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Muro de Honor – Universidad Autónoma de Sinaloa

Institución educativa que tuvo sus orígenes a partir del decreto número 32, expedido por la Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa, con sede en Mazatlán, entonces capital del estado. Se aprobó con el título: Ley  Rosales, de fecha 27 de diciembre de 1872 y publicado en el Boletín Oficial del 22 de febrero de 1873.

La primera junta directiva de estudios, reunida el 2 de mayo de 1873, aceptó la propuesta del licenciado Francisco Gómez Flores, presidente de la misma, para que la inauguración del Liceo Rosales se efectuara el 5 de mayo, “por ser aniversario de la gloriosa jornada de Puebla y una gran fecha solemne para el país, contribuyendo con ello a la festividad del país”.

Se destinó para el nuevo plantel educativo, la casa ubicada contra esquina de la Plazuela Machado, donde estuvieron los talleres y oficinas de El Correo de la Tarde, en el tiempo que fue su editor Miguel Retes.

En 1874, se trasladó la institución a la ciudad de Culiacán y hasta el 4 de marzo se inauguró oficialmente con el nombre de Colegio Rosales. Una de las razones del cambio de sede fue que Culiacán había sido declarada por el Congreso del Estado como capital del estado a partir del 20 de septiembre de 1873. De acuerdo con el plan de estudios (1 de marzo de 1874), la institución cambió de denominación a “Colegio Rosales”, pues se pretendía que además de impartir instrucción preparatoria también impartieran estudios profesionales.

A partir de ese plan de estudios  el Colegio Rosales devino en una institución eminentemente laica que pretendió transformarse en un plantel con definidas aspiraciones académicas, pues llegó a tener en su oferta educativa algunas cátedras de índole científica.

El 20 de diciembre de 1881, la institución cambia su denominación a “Colegio Nacional Rosales”. En ese año, entró en vigor la ley que tenía por objeto organizar y reglamentar la instrucción pública. Con ella la educación primaria se encargó a los ayuntamientos y la instrucción preparatoria y profesional fue responsabilidad del Gobierno del Estado, a través del Colegio Nacional Rosales. Se acordó ese nombre con el fin de captar estudiantes de otras entidades federativas. Además, se  había adoptado el plan de preparatoria de 5 años, siguiendo el plan de la escuela Nacional Preparatoria, fundada por el positivista Gabino Barreda, alumno del francés Auguste Comte.

En el periodo 1885-1918, se denomina nuevamente Colegio Rosales. En octubre de 1885, el gobierno de Francisco Cañedo adquirió una casa conocida como El Mesón de San Carlos en Culiacán, edificio que se inauguró reconstruido el 17 de octubre de 1887. En ese año había inscritos sesenta y dos alumnos.

En 1886, se graduó el primer abogado del colegio: Tiburcio Araujo Villegas.

En 1887 se publicaba un periódico estudiantil en el colegio (quizá sea el primero), con el título El eco juvenil.

En 1888, la institución vivía una buena situación interna. Habían transcurrido quince años desde la fundación del Liceo en Mazatlán. En ese año era el director el señor Epitacio Osuna.

El edificio central de la institución, que aún se levanta frente a la plazuela Rosales, fue construido por el ingeniero Luis f. Molina e inaugurado en 1895, pero solo con la primera planta (inicialmente el edificio había sido planeado como residencia familiar del gobernador Francisco Cañedo).

Entre 1893 y 1911, la institución estuvo dirigida por el doctor Ruperto L. paliza, un hombre que destacó como catedrático, académico, médico, escritor, filántropo, administrador y político, pero que murió en la miseria, solo y abandonado en Hermosillo, Sonora.

En los años 1909-1918 no se registraron cambios importantes en el colegio. Salvo la manifestación de rebeldía de un grupo de simpatizantes de José Ferrel que encabezó el alumno del internado de derecho Rafael Buelna Tenorio, la cual fue secundada por el maestro Luis G. Orozco.

Hasta el 7 de septiembre de 1917, se habían graduado 148 alumnos, entre hombres y mujeres, como preceptores de primeras letras, ensayadores, hidroagrimensores, tenedores de libros, ingenieros, topógrafos, abogados, escribanos públicos, en comercio, profesores normalistas, ingenieros, topógrafos  e hidrógrafos.

Al triunfo de la Revolución mexicana, el gobierno del general Ramón F. Iturbe proyectó imprimirle una nueva orientación a la institución. Se le dio al doctor Bernardo J. Gastélum una encomienda expresa y muy especial de parte del gobernador. Se le instruyó que viajara a los Estados Unidos con el fin de visitar varias universidades prestigiadas y observara su organización, así como su desempeño. A fines de 1917, Gastélum propuso al gobernador y a la Junta Directiva de Estudios una serie de cambios al reglamento interior y al plan de estudios del colegio, con el fin de avanzar hacia su transformación en universidad.

El 9 de mayo de 1918, se expide la Ley que organiza la Universidad de Occidente y le concede su autonomía. Con base en ella se reestructuró la institución con el nombre de “Universidad de Occidente”. Se asignó al cargo de  rector al doctor Bernardo J. Gastélum, quien ya había ocupado el puesto de director del colegio. Se advierte en esta ley constitutiva que la universidad sería autónoma en lo que se refiere a sus aspectos académicos, pero no en sus aspectos financieros.

En febrero de 1919, el alumno Juan B. Ruiz participó en el certamen para seleccionar el lema para la universidad, resultando triunfador con su propuesta: Sursum  Versus (hacia la cúspide).

Por medio del Decreto número 11, del 18 de octubre de 1922, se le cambió el nombre a la institución, para regresar a la denominación de Colegio Civil Rosales. Se hizo cargo de él, de 1922 a 1924, el licenciado José María Tellaeche, le siguió brevemente en el puesto el químico farmacéutico Manuel Paz en 1924 y después regresa Tellaeche de 1927 a 1930. El licenciado Enrique Pérez Arce fue director del colegio del 8 de marzo al 27 de octubre de 1922, y después de 1927 a 1930.

En el año de 1937, por el Decreto número 135 de 17 de febrero, la institución pierde definitivamente el nombre de Rosales y pasa a ser Universidad Socialista del Noroeste, siguiendo la línea y directriz trazada por la política educativa del presidente de la república general Lázaro Cárdenas del Río. Así se mantiene hasta 1941.

En 1937, y según la declaración oficial “la tendencia de la nueva universidad era socializar la cultura”. Se cambió la estructura, la organización, las finalidades y el nombre. Perdió también su relativa autonomía y con este nuevo nombre dependía directamente del Poder Ejecutivo del Estado, cuyo titular era el coronel Alfredo Delgado. Fungía Crispín Borboa  como secretario encargado de la rectoría (1937). Luego ocuparon los cargos: Solón Zabre, rector (1937-1938); Carlos McGregor Giacinti secretario encargado de la rectoría (1938-1939); y el licenciado J. Alonso Álvarez, secretario encargado de la rectoría (1939-1941).

En el periodo 1941-1966, la institución adoptó el nombre de Universidad de Sinaloa, mediante Decreto número 197 expedido por la Legislatura del Congreso el 9 de octubre de 1941. Sus rectores fueron: ingeniero Enrique Coppel Rivas (1941), licenciado Arturo García Formentí (1941-1943), químico farmacéutico Amado Blancarte (1943-1944 y 1945-1947), licenciado Raúl Cervantes Ahumada (1945) licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna (1947-1950), doctor Humberto Bátiz Ramos (1950-1956), doctor Jesús Rodolfo Acedo (1956-1959), doctor Fernando Uriarte (1959-1962). El licenciado Clemente Vizcarra Franco fue designado rector interino (de septiembre a diciembre de 1962) por el gobernador general Gabriel Leyva Velázquez, le siguió en dicho cargo el doctor Julio Ibarra Urrea (1963-1966).

Mediante el Decreto número 10, expedido por la XLV Legislatura del Congreso del Estado, el 4 de diciembre de 1965, se le otorgó la autonomía a la institución. Fue un acto obsequioso, libre de presiones por parte del gobernador Leopoldo Sánchez Celis, quien contó con el apoyo incondicional de la totalidad de diputados locales. A partir de 1966, se le denominó a la institución Universidad Autónoma de Sinaloa.

El doctor Julio Ibarra Urrea dejó la rectoría en septiembre de ese año y la asumió el licenciado Rodolfo Monjaraz Buelna, quien la dirigió desde 1967 hasta febrero de 1970.

Destacaron como rectores en esta etapa, el doctor Gonzalo Armienta Calderón (del 25 de febrero al 24 de abril de 1972), el licenciado Marco César García Salcido (del 7 de junio de 1972 al 19 de julio de 1973), el licenciado Arturo Campos Román (del 26 de julio de 1973 al 20 de mayo de 1976 y luego del 5 de enero al 20 de mayo de 1977) y el ingeniero Eduardo Franco ( del 8 de junio de 1977 al 7 de junio de 1981).

De 1973 a 1977, en la UAS se forman los sindicatos STEUAS (de trabajadores y empleados administrativos) y el SPIUAS (de catedráticos e investigadores).

Así, con la influencia ideológica del modelo de Universidad Democrática, Crítica y Popular, por el Decreto número 26 y publicado en El Estado de Sinaloa, órgano Oficial del Gobierno del Estado, el 30 de junio de 1978, se adiciona el artículo 16 a la Ley Orgánica de la UAS, para establecer que el rector será la autoridad ejecutiva de la Universidad, el cual será electo por mayoría en votación directa, universal y nominal de estudiantes y profesores de las facultades y escuelas de la Universidad, correspondiendo del total de la votación, el cincuenta por ciento a los estudiantes y el cincuenta por ciento a los profesores.

En esta etapa destacan como rectores: Jorge Medina Viedas (1981-1985), Audómar Ahumada Quintero (1985-1989), David Moreno Lizárraga (1989-1993), Rubén Rocha Moya (1993-1997), Jorge Luis Guevara Reynaga (1997-2001) y Gómer Monárrez González (2001-2005).

Durante el rectorado del maestro Héctor Melesio Cuén Ojeda (de 2005 a 2009) la LVIII Legislatura del Congreso del Estado, mediante el Decreto 389, del 27 de julio de 2006, expidió una nueva Ley Orgánica. Con dicha reforma se puso fin al voto universitario y a las campañas onerosas que confrontaban a grupos políticos que dominaban en el interior de la institución. Ahora los nombramientos de rector y de los directores de unidad académica los aprueba el Consejo Universitario a partir de ternas propuestas por la Comisión Permanente de Postulación.

Es así que aquel pequeño salto titubeante iniciado por el padre del liberalismo en Sinaloa, licenciado Eustaquio Buelna, al reunir apenas entre once y veinte alumnos y tres maestros, hoy es una institución gigantesca que cubre el territorio de Sinaloa.

El 24 de enero de 2012, la LX Legislatura del Congreso del Estado expidió el Decreto número 420, por el cual se aprobó se inscribiera con letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones la divisa: “Universidad Autónoma de Sinaloa”, como un reconocimiento a su labor, símbolo de cultura, ciencia y superación que dicha institución educativa ha otorgado al pueblo sinaloense.