de la Secretaría de Educación Pública.
En 1925, siendo diputado federal, le tocó atender personalmente a una misión parlamentaria proveniente de Japón, con cuyos miembros sostuvo una larga y afectuosa relación por correspondencia durante varios años. Esa amistad la comprobó su hija Yolanda _casada con el Dr. Eduardo Hay_ muchos años después en un viaje de turismo efectuado a ese país.
Al año siguiente, Bátiz es designado primer ingeniero de la Comisión Agraria Mixta, dependencia donde se tramitaron en primera instancia los expedientes de solicitudes de restitución y dotación de tierras por parte de los campesinos sinaloenses. Asimismo, se convierte en promotor y ejecutor de importantes obras de ingeniería civil en Culiacán y en Hermosillo, Sonora. Además, en Sinaloa durante ese año de 1926, el ingeniero Bátiz realiza estudios hidrográficos previos para la construcción de una presa en donde se instalaría luego una de las primeras hidroeléctricas. Proyecto que lamentablemente fue suspendido.
Cuando el general Plutarco Elías Calles regía los destinos de la Nación con mano de hierro, en Sinaloa la Trigésima Primera Legislatura del congreso local acuerda el desafuero del gobernador Alejandro R. Vega, y en su lugar asume el poder el ingeniero Juan de Dios Bátiz el 15 de septiembre de 1926, con el carácter de Gobernador Constitucional Interino del Estado, cargo que ocupa alternadamente hasta el 16 de noviembre de 1927. Pues, en el interín el licenciado Francisco B. Gutiérrez es designado Gobernador Provisional del 9 al 21 de octubre de 1926 (por primera vez); del 17 al 23 de febrero de 1927 (por segunda vez), y del 29 de agosto al 8 de septiembre de 1927 (por tercera vez).
Durante su gestión gubernamental _que dura aproximadamente un año y dos meses_, el ingeniero Bátiz efectuó algunas obras de importancia en beneficio de la comuna, no obstante el ambiente político caldeado que imperaba en Sinaloa y que era alimentado sobre todo por las diferencias que existían con los simpatizantes y seguidores del depuesto gobernador Alejandro R. Vega.
Una de las obras materiales que Bátiz entregó a los ciudadanos de Culiacán y que aún se levanta para beneficio de las familias más necesitadas que no están protegidas por el régimen de seguridad social, es el Hospital Civil, ubicado en la colonia Gabriel Leyva; fue el primer centro hospitalario (no religioso) que funcionó en la ciudad y que vino a llenar un gran vacío. Desde su fundación esta noble institución de salud ha cumplido una función primordial invaluable en la atención médica y hospitalaria de personas de escasos recursos económicos, provenientes en su gran mayoría de los pueblos marginados de la sierra.
Otra obra realizada durante su breve período de gobierno, fue el deslinde y la expropiación de tierras, trabajo realizado para la construcción de la estación del ferrocarril en Verdura, municipio de Sinaloa, y que vino a convertirse de hecho en el primer piggy_back destinado al envío de los productos hortícolas de la región con destino a la frontera con E.U.
Además, con un gran sentido de justicia social, Bátiz promulga un decreto por el cual se establece la jornada laboral de ocho horas como máximo, que benefició a obreros, jornaleros agrícolas, oficinistas y empleados de comercio.
Sin embargo, es necesario aclarar que el ingeniero Bátiz Paredes no fue el autor del proyecto de crear la Preparatoria de Mazatlán, pues él tomó posesión como titular del Poder Ejecutivo un mes después de que se expidiera el decreto por el cual se le dio formalidad a esa institución educativa de larga tradición en Mazatlán (agosto de 1926). En ese recinto, años más tarde impartirían clases connotados maestros entre los que figuraron el Dr. Bernardo J. Gastélum y el popular Chas Quinty. Décadas después, la Preparatoria de Mazatlán sería primero incorporada a la Universidad de Sinaloa y más tarde fusionada a la Universidad Autónoma de Sinaloa, denominándose Preparatoria Rosales.
Después del breve período de interinato en el Gobierno del Estado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación otorgó el amparo _con tardía justicia_ a don Alejandro R. Vega, que había sido destituido del cargo de gobernador por el callismo. Por lo que asume el cargo como Gobernador Provisional el profesor farmacéutico Manuel Páez y son desaforados los diputados de la Legislatura local: Lic. Francisco B. Gutiérrez [el mismo que había suplido las ausencias temporales de Bátiz], asimismo, el Lic. Jesús M. Guémez y J. Trinidad Rodríguez. Y son obligados a presentar sus renuncias los diputados Fernando V. Delgado y el Dr. Benjamín Salmón; en tanto que los ayuntamientos que no eran adictos al general Álvaro Obregón también son suspendidos.
El Ing. Juan de Dios Bátiz fue también Senador por nuestro estado, en cuya cámara llegó a pronunciar encendidos discursos. También en su largo y extenso curriculum vitae se menciona que ocupó el puesto de Gerente General en la empresa “Eureka” (distribuidora de materiales para construcción); igualmente se menciona ahí que fue Jefe Administrativo de la Secretaría de Gobernación, y Director de Previsión Social de la Secretaría del Trabajo.
De 1928 a 1934, Bátiz ocupa diversos puestos de importancia dentro de la administración pública, pues es Jefe de la Oficina Federal de Hacienda en Salina Cruz, Oaxaca; asimismo, pasa a ocupar el cargo de Jefe de los Almacenes del Departamento del Distrito Federal; luego es Tesorero del Comité Nacional del Partido Nacional Revolucionario [antecesor del PRI]; Jefe del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial de la SEP, por dos ocasiones.
En 1935, Bátiz ocupa por segunda ocasión el puesto de Jefe del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial de la SEP, pero esta vez gracias a su estrecha amistad con el Presidente de la República general Lázaro Cárdenas del Río [quien lo había propuesto originalmente para Subsecretario de Educación Pública]. Desde esa posición modesta, se da a la tarea de conformar un gran equipo humano integrado por el Profr. Luis Enrique Erro, Lic. Narciso Bassols, Ing. Carlos Vallejo Márquez, Ing. Wilfrido Massieu, Ing. Miguel Bernard, Profr. Miguel Othón de Mendizabal, Dr. Ignacio Millán Maldonado, Profr. Diódoro Antúnez, Leopoldo Ancona y otros destacados técnicos mexicanos, quienes pusieron todo su esfuerzo, dedicación y experiencia para sentar las bases sólidas de la enseñanza técnica profesional que estaba requiriendo urgentemente el desarrollo de nuestro país.
Como resultado de esos estudios de planeación educativa, en 1937 surge el Instituto Politécnico Nacional (IPN), fruto de un magno proyecto, sumamente ambicioso, que reunió en una sola institución las diversas carreras técnicas que se encontraban dispersas, desatendidas, mal ubicadas y aisladas completamente del contexto nacional y de toda la problemática que intentó resolver entonces el cardenismo; así pues, como resultado de ello la ESIME, la Escuela Técnica de Maestros Constructores, la carrera de constructores, contabilidad, mecánica y otras más son concentradas en el Politécnico Nacional.
El 7 de octubre de 1977, a los 87 años de edad, la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión le otorgó al ingeniero Juan de Dios Bátiz Paredes la medalla Belisario Domínguez, alta distinción que también había sido entregada anteriormente a otros tres sinaloenses. En esa memorable ocasión Bátiz expresó: La acepto porque sé que es para el Politécnico… sólo vale la pena vivir o morir, si se vive o se muere por la Patria. Yo no tuve el honor de morir por ella, pero he intentado servirla durante toda mi vida.
Antes de morir en la ciudad de México el 20 de mayo de 1979, había expresado lo siguiente: El Politécnico fue mi ilusión y su presencia ha sido mi compañera en esta vida que ha de terminar tranquila y en paz.
El Congreso del Estado de Sinaloa autorizó al gobierno de la entidad para que en nombre del pueblo y de los poderes de Sinaloa donara al Instituto Politécnico Nacional una estatua de su fundador, según decreto 201, publicado en el P. O. “El Estado de Sinaloa”, número 80 de 4 de julio de 1980.
Posteriormente la LIII Legislatura acordó se inscribiera con letras de oro en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Palacio Legislativo el nombre de Juan de Dios Bátiz. Decreto 211, publicado en el P. O. “El Estado de Sinaloa, número 30 de 11 de marzo de 1991.
Un puente que cruza el río Tamazula en la ciudad de Culiacán lleva su nombre. En su pueblo natal, el 3 de abril de 1997, con motivo del 107 aniversario de su natalicio, se develó un monumento dedicado a la memoria del fundador del Instituto Politécnico Nacional.

Historiador y escritor. Nació en la ciudad de Culiacán el 13 de junio de 1911. Sus padres fueron Kami Shiru Nakayama, ingeniero metalúrgico de origen japonés y María Dámaso Arce, de ascendencia mexicana. Su abuelo materno fue don Severiano Arce, un políglota excepcional e incansable lector nativo de Sinaloa.
En Culiacán cursó los estudios elementales en la escuela de párvulos y luego en la escuela primaria Lic. Benito Juárez, donde permaneció de 1918 a 1923. Durante sus años transcurridos en la escuela elemental tuvo como maestros a Mariana Rodríguez, Trinidad Dórame y Víctor Ríos.
Ingresó a la escuela secundaria del Colegio Civil Rosales, donde se formó al lado de otros inquietos escritores sinaloenses. Su mejor amigo de esa época fue Enrique Félix Castro, El Guacho, primero compañero de juegos en la infancia y después condiscípulo en el Colegio y, más tarde socio en las aventuras culturales y políticas que emprendieron junto a otros miembros destacados de la legendaria Generación del 29. Como cuando se constituyó el malogrado Instituto de Estudios Económicos y Sociales del Estado de Sinaloa, creado bajo la rectoría de El Guacho en los portales del Club Social Campestre de Mocorito en abril de 1949, participando de la inquietud espontánea de elaborar de manera adelantada todo un programa para el Gobierno del Estado de Sinaloa, sexenio de 1951_1957, pensando que el candidato a la gubernatura sería Enrique Riveros y no el Lic. Enrique Pérez Arce, tal como lo explica otro miembro distinguido de ese selecto grupo, el Lic. Francisco Gil Leyva: […] _quisimos_ que la Administración Pública dejara de ser una serie de acuerdos y disposiciones dictados al azar, a vuelta de rueda en el automóvil, a la sombra de un huanacaxtle, al apretón de manos, a lo tornadizo de un estado de ánimo, al favor hecho al compadre, a la concesión otorgada al amigo de añeja amistad.
Nakayama desde su época juvenil manifestó una clara vocación democrática y cristiana; asimismo, resalta su membresía al Comité Estatal Sinaloense de Lucha contra el Nacional Socialismo, durante la Segunda Guerra Mundial. Además fundó y presidió la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, en Sinaloa.
En esa primera etapa de su vida, Nakayama trabaja como obrero en el ingenio azucarero de Los Mochis y se desempeña también como jefe de crédito de la sociedad financiera Crédito Industrial y Agrícola del Noroeste.
En plena Segunda Guerra Mundial, Nakayama inició su carrera de investigador. En esa etapa formativa (1939_1950), es cuando este hombre emerge como historiador, siendo notario parroquial en la Catedral de Culiacán, donde por encargo de las autoridades eclesiásticas se encontraba entregado a la tarea paciente de organizar los viejos y carcomidos libros de registro y el Archivo de la Sagrada Mitra (del Obispado de Culiacán), que hasta entonces habían estado completamente abandonados. Su primera obra fue El Ilustrísimo Sr. Lic. Lázaro de la Garza y Ballesteros, sexto obispo de Sonora e impulsor de la cultura del Noroeste (semblanza biográfica, León, Guanajuato 1942). En ese su primer texto ya encontramos algunos rasgos sobresalientes de la personalidad del autor, como son su acendrada paciencia y acuciosidad para investigar. Además, en esta primera etapa publica Historia del obispado de Sonora (Culiacán, 1950).
Durante la segunda etapa de la vida de Nakayama (1951_1963) se destacan las relaciones de amistad que sostuvo con varios escritores y políticos sinaloenses. Es una época bonancible y relativamente generosa para Sinaloa en manifestaciones culturales que se desarrollan durante la década de los cincuentas y principios de los sesentas. Es cuando Nakayama mantiene una estrecha amistad con el abogado, político, prosista y poeta, licenciado Clemente Vizcarra Franco, quien además le proporciona el apoyo necesario para continuar con sus investigaciones, incluso en los momentos más difíciles de su vida. Gracias a ese apoyo, Nakayama tuvo la oportunidad de incursionar en la política local, pues fue asistente eficaz del licenciado Vizcarra cuando éste aspiró a la senaduría y a la diputación federal; y cuando aquél fue designado Oficial Mayor de Gobierno, al inicio del sexenio del gobernador de Sinaloa licenciado Enrique Pérez Arce (1951_1956), Nakayama lo siguió para ocupar el puesto de Oficial Primero, y por ministerio de ley los cargos de Oficial Mayor y Secretario General de Gobierno. Igualmente, gracias a la influencia política del licenciado Vizcarra, Nakayama fue designado Secretario de la Comisión de Límites del Gobierno del Estado de Sinaloa, la cual estuvo integrada por eminentes juristas de la localidad.
En esta etapa fructífera publica: Documentos para la historia del Rosario, Sinaloa (Culiacán, 1955); Exposición que sobre las provincias de Sonora y Sinaloa escribió su diputado Carlos Espinoza de los Monteros (anotada por él mismo, Culiacán, 1957); Homenaje al pensamiento liberal mexicano (en colaboración con Erasto Cortés Juárez, Culiacán, 1957); Calendario cívico de Sinaloa (Culiacán, 1958); Héroes de la patria (en colaboración con Erasto Cortés Juárez y Ricardo Cortés Tamayo, 1960); El Sr. Gral. de Div. Teófilo Álvarez Borboa (Culiacán, 1962), y “Urdiñola en Sinaloa”, en Humanitas (Monterrey, 1963).
Fue profesor fundador de la asignatura de Historia de Sinaloa en la escuela Normal del Estado, así como Director fundador del Museo Regional de Sinaloa y Biblioteca Pública del Estado [ubicado en el Centro Cívico Constitución de la ciudad de Culiacán], desde 1958 hasta 1963.
Es precisamente en el año de 1963, cuando se inicia la tercera etapa de la vida de Nakayama: la del errante y luego la de su exilio en Sonora (1963_1969). Pero antes fue becario del Departamento de Estado del gobierno de Los Estados Unidos de América en 1964, cuando recibió la comisión de organizar el archivo de la época colonial que posee la Biblioteca Bancroft, de la Universidad de California, en Berkeley; igualmente realizó algunas labores en el archivo histórico de la Universidad de Arizona, en Tucsón, en ese mismo año.
En Hermosillo, Sonora, había encontrado refugio gracias a don Fernando Pesqueira, quien siendo Director del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, lo invitó a colaborar a su lado, cediéndole de manera generosa el puesto de Director de la Biblioteca Central de ese centro de estudios superiores (1964_1969).
Durante esos años de exilio en Hermosillo, gracias a su sólida preparación autodidacta, fue invitado a formar parte del Consejo Académico de la Universidad. Y entre sus actividades de historiador y director de la biblioteca y museo, supo cultivar lazos de amistad entre los jóvenes estudiantes. Participó en los cafés literarios efectuados en la librería universitaria, donde contribuyó con gran voluntad y sensibilidad en esa ardua y paciente empresa de contribuir a elevar el nivel cultural de los sonorenses en diversos temas: desde El Hai Kai, revelación de la poesía japonesa; El jazz, sus creadores e intérpretes; Oración por un gigante (en memoria del Padre Eusebio Francisco Kino), hasta otros sobre aspectos variados de la historia de la región del Noroeste. Es en esa época de su existencia cuando trabaja en la Relación de Antonio Ruiz (La Conquista del Noroeste) y en la traducción del inglés del ensayo publicado en Iberoamericana: Aztatlán, mexican prehistoric frontier on the Pacific coast, de Carl Sauer y Donald Brand.
En 1967, organiza _como parte de los festejos con motivo del XXV aniversario de la UNISON_ la primera Feria del Libro y el Periodismo del Noroeste, mientras batallaba con su ya habitual e implacable enemigo: la diabetes, obligándolo a abandonar diariamente su refugio en el segundo piso del museo y biblioteca, donde vivía, para ir a recibir las dosis de insulina.
En 1969, Antonio Nakayama retorna a Culiacán _por así requerirlo la salud de su esposa Rosa Jiménez_ y es cuando por disposición del Gobernador del Estado, Lic. Alfredo Valdés Montoya, se le reinstala en su puesto de Director del Museo Regional y Biblioteca [ubicado en el Centro Cívico Constitución], iniciándose así la cuarta y última etapa de la vida fructífera del historiador y escritor (1969_1978).
Gracias a los buenos oficios de sus amigos es nombrado Cronista de la ciudad de Culiacán por parte del ayuntamiento, sin embargo no transcurre mucho tiempo cuando otra vez es despedido.
En esta etapa aparecen sus libros Pioneros sinaloenses en California (Culiacán, 1970); Juárez, rumbo y señal de Sinaloa (Culiacán, 1973); Culiacán, crónica de una ciudad (Culiacán, 1973), y publica además la Relación de Antonio Ruiz (La conquista en el Noroeste) (México, 1974); Sinaloa: el drama y sus actores (México, 1975), y Sinaloa, un bosquejo de su historia (Culiacán: Congreso del Estado, 1982), entre otras obras y ensayos. Además, colaboró en la Enciclopedia de México, escribiendo los artículos relativos a la ciudad de Culiacán, municipio de Culiacán, y Estado de Sinaloa.
Don Antonio Nakayama murió en la ciudad de Culiacán el 4 de abril de 1978, víctima de la diabetes, complicada con flebitis y bronquitis. Antes de morir, había expresado: Vélenme en mi casa; … mis libros, la única herencia que les dejo.
El 7 de abril de ese año, en su memoria, el doctor Enrique Peña Gutiérrez escribió: […] historiador ahíto de sombras, perdido en las cuevas de los archivos parroquiales o en los polvosos rincones de las bibliotecas públicas y privadas. De ese señor don Antonio hablarán las crónicas presentes y las venideras, tanto de aquellos que le envidiaron y le cerraron el paso (trataron) al reconocimiento público, como las de los que ahora se barnizan con el remordimiento de una esquela participadora de algo que pasó, a alguien de quien oyeron decir, que vivió y murió envuelto en el manto de una ya rara dignidad y que entregó a su solar, a Sinaloa, el alfabeto de su pasado histórico, la piedra angular de un nuevo presente y un ejemplo sin recámaras para los que algún día aplicarán mente y corazón a la enseñanza y al estudio y a la obligación de ser hombres […] Yo quiero recordar al muchacho rosalino, fiel exponente de su época, sacudido como nosotros por las explosivas algaradas estudiantiles en apoyo a la solar aventura de la Generación del 29. Un Toño Nakayama igual a los jóvenes de todos los tiempos, con la rebeldía constructiva capaz de marcar rastros en el aire o de sembrar nenúfares en las rocas […]
Antonio Nakayama se ha convertido en el arquetipo consciente y más modesto de los cronistas e historiadores anteriores a la disciplina como ciencia social, que sin considerarse dentro de los teóricos que han enriquecido con sus aportaciones el aparato metodológico de la historia regional, ha marcado el rumbo, menos tortuoso, a las nuevas generaciones de historiadores locales en el trabajo de reconstruir nuestro pasado.
Hoy, la obra de Nakayama resplandece en medio de este fluyente río de cronistas e historiadores locales _como lo escribiera alguna vez el profesor Juan Macedo López_ que intentan, a su modo, seguirle los pasos relatando, interpretando o reinterpretando los hechos para que poco a poco se vayan configurando los mapas y bitácoras que describen los períodos, los protagonistas y las instituciones que habían permanecido ocultos u olvidados.
A partir de las contribuciones de Antonio Nakayama se han establecido lineamientos y pistas para la consulta posterior de archivos y repertorios bibliográficos, fuentes primarias que son la materia prima imprescindible que utiliza el historiador.
Por decreto número 72, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa. número 56 Bis, de 9 de mayo de 1984, se exhumaron los restos de don Antonio Nakayama Arce en el Panteón Civil de Culiacán, llevándose a cabo su inhumación en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa.
El 7 de junio de ese mismo año, fecha en que se celebra el día de la libertad de expresión, en sesión solemne el Congreso del Estado de Sinaloa impuso y develó en letras doradas el nombre del historiador Antonio Nakayama Arce al igual que el de José C. Valadés en el Muro de Honor del Salón de Sesiones, ello en cumplimiento al decreto Número 52, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, Número 44 del 11 de abril de 1984.

Periodista de combate, historiador, diplomático y catedrático universitario. José Cayetano Valadés Rocha nació el 1 de diciembre de 1901 en Mazatlán, Sinaloa. Fue hijo del periodista Francisco Valadés Félix, editor del periódico El correo de la tarde, y sobrino nieto de otro apóstol del periodismo de combate que se practicaba en Mazatlán: José Cayetano Valadés, ambos opositores a la dictadura porfirista y cañedista.

El padre de José, era hijo del médico Juan Jacobo Valadés, uno de tantos valientes defensores del puerto de Mazatlán durante el ataque del ejército expedicionario francés durante la guerra de intervención. Además, en calidad de médico auxilió a la población civil a resistir las epidemias a la que el puerto era tan vulnerable a fines del siglo XIX, dada la carencia de médicos, hospitales y medicinas. Juan Jacobo tenía una acendrada formación liberal, semejante a la de su hermano José Cayetano Valadés, director de La Tarántula, asesinado en Mazatlán en 1879 por órdenes del gobernador Francisco Cañedo en virtud de las críticas agresivas que hacía al régimen porfirista.

Francisco Valadés Félix recogió la antorcha de su tío José Cayetano y en reuniones que organizó en su hogar, en el puerto de Mazatlán, fustigó con la fuerza de sus ideas al viejo régimen que se resistía a aceptar como legítimo el pensamiento de los sinaloenses que se rebelaban en contra de Porfirio Díaz y de sus seguidores incrustados en las esferas del poder. A estas tertulias convocadas para hombres libres y pensantes asistían los escritores Heriberto Frías, Amado Nervo y José Juan Tablada, entre otros. Fue en una de esas reuniones clandestinas donde Francisco Valadés Félix sentenció: Frente a una dictadura sorda, con la imbecilidad que le confiere el prolongado uso y abuso del poder, que sólo reacciona a la fuerza, vamos creando esa fuerza fortaleciéndola con nuestras ideas que no deben cobijarlas cuatro paredes; vamos a editar un periódico que las propague al pueblo. Fue así como nació El correo de la tarde, periódico de combate que se editó en Mazatlán y elaborado en la imprenta de Miguel Retes. Desde su primer número, con Heriberto Frías de director, el periódico se convirtió en vocero del liberalismo sinaloense y enemigo de la dictadura porfirista.

A la muerte de Francisco Cañedo, el rico hacendado Diego Redo _apoyado por Ramón Corral y José Ives Limantour_ trató de prolongar el viejo régimen en Sinaloa, sin embargo, se alzó en abierta oposición el licenciado y periodista José Ferrel Félix, primo hermano de Francisco.

El correo de la tarde fue un auténtico bastión durante la campaña política emprendida por el ferrelismo, pero la fuerza del engaño heredada de Cañedo facilitó el fraude electoral, y de esa forma Diego Redo fue declarado gobernador de Sinaloa el 27 de septiembre de 1909, sin embargo, resultó efímero su triunfo, pues renunció el 21 de mayo de 1911, cuando el país ardía en llamas en plena revolución maderista.

Francisco Valadés Félix mantuvo su trinchera activa por varios meses, a pesar de la abierta hostilidad y acoso del gobierno de Redo, pero finalmente fue superado por sus enemigos y abandonó Sinaloa. Años más tarde, con el advenimiento del régimen encabezado por Madero, Valadés vive de cerca los acontecimientos sucedidos en la ciudad de México, a donde había ido a residir en compañía de su familia y a continuar trabajando en favor de la instauración de la democracia para el pueblo mexicano, sin embargo al poco tiempo muere repentinamente a la edad de 36 años.

José C. Valadés Había hecho sus estudios primarios en su ciudad natal y los secundarios en el Saint Vicent College, en Los Ángeles, California. Posteriormente, en la ciudad de México cursó estudios profesionales en la Escuela Nacional de Homeopatía.

Valadés fue un autodidacta y un asiduo lector desde joven. A la muerte de su padre, heredó la profesión de periodista combativo. Recogió la tradición familiar y se convirtió en periodista tenaz y temerario, al igual que su padre y su tío abuelo. Se convirtió en un enemigo jurado de toda forma de opresión emanada de un falso ejercicio del poder público. El joven rebelde participó en la formación de distintas organizaciones sociales de corte radical. Figuró entre los fundadores del grupo de jóvenes igualitarios que se dio a conocer en enero de 1920, asimismo fue fundador y director del periódico Juventud Mundial, órgano de la Fundación de Jóvenes Igualitarios. Fue promotor de la organización Juventud Comunista Mexicana (agosto de 1920); Secretario General de la Confederación General de Trabajadores (1921) y Secretario del Buró Latinoamericano de la Tercera Internacional (1922); separándose del Partido Comunista Mexicano en 1925. Asimismo, Valadés fue uno de los dirigentes de la huelga de inquilinos de la ciudad de México. Habiéndose incluso convertido años más tarde en el alma de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, movimiento político que apoyó la candidatura presidencial del general Miguel Henríquez Guzmán.

Publicó revistas y periódicos donde manifestó su avanzada vocación revolucionaria. Fue director de la revista Hoy, donde publicó el 21 de septiembre de 1940, una entrevista que le había hecho al general Manuel Ávila Camacho, candidato a la presidencia por el Partido de la Revolución Mexicana. Fue secretario particular de Ezequiel Padilla en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1940_1942).

Regresó a Mazatlán donde editó El correo de occidente (1942_1945), empresa que tuvo una gran importancia en el periodismo sinaloense, pues incorporó técnicas modernas en la impresión y redacción de un diario, quitándole a los periódicos sinaloenses la característica de su vacuidad.

A raíz de que Valadés sostuvo una enconada campaña en las páginas del periódico contra el gobernador de Sinaloa general Pablo Macías Valenzuela, se clausura El correo de occidente. El general había sido acusado por José C. Valadés de haber sido el autor intelectual de la muerte del gobernador coronel Rodolfo T. Loaiza.

Fue director del semanario Ya (del 1 de marzo al 7 de agosto de 1946), opuesto a la candidatura de Miguel Alemán. Fue profesor de la UNAM (1941_1959). Secretario General de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (1946).

En razón de que el presidente de la República licenciado Miguel Alemán Valdés (1946_1952) supo valorar las virtudes del autor de El Porfirismo, Valadés fue nombrado ministro plenipotenciario en Líbano, Siria e Irak (1951_1953); Colombia (1953_1956); Uruguay (1956_1957); Portugal (1963_1966), y en Marruecos (1966).

Fue además profesor de Historia de México en la Escuela Nacional Preparatoria y en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México. En esta última institución, en 1948 inició el primer curso que se haya impartido sobre la historia de las ideas políticas de México en el siglo XIX.

Valadés fue un expositor notable más que un orador, un crítico sagaz, profundamente interiorizado en los secretos de la política mexicana del siglo XIX. La vida de este infatigable investigador de nuestra historia nacional recuerda una faceta de la personalidad de don Manuel Orozco y Berra, cuando decía hablando de sí mismo: Si tengo pan, no tengo tiempo para escribir la historia, y si tengo tiempo para escribirla carezco de pan.

José C. Valadés fue poseedor del carácter que identifica al luchador que no se doblega fácilmente; vivió momentos de intenso dramatismo. Jamás quiso enlodar su dignidad de escritor para defender ideas contrarias a sus convicciones. Se negó a escribir una sola línea en contra de su firme conciencia de historiador. El investigador se dedicó al estudio de tópicos histórios del siglo XIX, temas que constituyeron el objeto de sus predilecciones durante su vida.

José C. Valadés es uno de los historiadores mexicanos en quien vemos más acentuados los rasgos de la mexicanidad. Describió la vida y obra de personajes difíciles de juzgar como Lucas Alamán, Porfirio Díaz, Antonio López de Santa Anna y Melchor Ocampo.

El apego de Valadés por las ideas liberales no es una tesis de partido, sino una resultante social. Por eso sí elogia el esfuerzo de los grandes caudillos del liberalismo, y sabe apreciar también a los directores del conservadurismo:

No se presentan en tales días más que dos caminos: el de construir un estado mexicano como base de la nacionalidad, o el de continuar en los aleteos de la buena ventura. Pudo hallarse un tercero, el del entendimiento. Mas a la mitad del siglo pasado todavía no ha llegado la hora de conquistar el desierto. Las entelequias de Alamán y de Ocampo, eran bellas; pero inestables imágenes. Por lo mismo sus riñas en vez de avergonzarnos y desunirnos nos embelesan y nos traban. Sin aquellas batallas del siglo XIX, que eran hipos de la miseria y no sevicia de la ruindad, hubiésemos seguido en las deliberaciones y disputas del proyectismo y continuaríamos ajenos a la grandeza ganada en los páramos.

De su prolífica y vasta obra escrita destacan: Revolución social o motín político (1922); La burla política (1925); Apuntes sobre Miguel Bakunin (1926); Orígenes del movimiento obrero en México (1927); Bibliografía del anarquismo en México (1927); Las memorias de don Adolfo de la Huerta (1930); Santa Anna y la guerra de Texas (1936, 2da. edición en 1951); Las caballerías de la revolución (Hazaña del general Rafael Buelna) (1937); Alamán, estadista e historiador (1938); Topolobampo, la metrópoli socialista de occidente (1939); El porfirismo, historia de un régimen (3 vols.) (1941_1948); José María Gutiérrez de Estrada (1943); Breve historia de la guerra con los Estados Unidos (1947); Anotaciones a las noticias acerca del puerto de San Francisco, de frayMartín de Landaeta (1949); Breviario de historia de México (1949); Don Melchor Ocampo, reformador de México (1954, 2da. edición 1972); Apuntes sobre la expedición de Baja California (1956); El pensamiento político de Benito Juárez (1957, 2da. edición 1972); Imaginación y realidad de Francisco I. Madero (2 vols.) (1960); Apuntes para la historia de la litografía en México (1963); Historia general de la Revolución Mexicana (10 vols.) (1963_1965); México, Santa Anna y la guerra de Texas (1965); El presidente Ignacio Comonfort (1966); Mis confesiones (1966); Introducción a la obra de Daniel Thomas Egerton; Historia del pueblo de México, desde sus orígenes hasta nuestros días (3 vols.) (1967); Notas sobre el socialismo en México durante el siglo XIX (1968); El presidente de México en 1970 (1969); Breve historia del porfirismo, 1876_1921 (1971); Orígenes de la República Mexicana (1972); Brevísima historia de México (1975); El porfirismo y la revolución (6o. Tomo de la obra general de México a través de los siglos) (1975), y Maximiliano y Carlota. Historia del segundo imperio (1976).

José C. Valadés murió en la ciudad de México, el 24 de enero de 1976.

El 7 de junio de 1984, día en que se celebra el día de la libertad de expresión, el Congreso del Estado de Sinaloa develó en letras doradas su nombre en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, de conformidad al decreto número 73, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, Núm. 56 Bis de 9 de mayo de 1984, con Fe de Erratas en el P. O. Núm. 66 de 1 de junio de 1984.

Periodista, poeta, novelista, historiador y diplomático autor de la doctrina internacional conocida por su apellido paterno.

Genaro Estrada Félix nació en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, en una casona de dos pisos ubicada contraesquina de la plaza Machado, el 2 de junio de 1887. Sus padres fueron don Genaro Estrada y doña Concepción Félix.

Al realizar la instrucción primaria, Genaro Estrada sobresalió como alumno distinguido en la Escuela Modelo del puerto sinaloense. A muy temprana edad, entre 1892 y 1895, se sabe que escribió su primer artículo periodístico en el periódico El Sur de Sinaloa, que se publicaba en el Rosario, Sinaloa, y cuyo Director era Leopoldo Valencia.

En el año de 1899, a los 12 años cuatro meses de edad, ingresó al Colegio Rosales de Culiacán para cursar estudios preparatorios, permaneciendo como alumno hasta 1905. En total cursó 16 asignaturas; después se convertiría como autodidacta en responsable directo de su educación.

Entre 1899 y 1906, Genaro Estrada se inició en la literatura colaborando en la revista La Bohemia Sinaloense y es muy posible que ahí publicara su Canto a Rosales con el que obtuvo el primer lugar en los juegos florales, además de varios premios ganados en los concursos literarios que solía organizar el Colegio Rosalino.

Entre 1907 y 1911, Estrada se inició en el periodismo como aprendiz de tipógrafo y luego como redactor en el periódico El Monitor Sinaloense, que editaba en Culiacán su tío Faustino Díaz, apareciendo como director don Herlindo Elenes Gaxiola. Cabe agregar que el mencionado periódico se había convertido en el portavoz de un selecto grupo cultural _élite literaria_ formado por el doctor Enrique González Martínez, Jesús G. Andrade, Gabriel F. Peláez, Francisco Medina, Esteban Flores, Julio G. Arce, Samuel Híjar, Ignacio M. Gastélum, ingeniero Francisco Sosa y Ávila, José Rentería, Manuel Bonilla, Norberto Domínguez y Ricardo Carriarte.

Se cree que en 1907, apareció publicada su Entrevista a Teófilo Noris [niño héroe nativo de El Rosario, Sinaloa] presumiblemente en las páginas de un periódico del Colegio Rosales. Con esa entrevista que le hizo al héroe sinaloense de la gesta nacional de 1847 _durante la defensa del Castillo de Chapultepec_ Estrada inició su tarea de historiador a los 20 años de edad. Sin embargo, se desconoce hasta el momento el paradero de algún ejemplar de esta publicación.

Además, el joven Genaro Estrada fue regidor honorario del cabildo municipal de Culiacán.

En 1911, se hizo cargo del Diario del Pacífico que se publicaba en Mazatlán, tras lo cual decidió ir a probar suerte a la ciudad de México, donde se hizo cargo de la redacción de El Diario. Posteriormente, el director de ese periódico le da instrucciones para que se traslade al estado de Morelos, de donde envía crónicas telegráficas y presencia los combates entre federales y zapatistas. En ese medio de comunicación pública varios artículos con el seudónimo de Zapatador y también con la firma de Lápiz tinta.

En 1912, cambia de actividades y sale de El Diario, olvidándose del oficio peligroso de corresponsal de guerra. Enseguida, funda la efímera revista Argos, junto al poeta doctor Enrique González Martínez y además se da tiempo para trabajar como corrector de pruebas en un periódico de la capital.

En 1913, inicia sus labores como Secretario de la Escuela Nacional Preparatoria y también como catedrático de la materia de Gramática.

En el período de 1914_1915, continúa trabajando para la Universidad Nacional de México, combinando su labor académica con colaboraciones esporádicas para la publicación Revista de Revistas, en tanto que ingresa a varias sociedades científicas de la ciudad de México.

Genaro Estrada, fungiendo como Secretario General de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, tiene la oportunidad de organizar una velada literaria en homenaje a la figura del licenciado don Joaquín D. Casasús, quien fuera Vicepresidente de la institución, pues había fallecido en Nueva York el 25 de febrero de 1916.

También fue maestro de la Escuela Nacional de Altos Estudios. En 1920, viaja a Milán, Italia, en calidad de organizador de una exposición de nuestro país que presenta la Secretaría de Industria y Comercio; asimismo, al tiempo es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de México.

En el año de 1921, Genaro Estrada se manifiesta como el alma de la Sociedad de Bibliófilos Mexicanos, pero también expresa sus grandes inquietudes de editor. Según relata don Artemio de Valle Arizpe _y el mismo Genaro Estrada_, tenía ciertos caprichos o extravagancias que le venían de su gran amor por los libros. Por ejemplo, en ese año publicó con una tirada de tan sólo 6 ejemplares: Noticias breves de la expedición militar de Sonora y Sinaloa.

En 1924, publica de manera póstuma la obra de don Eustaquio Buelna: Apuntes para la Historia de Sinaloa. 1821_1882, agregándole una introducción y notas. Aclarando además, que en su publicación tomaron participación don José G. Heredia, historiador y senador por el estado de Sinaloa, y otro sinaloense, el Secretario de Educación Pública, Dr. Bernardo J. Gastélum, por cuyo acuerdo se imprimió en el Departamento Editorial de la Secretaría de Educación Pública, corriendo los gastos de impresión por cuenta del Gobierno del Estado de Sinaloa.

1928, es el año de las ocurrencias y extravagancias de Genaro Estrada como bibliófilo. Pues, ordenó imprimir en México una edición únicamente para coleccionistas amigos, con sólo diez ejemplares de la obra: Vida y heroicas virtudes de Don Pedro Moya de Contreras, arzobispo mexicano,… escrito por Cristóbal Gutiérrez de Luna en 1619.

De 1923 a 1935, Genaro Estrada desarrolla una labor de ambiciosas proyecciones bibliográficas: localiza y difunde fuentes documentales para la historia social y literaria de México, como lo hicieron antes Francisco Sosa y Joaquín García Icazbalceta.

En marzo de 1924, es nombrado Oficial Mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores; en 1927, es Subsecretario; luego ocupa el puesto de Secretario de Relaciones Exteriores del 5 de febrero de 1930 al 20 de enero de 1932.

Es Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en la República española de enero de 1932 a fines de 1934. También fue Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Portugal y Turquía.

Cabe resaltar que Genaro Estrada asistió como delegado ante la Sociedad de las Naciones en 1930, donde presentó el 27 de septiembre de ese año, una tesis que se conoce en el ámbito de las relaciones internacionales como la Doctrina Estrada.

A mediados de enero de 1935, renunció al servicio exterior, pero continuó dirigiendo publicaciones bibliográficas y otras relacionadas con la historia nacional en la misma Secretaría de Relaciones Exteriores, tales como: Monografías Bibliográficas y el Archivo Histórico Diplomático Mexicano, con cuarenta volúmenes. Fueron numerosos los libros que escribió y publicó, entre ellos destacan: Poetas nuevos en México (1916); La Linterna Sorda (1919); Visionario de la Nueva España (1921); Pero Galín(1926); Crucero, Escalera, Paso a nivel y Senderillos al Ras, escritos entre 1928 y 1934.

Genaro Estrada falleció en la ciudad de México, el 29 de septiembre de 1937.

Mediante decreto Núm. 116, expedido por el H. Congreso del Estado de Sinaloa el 15 de mayo de 1973, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, Núm. 75, de 23 de junio de 1973, se declaró Hijo Predilecto del Estado al Licenciado Genaro Estrada y se ordenó se inscribiera su nombre con letras de oro en un lugar destacado del Salón de sesiones del H. Congreso del Estado de Sinaloa.

Posteriormente, el 12 de enero de 1982, por decreto expedido por el C. Antonio Toledo Corro, Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa, se declaró Día de la Doctrina Estrada, el 27 de septiembre de cada año, fecha de la expedición del comunicado oficial del Gobierno mexicano que contiene el texto de la mencionada doctrina. Dicho decreto fue publicado el lunes 18 de enero de 1982 en El Estado de Sinaloa, órgano oficial del Gobierno del Estado.

Además, se declaró Año de Genaro Estrada el año de 1987, según decreto Núm. 9, expedido por el H. Congreso del Estado y publicado en el P. O. Núm. 5, de 12 de enero de 1987.

El 6 de junio de 1987, con el fin de conmemorar el primer centenario de su natalicio y los cincuenta años de su fallecimiento, la Dirección de Investigación y Fomento a la Cultura Regional (DIFOCUR) organizó en la ciudad de Culiacán un Coloquio sobre Genaro Estrada.

El 24 de octubre de 1996, Genaro Estrada e Isidro Fabela, precursores de la política exterior de México, recibieron un justo y merecido homenaje de parte de la LVI Legislatura de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, que en sesión solemne develó la placa donde están inscritos con letras de oro sus nombres. Por lo que Genaro Estrada es el primer sinaloense cuyo nombre está inscrito con letras de oro en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Escritor, poeta, periodista, historiador, abogado y catedrático. Héctor Rosendo Olea Castaños nació el 20 de agosto de 1909, en día miércoles a las cuatro y media de la madrugada, en la villa de Badiraguato, cabecera del municipio del mismo nombre, estado de Sinaloa. Sus padres fueron don Rosendo Olea García _quien fuera Oficial Mayor del H. Congreso del Estado de Sinaloa y Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia_ y doña Luz Castaños Sanz. Al día siguiente de haber nacido fue bautizado por el cura Francisco Sotomayor, siendo sus padrinos Eligio Abitia y María Valderráin.
Su padre, don Rosendo, fue hijo de Narciso Olea, marino chileno, cuyo destino y la aventura trajo a tierras sinaloenses, arribando por el Puerto de Altata. El abuelo paterno se establecería después en el pueblo de Alicama _perteneciente a la alcaldía de Badiraguato_ para formar una familia con Albina García.Por la rama genealógica de su madre doña Luz Castaños Sanz, hija de Luis Castaños y Trinidad Sanz, Héctor R. Olea entronca en línea directa descendente con el alférez del Rey don Nicolás de Verdugo, quien vivió en el siglo XVIII y fue poseedor de tierras en Sataya. Su madre fue una criolla legítima nacida en el pueblo de Aguaruto.
En la infancia, la primera preceptora que tuvo fue la anciana Rosario Cañedo. En tanto que la instrucción primaria elemental la cursó en Culiacán, primero en la escuela «Lic. Benito Juárez», que se encontraba ubicada por la calle Libertad, frente al edificio de la penitenciaría estatal _ lugar que ocupa actualmente el edificio de DIFOCUR_ y luego pasó a la Escuela Federal Tipo [misma que después se denominaría Manuel Ávila Camacho].
En 1926, se inscribió como alumno en el Colegio Civil Rosales, donde cursó primero y segundo grado de secundaria, según el programa de cinco años implantado por el introductor del positivismo en México don Gabino Barreda. En el colegio fue compañero de estudios de Enrique Félix «El Guacho».
Por esos años, publicó su primer artículo en el periódico El Sinaloense, dirigido por el médico Cliserio García y el ingeniero Ramón Ponce de León. También en esa época el joven Olea escribió un libro de versos, el cual tituló Provincianas, que luego cambió por el nombre de Dulcineas. En esa iniciación a las letras había escogido el camino de la poesía y de la historia. No le faltarían después algunos consejos para abandonar la provincia donde no había bibliotecas públicas especializadas, archivos catalogados, museos de historia y centros de altos estudios. En marzo de 1929, siendo redactor del periódico La Opinión, participó en la Rebelión Escobarista, conocida así por la asonada militar que dirigió el general Gonzalo Escobar, viendo acción en la campaña de Sonora, que sería sofocada meses más tarde por fuerzas bajo el mando del general Lázaro Cárdenas del Río, por lo que regresó a Culiacán y se presentó a Eligio Samaniego, Jefe de la Policía, siendo llevado ante la presencia del gobernador General Macario Gaxiola, para acogerse a la amnistía decretada en el año de 1930. Años más tarde, Olea tuvo participación en un mitin estudiantil cuyo principal reclamo fue la autonomía para el Colegio Civil Rosales. Entre sus compañeros de rebeldía figuraban Enrique Félix El Guacho; José Francisco López El Checo; Roberto Macías Fernández, y Juan Francisco López El Güibirre.
Apremiado a salir de la entidad por órdenes del general Macario Gaxiola, dada la participación activa que tuvo en ese mitin, el joven Olea se trasladó a la ciudad de México. Allá intentaría finalizar sus estudios preparatorios, llevando consigo además la meta de convertirse en escritor.
Desde entonces hasta su muerte, don Héctor radicó en la capital del país. En el Distrito Federal, Olea se inscribió como alumno de la Escuela Secundaria Número 1, ubicada en el antiguo Convento de Regina. En ese plantel cultivó la amistad de dos maestros que le ayudarían a reforzar su vocación por las letras y la historia. Ellos fueron Santiago Flores, maestro de literatura, y el licenciado Luis Chávez Orozco, catedrático de historia de México. Su primer trabajo escolar realizado bajo la dirección del maestro Chávez Orozco fue sobre el viaje del navegante español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, cuya odisea quedó registrada en su libro Naufragios.
Por ese tiempo, Olea comenzó a colaborar _desde el primer número_ en la revista Provincias, órgano del Partido Nacional Revolucionario, que editaba Don José García Valseca. En ese espacio publicó algunos cuentos y poesías ilustradas. Su primer éxito periodístico fue la entrevista que le hizo al general Plutarco Elías Calles, titulada: Calles en la anécdota y en la fotografía, con lo que se proyectó para ser contratado de inmediato en la Dirección de Estadística Nacional. Poco después, al cambiar la dependencia de director fue cesado, por lo que volvió a la revista y al PNR, desempeñando algunas comisiones al lado de don Guillermo Flores Muñoz, en Nayarit. Asimismo, fue asistente del tesorero del Partido, ingeniero Juan de Dios Bátiz, fundador del Instituto Politécnico Nacional. En 1938, Héctor R. Olea publicaría en Puebla un ensayo biográfico sobre este destacado sinaloense, con un prólogo de Manuel Estrada Rousseau.
Fue en la redacción de la revista Provincias, donde Olea conoció a Rosita Galaviz, la mujer que luego sería su esposa inseparable, habiéndose casado, tras un noviazgo corto en el pueblo de Tacuba. Rosa Galaviz, originaria de Orizaba, Veracruz, procreó a Alma, Martha, Nora, Leticia y a Héctor Raúl.
Tiempo después, se inscribió en el turno nocturno de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso de la Universidad Autónoma de México, donde tuvo como maestro a don Agustín Yáñez.
Una de sus primeras investigaciones históricas terminadas fue la que la que realizó en el archivo privado del historiador sinaloense licenciado Eustaquio Buelna. Esta experiencia invaluable fue debido a que Alejandro Buelna Medina, hijo primogénito de don Eustaquio, era buen amigo de don Héctor, por lo que fue así como tuvo la oportunidad de estudiar la etapa desconocida sobre la introducción de la imprenta a Sinaloa. Además de formar un catálogo completo de las publicaciones oficiales del Estado de Sinaloa, junto a la elaboración de la historia del periodismo en el estado. Conservando de esa manera negativos de toda esta colección, que el licenciado Eustaquio Buelna había atesorado celosamente para publicarla, cuando le sobrevino la muerte en 1907.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Olea realizó sus estudios profesionales en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. El gran mérito de haber culminado sus estudios se deben a la señora Rosa, su esposa.
El examen profesional lo sustentó el 18 de febrero de 1950, figurando como sinodales los profesores y abogados Rafael Rojo de la Vega, Jesús Zavala, Antonio Díaz Soto y Gama, Rafael de Pina y Miguel Ángel Gómez Yáñez, el cual aprobó por unanimidad de votos, extendiéndole la UNAM el título de Licenciado en Derecho el 30 de noviembre de 1950.
En 1986, recibió la Medalla al Mérito Cívico otorgada por el Gobierno del Estado de Sinaloa y en 1989, se hizo acreedor al Premio Sinaloa Ciencias y Artes.
En su larga y fructífera vida de producción intelectual, don Héctor escribió más de 40 libros y cerca de un centenar de artículos.
A la edad de 86 años, nueve meses y cinco días de vida, murió don Héctor R. Olea víctima de un infarto al corazón en la ciudad de México el 25 de mayo de 1996.
El lunes 25 de mayo de 1998, el H. Congreso del Estado de Sinaloa, en sesión solemne, inscribió su nombre con letras de oro sobre el Muro de Honor del recinto legislativo, en cumplimiento del decreto número 466, de 17 de marzo de 1998, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 37, de 27 de marzo del mismo año.
OBRA HISTORIOGRÁFICA
Los trabajos historiográficos escritos por Héctor R. Olea, por orden cronológico son los siguientes:
1938, Ensayo biográfico: Juan de Dios Bátiz, editado en Puebla y con un prólogo de Manuel Estrada Rousseau. Folleto sobre la vida del ingeniero sinaloense que protagonizó la fundación del Instituto Politécnico Nacional.
En 1943, aparece el folleto ilustrado La primera imprenta en las Provincias de Sonora y Sinaloa. México, imprenta de A. Villegas. (Por el cual el autor recibe un diploma otorgado por el Lic. Javier Rojo Gómez, Jefe del Departamento del Distrito Federal).
En 1946, los Talleres Gráficos de la Nación publican el libro Infidencias de Fray Bernardo, Obispo de Sonora, obra de 154 páginas y con ilustraciones.
En 1949, tesis profesional: Las verdaderas fuentes históricas del Derecho Constitucional Mexicano, (Aportaciones de la cultura jurídica por parte de las provincias, con especial referencia al estado de Sinaloa). UNAM, 92 pp.
En 1951, publica con la ayuda del general Pablo Macías Valenzuela, el libro Andanzas del Marqués de San Basilio, biografía de Jorge Carmona, originario de Culiacán, hijo de un aventurero chileno apodado Caramocha, que desembarca en el puerto de Altata en un día del tercer decenio del siglo XIX, para luego fundar un hogar en la villa de San Miguel de Culiacán. (Primer Premio concedido por los Talleres Gráficos de la Nación).
También en 1951, Héctor R. Olea participa en compañía de José G. Heredia en el primer Congreso Nacional Pedagógico, con la ponencia Historia de la Educación en Sinaloa.
En 1952, aparece a la luz Holografía de don José de Gálvez, visitador general de la Nueva España. Sólido estudio acerca de este personaje controvertido en la reducida esfera política del Noroeste Novohispano.
En 1955, interviene como ponente en la XI Sesión del Congreso Mexicano de Historia, teniendo como sede la Universidad de Sinaloa, cuyos resultados son publicados en 1960 por don Antonio Pompa y Pompa, con el título Estudios Históricos de Sinaloa, donde aparecen sus ponencias Instituciones político_jurídicas en Sinaloa y Gobernantes del Estado de Sinaloa.
En 1959, se publica Historiografía de la Baja California, en la memoria del Primer Congreso de Historia Regional que se celebró en Mexicali, Baja California en 1958. Es una recopilación de manuscritos sumamente valiosos localizados por Olea en Roma, documentos que proceden de los Jesuitas Miguel del Barco y Lucas Ventura.
En 1960, en la revista Noroeste, dirigida por el poeta Alejandro Hernández Tyler, aparece el artículo Los Obispos Españoles del Noroeste frente a la Independencia Nacional.
También en 1960, en la revista Rumbos Nuevos, tercera época, número 4, de 28 de febrero, aparece el ensayo: El Nigromante, diputado constituyente por Sinaloa. Y en esa misma revista correspondiente al número 7, de 31 de mayo, le es publicado el artículo La flora incorporada al Noroeste.
En 1961, aparece «La introducción de la imprenta al Estado de Occidente», en Boletín bibliográfico.
En 1963, Imprenta Arana, de la ciudad de México, edita la obra El Payo del Rosario escritor Liberal del Siglo XIX. 153 páginas.
En 1963, Supervivencia del litógrafo José Guadalupe Posada (biografía), México: imprenta Arana, 64 páginas y con ilustraciones, (trabajo premiado con medalla de oro y diploma en los juegos florales celebrados en Aguascalientes).
También en 1963, la Universidad de Sinaloa, en edición homenaje, publica el ensayo La Universidad de Sinaloa y su Historia.
En 1964, el Patronato del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, edita su obra Breve historia de la Revolución en Sinaloa (1910_1917). Obra de 96 pp.
En 1965, Vida de Belisario Domínguez (1863_1913), editado por la dirección de publicaciones del Senado de la República, obra de 300 páginas, contiene un retrato al óleo.
En 1969, el gobierno del Estado de México, como parte de la serie «Testimonios de Atlacomulco» publica la Panfletografía de El Payo del Rosario (semblanza de Pablo de Villavicencio). aparece una introducción de Mario Colín. En 1987, la UAS la edita de nueva cuenta en 95 páginas.
En 1970, La arquitectura colonial religiosa del estado de Hidalgo, ponencia publicada en la memoria del primer congreso de la cultura del estado de Hidalgo, edición de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
En 1972, aparece la obra Memoria del Marqués de San Basilio, una semblanza de Don Adolfo Rogaciano Carrillo, quien vivió de 1852 a 1926, autor de la mencionada memoria.
En 1974, Leona Vicario y la ciudad de México, publicada dentro de la colección popular de México, número 34.
En 1976, la Comisión Nacional Editorial del PRI publica el folleto Mi Sueño, obra del general sinaloense Salvador Alvarado, conteniendo un prólogo de Héctor R. Olea, quien había rescatado de un periódico olvidado de Yucatán, tales escritos.
En 1977, con el ensayo Historia de la Fundación del Colegio Rosales, participa en los Terceros Juegos Florales Nacionales de Guasave, recibiendo el primer premio en el renglón de prosa.
También en 1977, aparece editado en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la que fue miembro, la obra científica Ecología Descriptiva de Sinaloa, libro enviado como intercambio a sociedades e institutos científicos de varios países europeos.
En 1979, escribe Badiraguato, río y pueblo entre montañas, breve folleto que publica el ayuntamiento de Badiraguato en junio de 1987.
En Noroeste, periódico de Culiacán, en el Suplemento Dominical le dedicaron un espacio a la serie de artículos Polvo de Historia, relatos cortos y amenos, algunos de ellos referentes a Sinaloa.
En 1980, la Universidad Autónoma de Sinaloa publicó la obra Los asentamientos humanos en Sinaloa, con una presentación de Luis Noyola Vásquez, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México; 235 páginas.
En 1983, aparece su «Auto_etopeya» Torre de Marfil, de 125 pp., con un comentario en la contraportada de don Jesús Romero Flores.
En 1985, La Universidad Nacional Autónoma de México, a través del Instituto de Investigaciones jurídicas, le publica Sinaloa a través de sus constituciones, dentro de la serie fuentes, textos y estudios legislativos, Núm. 60. La presentación es de Diego Valadés. Son 335 páginas, incluye un estudio preliminar del autor, así como el texto íntegro de ocho constituciones de Sinaloa, incluyendo la vigente de 1922.
En 1987, la UAS edita en Culiacán Eustaquio Buelna, fundador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, biografía con prólogo de Ricardo Mimiaga, 153 páginas.
En 1993, la Universidad Autónoma de Sinaloa y DIFOCUR, le publican Trayectoria ideológica de la educación en Sinaloa (1592_1937). Obra de 140 páginas escrita en recuerdo del doctor Bernardo J. Gastélum, amigo y maestro.
En ese mismo año, publica por su cuenta la obra Viaja por el mundo y maravíllate, de 136 páginas, cuya primera edición consta de 300 ejemplares numerados. Antes del exordio aparecen las siguientes palabras: “Los dioses hicieron dos cosas perfectas: la mujer y la rosa. Enriqueta Larreta.”
Finalmente, en 1995, en coedición de la Universidad Autónoma de Sinaloa y DIFOCUR, se publica por primera vez La imprenta y el periodismo en Sinaloa, 1826_1950. Contiene un prólogo de Jorge Briones Franco y presenta además un listado de fuentes consultadas. Obra de 311 páginas.
OBRAS INÉDITAS
«Juárez y la Paz». (Primer premio Nacional de Historia, otorgado por la Secretaría de Educación Pública), 212 cuartillas, ilustrada.
«Los héroes de Caborca», (Primer Premio otorgado por la Universidad de Sonora y Gobierno del Estado de Sonora), 1958, 218 cuartillas.
«Un siglo de historia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística». Obra en preparación en el año de 1983.
«La vida literaria de Culiacán, desde su primer poeta en 1575 hasta Chuy Andrade», obra en preparación, septiembre de 1995.
«Historia de las ideas políticas en la Revolución Mexicana», 164 cuartillas.
«Diario de un diplomático sinaloense en Nicaragua», 264 cuartillas.
«El Puerto de Mazatlán en la Historia», 253 cuartillas.
«Efemérides Sinaloenses», 200 cuartillas.
«La Tambora, música tradicional de Sinaloa», 64 cuartillas.
«Documentos relacionados con la heroína Agustina Ramírez», 124 cuartillas.
«Relaciones geográficas de Sinaloa en el Siglo XVIII» (documentos recopilados en Viena y París).
“Paredón Sangriento”. La azarosa vida del General Rodolfo Fierro, originario de Charay, Sinaloa. Fierro fue el brazo derecho del general Francisco Villa, en la División del Norte.
«La tragedia de Huitzilac», vida y muerte del general sinaloense Francisco R. Serrano, quien fuera secretario de Guerra y Marina. Obra de 210 páginas.

Abogado postulante, jurista, poeta, cuentista, historiador y profesor emérito universitario por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Raúl Cervantes Ahumada nació en el pueblo de El Amole, perteneciente al municipio de Guasave, estado de Sinaloa, el 24 de junio de 1912. Fue el séptimo de once hijos que procrearon don Serafín Cervantes Zepeda y doña Rafaela Ahumada Ahumada. Su padre fue ganadero y agricultor de ideas liberales y su señora madre una dama profundamente católica. Sus hermanos fueron Juan, Serafín, Rafaela, Flaviano, Luis Antonio, José, Amparo, Óscar Guillermo, María y Bertha. Vive, aún José, quien reside en la ciudad de Culiacán, y Bertha, en la ciudad de Guasave.
Don Raúl desciende por línea directa de don Felipe Cervantes, su bisabuelo, un rico terrateniente de la región, cuyos dominios a principios del siglo XIX se extendían a más de cien kilómetros. Su abuelo, afiliado al movimiento liberal republicano, de nombre Antonio Canuto Rey Cervantes, combatió en la guerra de Reforma y contra el Imperio de Maximiliano y los franceses.
Los primeros años de la vida del niño Raúl transcurrieron felices y apacibles entre juegos y lecturas infantiles, siempre bajo el cuidado y protección de su nana Albina Cervantes Leyva, quien hasta el año de 1999 vivía, en el pueblo de LasCañadas, Guasave.
Raúl Cervantes Ahumada manifestó a edad muy temprana su inclinación a la lectura y apego al estudio de la geografía e historia. Se dice que aprendió a leer a los cuatro años de edad, realizando además de manera informal sus estudios primarios, pues no acudió a una escuela oficial en su tierra natal. Sus mentores particulares fueron Petra y Néstor Álvarez, e Inocencia Gil, quienes lo instruyeron personalmente y animaron a proseguir con paso seguro en el camino de las letras.
Continuó sus estudios en la ciudad de Culiacán, ingresando al Seminario Conciliar de Sinaloa, donde cursó varias asignaturas, entre ellas literatura, historia, filosofía y latín; sin embargo, por carecer de vocación para el sacerdocio, aún siendo pequeño de edad regresó a su hogar en El Amole, para ayudar a su padre como secretario, convirtiéndose así en su brazo derecho.
Años más tarde, a raíz de la quiebra de los negocios familiares, enfermedades de sus hermanos mayores Juan y Serafín, y también por la muerte de su padre, el joven Raúl tuvo necesidad de trabajar en el entonces pueblo de Guasave, empleándose como tesorero del ayuntamiento, hecho insólito, pues aún no había adquirido la mayoría de edad. Ello sucedió de 1931 a 1932.
Al pretender ingresar al Colegio Civil Rosales, con la finalidad de cursar estudios preparatorios, el joven Raúl no pudo acreditar su instrucción primaria, por lo que para salvar ese obstáculo se vio en la necesidad de presentar un examen general del nivel básico con el fin de obtener el certificado, comprendiendo los temas de la enseñanza vistos en los 6 años de duración del programa, el que aprobó con relativa facilidad. En el plantel rosalino tuvo como profesor de historia a Eliseo Leyzaola, en matemáticas al ingeniero Matías Ayala, a doña María Trucíos, en ciencias de la naturaleza, en tanto que el profesor Antonio Canale le impartió clases de francés.
Raúl Cervantes optó por la carrera de licenciado en derecho que ofrecía el Colegio Civil Rosales, en donde cursó los dos primeros años, siendo además profesor de literatura e historia en el nivel de preparatoria en los años de 1935 y 1936, asimismo ocupó el cargo de Presidente de la Federación de Estudiantes de Sinaloa (FEUS) en 1935.
En Culiacán comenzó a practicar la abogacía en el despacho jurídico del licenciado Fortino Gómez.
Al cerrarse el Colegio Civil Rosales por problemas políticos, Raúl se trasladó a la ciudad de México con el fin de culminar sus estudios profesionales de la carrera de licenciado en derecho, por lo que ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, graduándose en 1939 con la tesis: Hacia un concepto marxista del derecho. De 1940 a 1944, Raúl Cervantes Ahumada fungió como secretario de la Biblioteca Nacional de México.
Además de haber obtenido el grado de doctor Exoficio en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1950, realizó entre 1963 y 1965, varios diplomados en estudios superiores de Derecho Comparado en la Facultad Internacional para la Enseñanza del Derecho Comparado, en Estrasburgo, Francia.
Desde 1941, hasta su muerte, fue profesor de Derecho Mercantil, por oposición, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, hoy, Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue también profesor fundador de la cátedra de Derecho Marítimo en la Facultad de Derecho de la UNAM en 1944.
En 1945, fue llamado a Culiacán por el gobernador general Pablo Macías Valenzuela para fungir como Rector de la Universidad de Sinaloa, y habiéndose regresado ese mismo año a la ciudad de México, continuó sus labores docentes en la Facultad de Derecho de la UNAM, siendo en 1950 profesor fundador del programa del Doctorado en Derecho, dependiente de dicha facultad, y varias décadas después, de 1982 a 1992, sería jefe de la División de Estudios Superiores.
Entre las diversas responsabilidades que tuvo a lo largo de su fructífera vida en los cargos de todo tipo que desempeñó destacan las siguientes: de 1947 a 1949, fue Presidente Patrono del Nacional Monte de Piedad; de 1953 a 1958, consejero de la Secretaría de Marina; miembro de la delegación mexicana a la Primera Conferencia de las Facultades Latinoamericanas de Derecho, 1954; delegado de la World Federation of United Nations Associations, a la Conferencia de 1955 de la Organización Mundial de la Salud; consejero de la Presidencia de la República, con Adolfo Ruiz Cortines; experto de las Naciones Unidas para la formación del proyecto de código marítimo uniforme centroamericano; profesor huésped de las universidades de Yucatán, Nuevo León, Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Guadalajara, Durango, Morelos, Sinaloa, San Luis Potosí, Oaxaca, Estado de México, Veracruz, Chiapas, Buenos Aires, San Marcos de Lima, Colombia, Panamá, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Arizona, Madrid, Moscú, Pekín, Helsinki, entre otras; de 1959 a 1964, consejero del Presidente de la República Lic. Adolfo López Mateos; representante de México (presidente de la delegación) en el Seminario Sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas, celebrado en Buenos Aires en 1959; vicepresidente de las Primeras Jornadas de Derecho Privado y de las Primeras Jornadas de Derecho de la Navegación, celebradas en Buenos Aires en noviembre de 1960; miembro Propietario de la delegación mexicana al Seminario de Derechos Humanos, celebrado por las Naciones Unidas en la ciudad de México en 1961; director (fundador) del Seminario de Derecho Marítimo de la Facultad de Derecho de la UNAM (1969_1971); director del Seminario de Derecho Marítimo de la Facultad de Derecho de la UNAM (desde 1971); consejero universitario (período 1970_1974); presidente de la Comisión de Grados del Consejo Universitario de la UNAM (desde 1971); conciliador en el Sindicato de las Conferencias Marítimas Internacionales; colaborador de planta de la página editorial del diario capitalino El Universal, desde 1970; presidente honorario de los cuatro congresos nacionales de derecho mercantil (México 1974, 1976, 1978 y 1983); colaborador de planta de la cadena de diarios El Sol; conciliador (miembro del cuerpo internacional de conciliadores en materia de tráfico marítimo), y en 1994, fue panelista para integrar los tribunales para la solución de controversias en relación con la aplicación del Tratado de Libre Comercio, entre los Estados Unidos, México y Canadá.
Como abogado postulante, Raúl Cervantes Ahumada atendió ante los tribunales y juzgados centenares de negocios y logró sentar precedentes jurisprudenciales sobre varios temas jurídicos importantes. Sus oficinas estuvieron primero por la calle de Palma, en el centro de la ciudad de México, y después por Insurgentes Sur, número 300, despacho 114.
Fue autor de numerosos libros, ensayos y artículos, la mayoría de ellos acerca del derecho mercantil y derecho marítimo. Sin embargo, sus otras predilecciones como escritor giraban alrededor de la poesía y la historia de Sinaloa.
Su labor como jurista fue sobresaliente. Participó en la elaboración de más de 24 proyectos legislativos sobre diversos temas nacionales e internacionales, destacando los concernientes a las materias de comercio, instituciones mercantiles y marítimas.
Además, entre sus múltiples facetas de su rica personalidad adquieren relevancia las siguientes: fue un excelente jugador de ajedrez; gran conversador y narrador de cuentos y viejas leyendas de las regiones de Sinaloa; fue protagonista o testigo de vivencias que se convertirían en anécdotas de la vida rutinaria y campirana de Sinaloa; conoció de cerca la vida política y el quehacer de Sinaloa; también dedicó su tiempo a la caza y pesca deportiva, cobrando piezas valiosas en África a donde viajó en varias ocasiones; cultivó la amistad de hombres importantes del mundo, entre ellos el Papa Paulo VI, con quien mantuvo correspondencia.
El doctor Raúl Cervantes Ahumada murió en la ciudad de México el viernes 4 de abril de 1997, víctima de un infarto al corazón. Le sobreviven su esposa doña Gloria Huesca Nieto, y los hijos Raúl, Rafael Carlos y Guadalupe de apellidos Cervantes Gaxiola; Enrique y Verónica Cervantes Zúñiga, y, Maya y Sandra Cervantes Huesca.
El 11 de abril de 1997, el Congreso del Estado acordó declarar tres días de luto con motivo del fallecimiento del doctor Raúl Cervantes Ahumada, resolución que fue publicada en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 45, de 14 de abril del mismo año.
El 9 de julio de 1998, el H. Congreso del Estado de Sinaloa se reúne en sesión solemne para rendir un merecido homenaje a este jurista de talla universal, Doctor en Derecho Raúl Cervantes Ahumada, e inscribir su nombre con letras de oro en el lugar de honor del Salón de Sesiones, conforme al texto del decreto número 505, expedido por esta Quincuagésima Quinta Legislatura, el cuatro de junio de mil novecientos noventa y ocho, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 73, de 19 de junio del año en curso.
El 23 de mayo de 1999, fue develado un busto en su honor sobre la calle que lo vio nacer en el pueblo de El Amole, Guasave. El busto de Raúl Cervantes Ahumada fue realizado por la escultora Glenda Herchz, y en el que destacan las figuras de un avión, un libro, el mar, unas columnas, unas manos, un venado y un león, que simbolizan las pasiones que el escritor y maestro tenía por el vuelo, la escritura, la filosofía, la poesía, el Derecho, las mujeres, la caza y la naturaleza.
Labor de jurista
Proyecto de Ley Orgánica de la Universidad de Sinaloa, 1945; Ley Orgánica de la UNAM, 1945; Reformas a la Ley de Instituciones de Asistencia Privada, 1947; Ley sobre el Régimen de la Propiedad y condominios de los Edificios divididos en pisos, departamentos, viviendas o locales, 1955; Proyecto del Código Marítimo Uniforme, para los cinco países centroamericanos, 1959; Reformas a los artículos 27, 42 y 48 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, 1959; Proyecto para el nuevo Código de Comercio, 1960; Reglamento Interior del Departamento Agrario, 1960; Ley de Navegación y Comercio Marítimo, 1963; Anteproyecto de Estatuto para la Facultad de Derecho de la UNAM, 1966; Reglamento de la Distribución de gas, 1969; Proyecto de Código de Comercio para la República de Costa Rica; Proyecto de Código de Comercio para la República de El Salvador; Proyecto de Código de Comercio para la República de Guatemala; Proyecto de la Ley Uniforme sobre Sociedades Anónimas (en colaboración con el Instituto de Derecho Comparado de Milán, Italia); Proyecto de Ley Uniforme Centroamericana de Títulos Valores; Proyecto de Ley Uniforme Centroamericana sobre el Contrato de Seguros (en colaboración); Proyecto de Ley Uniforme Centroamericana sobre Compra_Ventas Comerciales; Proyecto de Ley Uniforme sobre Títulos Valores para los países latinoamericanos; Publicación del INTAL, Buenos Aires, 1967, adoptado ya en aspectos fundamentales por Colombia, Guatemala y Perú; Texto de la protesta que se toma a los Licenciados en Derecho en su examen recepcional en la Facultad de Derecho de la UNAM; Proyecto del Estatuto del Personal Académico de la UNAM; Código de Comercio de Colombia; Texto del discurso que lee el Presidente del Jurado en la recepción de los Doctores en Derecho, en la Facultad de Derecho de la UNAM; Proyecto de Código de Comercio Uniforme para los países de América Latina, presentado al Parlamento Latinoamericano por la Academia Internacional de Derecho Mercantil y del Consumidor.
OBRAS PUBLICADAS
Derecho
Hacia un concepto marxista del derecho, (tesis de Licenciado en Derecho), 1939; Apuntes para el segundo curso de Derecho Mercantil, 1942; La Sociedad de Responsabilidad Limitada en el derecho mercantil mexicano, México: Imprenta Universitaria, 1943; El Descuento bancario y otros ensayos, México: Editorial y Librería ARS, 1947; Curso de Derecho Bancario, de Paolo Greco (traducción del italiano), 1945; La Soberanía de México sobre las Aguas Territoriales y el Problema de la Plataforma Continental, México: Universidad Nacional de México, 1952 (publicación de la Facultad de Derecho); La Protetion des minorites dans les societates anonimes, París, 1953; La responsabilidad contractual y extracontractual por muerte del pasajero en el transporte aéreo, de Filippo Vassalli, (traducción del italiano), México, 1954. Publicación de la Revista de la Facultad de Derecho de la UNAM; Títulos y operaciones de crédito, México: Editorial Herrero, 1954; segunda edición en 1957; 13 ediciones de 1954 a 1980; Libro de texto en las escuelas y facultades de Derecho. Proyecto del Código Marítimo Uniforme para los cinco países centroamericanos, publicación de las Naciones Unidas, 1959; 2a. edición por la Universidad Nacional de Guatemala; Recursos contra el abuso del poder, (hay una versión en inglés), publicación de la ONU, 1959; El Amparo y el estado de emergencia, publicación de la ONU, 1961; El libro de texto único y gratuito, estudio jurídico publicado por el Instituto de la Juventud, 1962; Ley de Navegación y Comercio Marítimo, México, 1964; Sobre el concepto de derecho, tres ediciones, México, 1964; San José, Costa Rica, 1965, y Sao Paulo, Brasil, 1965; Derecho de quiebras, México: Editorial Herrero, 1970; 302 pp., tercera edición en 1981; Derecho mercantil, México: Editorial Herrero, 1975, cinco ediciones, la más reciente en 1984; Derecho marítimo, México: Editorial Herrero, 1977; 1006 pp., primera edición reformada en 1984; y El canal de Panamá, México: UNAM, 1980.
Historia
Hernando de Villafañe, fundador de Guasave, Sinaloa, 1942; Relatos sinaloenses, México: Editorial Boreal, 1942; Buenavista de Cuéllar. Epopeya de un pueblo, México, 1943; Napalá, estampas sinaloenses, México, 1952; y Sinaloa, raíz y proyección de su historia, México: Editorial Loera y Chávez, Hermanos, 1988.
Poesía
Intrascendente voz, 1947; Marco de silencio, 1947; Este canto,México, 1955. (Versión italiana por Teresita Messineo); Servidumbre de amor, 1956; Recolección, antología poética, México, 1959; Escala al viento, México, 1960; y Maduro amor, sonetos, 1962, dos ediciones.
Discursos, conferencias y cartas
Los primeros juegos florales de Guasave, Sinaloa, México, 1947; Cuatro discursos sinaloenses, 1947; Voz de Esperanza, México, 1958; Amor y guiso, nudo maciso, Culiacán, 1995; y De entrada (prólogos), Culiacán, 1996.
OBRAS EN COAUTORÍA
Jurídicas
L’Arbitraje Comercial Internacional, La Haya, Holanda, publicación de la Unión Internacional de Abogados; Comisionistas y corredores, obra en colaboración con Jorge Barrera Graf, Chacón Jinesta, Roberto L. Mantilla Molina y Octavio Torrealba, San José, Costa Rica, 1964; Problemas Jurídicos y Sociales de México, Anuario 1953, de la Asociación de Funcionarios Judiciales; Comentarios al Proyecto del Código de Comercio Mexicano, en colaboración con Roberto L. Mantilla Molina y Jorge Barrera Graf, México: Imprenta Universitaria, 1955; Los Canales Internacionales, publicación de la Universidad de Panamá, 1958; La reforma de la legislación mercantil, en colaboración con varios profesores, México, 1985; y México y la cultura, (Cervantes Ahumada escribió el capítulo relativo a la evolución del Derecho Mercantil).
Cultura nacional e historia regional
En Homenaje a Gabriel Ramos Millán, discursos de Adolfo López Mateos y Raúl Cervantes Ahumada, México, 1948; y J’ai vu vivre de Mexique, obra de Jean Camp, París, 1961. (Se traducen 10 historias de Sinaloa).
DISTINCIONES Y CONDECORACIONES
Medalla de oro y diploma otorgados por la Tribuna de México, por las mejores conferencias dictadas en la tribuna, 1958; Medalla de plata y diploma por la Tribuna de México, 1959; Medalla de plata y diploma por la UNAM, como testimonio de gratitud a su meritoria labor en el magisterio universitario; Medalla de oro y diploma Al Mérito Académico, por 35 años de labor docente en la Facultad de Derecho de la UNAM; Medalla al Mérito Jurídico Miguel Alemán Valdés. México, D. F., 21 de agosto de 1996; Premio Jurídico Jorge Sánchez Cordero, Diploma de Honor otorgado por la Universidad de Arizona, en Tucson, Estados Unidos, declarándolo el jurista de más proyección en el mundo (con base en una encuesta realizada por la ONU); Diploma otorgado por el gobierno del Estado de Hidalgo por su labor educativa; Diploma de Honor en Grado Distinguido como Caballero de la Legión de Honor, Francia; Condecoración Bandera Yugoslava con corona de oro, otorgada por el gobierno de Yugoslavia, por los estudios publicados en México sobre el Derecho Yugoslavo; Gran Cruz de la Orden de Honor Forense, presea y diploma alusivo, otorgados por la Asociación Nacional de Funcionarios Judiciales de la Asociación Nacional de Abogados; Profesor Emérito por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México; Doctor Honoris Causa, por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca; Doctor Honoris Causa, por la Universidad Autónoma de Sinaloa; El Centro Cultural de la Universidad de Occidente, campus Guasave, tiene su nombre; La biblioteca municipal de Guasave, tiene su nombre; El Colegio de Abogados de Guasave, Sinaloa, lleva su nombre; El plantel número 55 del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa, en Guasave, tiene su nombre; La escuela preparatoria del centro de población ejidal Leopoldo Sánchez Celis, sindicatura de Eldorado, municipio de Culiacán, e incorporada a la Universidad Autónoma de Sinaloa, se identifica con su nombre; Le fue impuesto su nombre al auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua; Se impuso su nombre a una de las aulas de la Facultad de Derecho de la UNAM; En el Colegio de Sinaloa, institución cultural y académica, cuya sede se encuentra en Culiacán y de la que fue miembro fundador, una aula tiene su nombre; En la ciudad de Guasave, Sinaloa, hay una calzada que se denomina Dr. Raúl Cervantes Ahumada; Una de las calles de Abasolo del Valle y otra en Coatzacoalcos, Veracruz, llevan su nombre; Asimismo, otra calle de la ciudad de Guaymas, Sonora, lleva su nombre; La Secretaría de Educación Pública y la Confederación Marítima Mexicana, A.C., establecieron el Premio Nacional de Legislación y Derecho Marítimo Raúl Cervantes Ahumada; Fue designado Presidente honorario de la Academia Latinoamericana de Derecho de la Navegación; En 1988, el gobierno del Estado de Sinaloa le otorgó el Premio Sinaloa de Ciencias y Artes; Le fue impuesto su nombre a la biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, Sin., 10 de febrero de 1993; El H. Ayuntamiento de Guasave, El Colegio de Sinaloa y el Patronato Pro_Celebración del 400 Aniversario de la Fundación de Guasave, le realizaron un homenaje el 7 de abril de 1995; y La Universidad Autónoma de Puebla le rindió un homenaje en la ciudad de Puebla el 14 de octubre de 1996.
ASOCIACIONES A LAS QUE PERTENECIÓ
Barra Mexicana de Abogados; Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación; Asociación Nacional de Abogados, de la cual fue Presidente; Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México; Instituto de Derecho Comparado, con sede en Francia; Asociación Mexicana Pro_ONU, de la que fue Presidente; Instituto Mexicano de Cultura; Sociedad de Amigos del Libro Mexicano; Academia Cultural Adriática, con sede en Italia; Instituto de Derecho Comercial de la República de Argentina; Ateneo de Ciencias y Artes de México; Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; Academia Mexicana de Derecho Hispano_Americano, de la que fue Presidente; Congreso Nacional Permanente de Asociaciones e Instituciones Científicas y Culturales de la República Mexicana, siendo Presidente; Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, en calidad de Miembro correspondiente; Colegio de Abogados de Guatemala, miembro honorario; Barra de Abogados de Guatemala, miembro honorario; Barra de Abogados de Puerto Príncipe, Haití, miembro honorario; Miembro de número de la Academia Internacional de Derecho Mercantil y del Consumidor, con sede en San Luis Missouri, Estados Unidos de América, de la que fue Vicepresidente; Academia Latinoamericana de Derecho de la Navegación, Presidente honorario; y El Colegio de Sinaloa, miembro fundador.

LEGISLAN A FAVOR DE GOBIERNO ABIERTO

1. Se encuentra la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, vigente. Específicamente los artículos 32, fracción XXVII y 85.

2. Existen iniciativas presentadas en la legislatura las cuales se pueden consultar en el apartado de iniciativas de esta pagina.

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1. Se encuentra la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, vigente. Específicamente los artículos 32, fracción XXVII y 85.

2. Se aprobó la Reforma Constitucional para transformar al Fiscalía General como órgano constitucional autónomo.

Decreto No. 66 de fecha 26 de enero de 2017, publicado en el Periódico Oficial del Estado No. 018 del 6 de febrero del 2017.

3. Se aprobó la Reforma Constitucional Anticorrupción, con lo que propicia la Transparencia en las funciones de gobierno, así como la creación del Tribunal de Justicia Administrativa.

Decreto No. 96 de fecha 14 de marzo de 2017, publicado en el Periódico Oficial del Estado No. 035 del 17 de marzo del 2017

4. Existen iniciativas presentadas en la legislatura las cuales se pueden consultar en el apartado de iniciativas de esta pagina.

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5. El Congreso del Estado es miembro del Secretariado Técnico de Gobierno Abierto en Sinaloa.

Se llevaron a cabo reuniones con la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa.

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Se atendió la presentación del Secretariado Técnico de la CEAIP, el 18 de abril de 2017, tomando protesta este congreso como miembro del mismo.

CONFLICTOS DE INTERÉS

* Ley Orgánica del Congreso:
Artículo 70, párrafos segundo y tercero.
Artículos 18, fracción VII, 19 fracción VIII, 96, fracción III, 132, 220 y 226.

Para efecto de registro de personas y documentos relacionados con acercamiento con la ciudadanía, existe la Dirección de Gestión y Vinculación Social.

Enlazar con el apartado de Dirección de Gestión y Vinculación Social:

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* Para ello se encuentra la Dirección de Gestión y Vinculación Social del Congreso, así como la Unidad de Acceso a la Información Pública.

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* El artículo 130, párrafo segundo, de la Constitución del Estado, establece la obligación de presentar declaración de interés, ante la autoridad competente y en los términos que marca la ley.
(Reforma mediante Decreto No. 96 de fecha 14 de marzo de 2017, publicado en el Periódico Oficial del Estado No. 035 del 17 de marzo del 2017).
Asimismo, para prevenir un posible conflicto de interés, en la Ley Orgánica del Congreso del Estado vigente, regula esta situación en los artículos 149 y 205.

* Con motivo de las obligaciones que señala la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, dicha información puede encontrarse en el portal correspondiente a Obligaciones de Transparencia, de nuestro portal oficial del Congreso.

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* La Ley Orgánica vigente, para prevenir un posible conflicto de interés, establece lo correspondiente en los artículos 149 y 205.

* Actualmente no existe algún caso de conflicto de interés por parte de los legisladores.
No obstante, de conformidad con lo establecido en la Ley Orgánica y, en caso de darse algún conflicto de interés presentado ante la Mesa Directiva, corresponde a Secretaría General de este Congreso resguardar dicha información.

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1. En la Ley Orgánica del Congreso, en el Título Segundo, Capítulo Primero, de rubro “De la Ética Parlamentaria”.

2. Código de Ética de los Servidores Públicos del Gobierno del Estado de Sinaloa

ACCESIBILIDAD Y DIFUSIÓN

Puede consultar la dirección y teléfono de las oficinas en el pie del sitio (parte inferior de sitio), o ir a la sección de “Visita tu Congreso” o “Directorio Administrativo” para mayor información.

Puede visualizar las sesiones del pleno a través de los siguientes medios:

Puede visualizar la transmisión de las sesiones de comisiones a través del siguiente medio:

 Facebook

(Videos de las sesiones de comisiones almacenados en la sección de “Videos” de facebook)

DATOS ABIERTOS Y NO PROPIETARIO

Por el momento no se presenta la información para descargarse en forma masiva.

Información sobre legisladores y servidores públicos

* Con motivo de las obligaciones que señala la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, dicha información puede encontrarse en el portal correspondiente a Obligaciones de Transparencia, de nuestro portal oficial del Congreso.

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* Con motivo de las obligaciones que señala la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, dicha información puede encontrarse en el portal correspondiente a Obligaciones de Transparencia, de nuestro portal oficial del Congreso.

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Información Parlamentaria

* Se cuenta con un motor de búsqueda especializado en todo el sitio web sobre la parte superior derecha del menu principal.

El número y periodo de legislatura se muestran en la cabecera (parte superior del sitio).

* De acuerdo a lo establecido en el artículo 96 de la Ley Orgánica del Congreso, existe para tal efecto:
– La Dirección de Gestión y Vinculación Social
– La Unidad de Acceso a la Información Pública
– El Departamento de Proceso Legislativo
Las cuales tienen bajo su resguardo la información correspondiente.

Enlazar con el apartado de Dirección de Gestión y Vinculación Social, la Unidad de Acceso a la Información y a la Jefatura del Departamento de Proceso Legislativo:

 Directorio Administrativo

Puede consultar el registro de asistencia de las y los legisladores en los diarios de los debates.

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Puede consultar el registro de asistencia de las y los legisladores en la sección de obligaciones de transparencia en el artículo 97 fracción VIII.

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* Con motivo de las obligaciones que señala la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, dicha información puede encontrarse en el portal correspondiente a Obligaciones de Transparencia, de nuestro portal oficial del Congreso.

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Puede consultar la versión estenográfica de los debates en comisiones en la sección de Actas y Acuerdos de las Comisiones.

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PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y RENDICIÓN DE CUENTAS

Puede consultar las votaciones en comisiones en la sección de Actas y Acuerdos de las Comisiones.

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Con motivo de las obligaciones que señala la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, dicha información puede encontrarse en el portal correspondiente a Obligaciones de Transparencia, de nuestro portal oficial del Congreso.

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Puede consultar el registro de asistencia de las y los legisladores en los diarios de los debates.

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Puede consultar el registro de asistencia de las y los legisladores en la sección de obligaciones de transparencia en el artículo 97 fracción VIII.

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Puede consultar las asistencias en comisiones en la sección de Actas y Acuerdos de las Comisiones.

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Actualmente, la Ley Orgánica del Congreso establece que deberán presentar informes: la Junta de Coordinación Política, de la Diputación Permanente y de las Comisiones Permanentes, las cuales pueden consultarse en:

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Puede consultar información relacionada a este punto en las redes sociales que manejan los representados las cuales se encuentran en sus respectivas fichas.

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* Por el momento no existen mecanismos de participación ciudadana en temas de presupuesto en el Congreso del Estado de Sinaloa.