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Muro de Honor – Salvador Alvarado

Militar, ideólogo de la Revolución Mexicana y de la reconstrucción del país después del porfiriato. Nació en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, en el céntrico barrio «El Coloso» el 16 de septiembre de 1880, a las cuatro de la mañana, según consta en el acta del Registro Civil número 221, expedida el 24 de septiembre de ese año. Fue hijo natural de Timoteo Alvarado, tintorero de oficio, originario de Tepic, y de doña Antonia Rubio, dedicada a las labores del hogar, ambos avecindados en Culiacán.

Salvador Alvarado desde niño, apenas tendría ocho años, se trasladó junto con su familia a Sonora. En ese estado norteño terminaría por formarse como hombre de firmes principios morales, disciplinado en el trabajo y entregado por su cuenta a la lectura y al estudio.

En el pueblo yaqui de Pótam, su padre se dedicó a la venta de telas. Al tiempo, el joven Alvarado emigraría al puerto de Guaymas pues había sido recomendado por su amigo Adolfo de la Huerta para trabajar en la farmacia del médico Luis G. Dávila.

Después, Salvador Alvarado abriría su propia botica en el pueblo minero de Cananea, donde observó más posibilidades para las actividades mercantiles y para desarrollar sus ímpetus juveniles.

En 1906, Salvador Alvarado es nombrado elector en los comicios del Estado de Sonora, y al entrar en relaciones con mineros inconformes con el régimen se adhiere al Partido Liberal Mexicano, iniciándose de ese modo en actividades antiporfiristas y convirtiéndose en propagador clandestino del ideario político de Ricardo Flores Magón.

Y en 1910, al promoverse la candidatura a la presidencia de la República de don Francisco I. Madero en Sonora, fue uno de los primeros que se afilian al Partido Antirreleccionista, que era coordinado por el sinaloense Benjamín Hill.

A fines de ese año, Salvador Alvarado en compañía de otros jóvenes revolucionarios idealistas participan en un frustrado asalto al cuartel militar de Hermosillo. Algunos son pasados por las armas y otros, como Salvador Alvarado, escapan rumbo a Arizona, Estados Unidos.

Es a principios del año de 1911, cuando cruza la frontera y se incorpora, con el grado de capitán, a la lucha armada en contra del ejército federal de Porfirio Díaz. Una de las primeras acciones de armas fue la toma de Agua Prieta, efectuada el 13 de abril de 1911.

Bajo las órdenes del coronel Juan G. Cabral, participó en varias escaramuzas y combates. Y al triunfo de la revolución maderista se le otorgó el grado militar de Mayor y se le nombró Jefe del Cuerpo Auxiliar del Estado de Sonora.

Durante el breve gobierno del Presidente de la República don Francisco I. Madero, Salvador Alvarado tuvo bajo su mando las tropas del Cuerpo Auxiliar Federal. Asimismo, en ese período es enviado a combatir la rebelión encabezada por Pascual Orozco, viendo acción en la hacienda de Ojitos, Chihuahua, donde derrotó a un grupo de rebeldes orozquistas comandados por José Inés Salazar.

Después de los hechos de la «Decena Trágica» sucedidos en la ciudad de México del 9 al 19 de febrero de 1913, que tienen como consecuencia la muerte de Madero y Pino Suárez, Salvador Alvarado desconoció al general Victoriano Huerta, quien había asumido la presidencia, y se sumó a la revolución constitucionalista dirigida por el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza, y que en Sonora había secundado Álvaro Obregón al lado de otros connotados revolucionarios.

El primero de marzo de 1913, Salvador Alvarado ascendió a teniente coronel y luego el 5 de marzo se le otorga el rango de coronel y el nombramiento de jefe de la zona militar del centro de Sonora.

Tomó parte de las primeras escaramuzas y combates sostenidos con los federales huertistas, y el 13 de mayo participa en la batalla de Santa Rosa. Destacándose también el 27 de junio en la batalla de Santa María.

En julio de 1914, ya con el grado de general brigadier concedido por Venustiano Carranza, se le dio el mando de las tropas del Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste que mantuvieron el sitio del puerto de Guaymas.

Por diferencias con José María Maytorena, Gobernador del Estado de Sonora, fue apresado y relevado del mando militar, siendo sustituido por el general Benjamín Hill. Recobró la libertad en octubre de 1914, por acuerdo de la Convención de Aguascalientes y en diciembre de ese año, Venustiano Carranza lo envió a Puebla a combatir a grupos zapatistas.

En febrero de 1915, Venustiano Carranza lo nombró gobernador y comandante militar de Yucatán. Se traslada por vía marítima y desembarca en Campeche. En tres batallas derrota a los federales, entra a Mérida y toma posesión de su cargo. Una de sus primeras acciones fue liberar a los campesinos mayas de la servidumbre al anular las deudas de éstos con los hacendados y prohibir otras formas de opresión, como los azotes, la tutela, la retención de los hijos y el confinamiento, entre otras.

Asimismo, reglamentó el trabajo doméstico y patrocinó la realización del primer Congreso Feminista. Organizó además el Primer Congreso Pedagógico, donde se trazaron reformas y acordaron propuestas que fructificaron con la apertura de 300 bibliotecas y más de un millar de escuelas, impulsando la educación en todos los niveles, ya que fundó una escuela normal de profesores, una normal mixta, una escuela de agricultura, una escuela de artes y oficios, un conservatorio de música, así como escuelas nocturnas para artesanos. Y como parte de su política social, cerró cantinas y prostíbulos.

En materia laboral, sobresale la apertura en Mérida de la Casa del Obrero Mundial, la expedición de una Ley del Trabajo y la creación de juntas de conciliación y un tribunal de arbitraje. En cambio, en materia agraria no pudo avanzar, pues sus proyectos fueron cancelados por órdenes del presidente Carranza.

En la región del sureste a Salvador Alvarado se le recuerda con admiración, pues se distinguió como el gobernante revolucionario que en menos tiempo, alrededor de dos años, realizó el mayor número de obras benéficas que haya efectuado una administración gubernamental.

En la Revolución Constitucionalista, trasladada por él a Yucatán, desde su arribo transformó las bases en que estaba sustentada la economía regional, pues con sus reformas trascendentales, el general Salvador Alvarado introdujo cambios al sistema del liberalismo dominante, generando una normatividad situada entre los extremos del interés privado y el estatal. Lo que importaba era aumentar la productividad de las haciendas sobre bases sólidas y con justicia social para dar sustento financiero a la revolución constitucionalista.

En el libro de su autoría Mi actuación revolucionaria en Yucatán, relata lo siguiente:

Encontré a Yucatán en plena servidumbre; miles de desgraciados por culpa de instituciones tradicionales y de vicios sociales tan fuertemente enraizados que parecían indestructibles, languidecían de generación en generación con la vida vendida a los «amos»; con los músculos relajados en enriquecer a la casta de los señores; con el alma y la conciencia sujetas al hierro invisible de una amarga esclavitud, en la cual habían aprendido, de padres a hijos, que no podían tener otro sueño de alegría que el del alcohol, ni otra esperanza de liberación que la muerte.

Encontré que la riqueza de aquel pueblo bueno y fuerte, hecho para mejores destinos, no tenía fundamento ni otro origen que el trabajo del indio. Sobre su miseria y sobre su ignorancia, que le convertían en máquina de labor, se habían levantado fabulosos capitales y se habían labrado fortunas de príncipes.

El gran triunfo de Salvador Alvarado constituyó haber plantado la semilla del nuevo Estado Nacional en la península de Yucatán. Pues, marcó el origen del Estado Social de Derecho al fundar una política de concertación entre gobierno, empresarios y trabajadores. Igualmente, pretendió poner fin a la política caciquil de compadrazgos y favoritismos, y que en su lugar se impusiera una serie de prácticas basadas en el ahorro del esfuerzo, en la línea de menor resistencia, en una palabra: en la eficiencia administrativa.

Con las medidas económicas, políticas y jurídicas que dictó en ese estado de la República se anticipó en varias décadas a la legislación agraria y laboral de México, instrumentó reformas legislativas que luego fueron incorporadas a la Constitución de 1917; pues cabe mencionar que la diputación yucateca al Congreso Constituyente de 1916_1917 fue portadora de esas iniciativas radicales inspiradas en el pensamiento visionario de Salvador Alvarado.

Para consolidar lo rescatable del viejo liberalismo de corte individualista en Yucatán, el general Alvarado rápidamente incorporó alto contenido social a sus medidas políticas, porque no encontró otra forma de superar el debate frente a los conservadores y demás críticos, asimismo frente a los incrédulos y poderosos hacendados de la «casta divina», además, tenía que ser congruente con uno de sus postulados fundamentales: seguir alentando el cambio social, por sobre todas las concertaciones con los hacendados y caciques.

Sin embargo, no pudo continuar su obra monumental en Yucatán, pues entregó el poder el primero de enero de 1918, después de efectuarse elecciones convocadas ya de acuerdo al texto constitucional de 1917.

Después, el presidente Venustiano Carranza lo designó comandante militar del Istmo, Oaxaca y Veracruz. Sin embargo, como hombre de firmes principios democráticos solicitó licencia como general del ejército por oponerse a la imposición de la candidatura a la presidencia de la República de Ignacio Bonillas. La licencia le fue negada y como consecuencia fue aprehendido. Al no comprobársele algún delito viaja al destierro voluntario y se dirige a los Estados Unidos.

En 1919, regresa a nuestro país y funda el diario capitalino El Heraldo de México, además publica en ese año el libro La Reconstrucción de México. Un mensaje a los pueblos de América (en dos tomos). En 1916, había escrito su Carta al pueblo de Yucatán y Mi Sueño.

En 1920, se adhirió al triunfante Plan de Agua Prieta, alcanzando el grado de General de División. Y con el arribo de los sonorenses al poder y siendo presidente interino Adolfo de la Huerta es designado Secretario de Hacienda y Crédito Público.

Después, al tomar posesión de la presidencia de la República Álvaro Obregón, se retira del ejército.

En diciembre de 1923, se unió a la frustrada rebelión delahuertista como jefe de la infantería. Defiende la plaza de Ocotlán, Jalisco, por once días; es derrotado y abandona el país por el puerto de Manzanillo, desembarcando en San Francisco, California, luego se dirige a Nueva York.

Regresa a México al año siguiente, por invitación de su amigo Adolfo de la Huerta, y se hace cargo del movimiento insurrecto en el sureste durante el mes de marzo. Pero las operaciones militares de los rebeldes fracasan y viendo la causa perdida se dirige con un pequeño grupo de seguidores al territorio de Guatemala. Es interceptado por fuerzas obregonistas cerca del rancho «El Hormiguero», entre Tenosique, Tabasco y Palenque, Chiapas.

Salvador Alvarado muere fusilado en dicho lugar el 10 de junio de 1924, sin habérsele formado causa. Las órdenes de su ejecución fueron cumplidas por su captor el teniente coronel Diego Zubiaur, subordinado del general obregonista Federico Aparicio.

Salvador Alvarado fue un hombre autodidacta, empedernido lector de libros sobre temas económicos, políticos y sociales; poseedor de amplia cultura y escritor prolífico; un visionario del México moderno; además, un representante genuino del liberalismo mexicano y un militar revolucionario incorruptible y generoso que debe ser ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones de mexicanos y sinaloenses.

Su preocupación por abrevar en el conocimiento científico y saber popular no disminuyó con los años intensos vividos al calor de la Revolución Mexicana y pese a los múltiples problemas políticos y militares a que se enfrentó con valentía y decisión.

En septiembre de 1980, con el propósito de conmemorar el Centenario del natalicio del general Salvador Alvarado, Yucatán lo declaró Benemérito del Estado, igualmente su nombre quedó inscrito en letras de oro en el salón de sesiones del Congreso del Estado de Yucatán a fin de perpetuar la memoria de tan esclarecido militar y estadista.

Diez años después, el Congreso del Estado de Sinaloa, a través de su LIII Legislatura, le rindió tributo a su memoria y también decretó se inscribiera su nombre con letras de oro en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, según decreto número 23, publicado en el Periódico Oficial «El Estado de Sinaloa», número 23 de 21 de febrero de 1990.

Un municipio lleva su nombre, al igual que varias escuelas, mercados y calles de las principales ciudades de Sinaloa.