Ir a Contenido Principal

Muro de Honor – Rafael Buelna

El más joven y valiente de los generales de la Revolución Mexicana. Rafael Buelna Tenorio, conocido como «El Grano de Oro», apodo que recibió de su madre siendo aún muy pequeño. Muchos años después, dicho sobrenombre sería divulgado por el poeta Baltasar Izaguirre Rojo, a través de su novela histórica Grano de Oro, publicada en México por Ediciones Botas en 1936.

Rafael Buelna vino al mundo el 23 de mayo de 1890, en la villa de Mocorito, Sinaloa, según el acta de nacimiento número 246, localizada en el Registro Civil. Fue hijo primogénito de don Pedro Buelna Pérez y de doña Marcelina Tenorio de Buelna, puntales de una familia mocoritense que no tuvo apremios económicos. Su padre, había sido agricultor y gambusino y, además era hermano del licenciado Eustaquio Buelna, historiador y exgobernador del Estado, padre del liberalismo en Sinaloa.

De conformidad al contenido del acta número 231, correspondiente a la hoja 405 del libro número 11 de bautizos que aún se conserva en el archivo de la parroquia de Mocorito, Rafael Buelna recibió las aguas del río Evora un día después de haber nacido. Los padrinos fueron su tío Rosalío Tenorio y Felipa Gutiérrez.

Sus hermanos fueron, en orden descendente, José Miguel, Marcelina y Teresita, esta última moriría siendo aún niña por graves quemaduras provocadas con agua hirviente.

Su infancia transcurrió en su pueblo natal como la desean muchos niños: pletórica de travesuras. Cuando tenía 8 años, inició sus estudios en la Escuela Primaria «Lic. Benito Juárez» de Mocorito, la única que había, cuyo edificio todavía se conserva frente a la iglesia y plazuela. En ese plantel, dirigido por el profesor José Sabás de la Mora a partir del año de 1900, Rafael Buelna tendría ocasión de revelar a sus maestros y condiscípulos su precosidad, inteligencia, imaginación desbocada y predisposición a la aventura, acompañada de una persistente inclinación por el periodismo y la literatura.

Fue precisamente con la publicación _burda y hecha a manera de juego_ de la hoja que llamó «El Diminuto», cuando Rafael Buelna da a conocer sus primeros versos y su vocación por despuntar en el liderazgo estudiantil. Pues, pese a su corta edad y de ser de complexión delgada, logró imponerse como líder tempranamente. «Siempre era el escogido por don Sabás de la Mora para que nos reuniera, para que llamara a formación, todos le obedecíamos. La simpatía, aunada a su inteligencia, lo convirtieron en un líder natural, con el que nos gustaba compartir». Así se refirió en la revista «Presagio», Don Ricardo Riveros, su condiscípulo.

Buelna recibió elogiosos comentarios de sus padres, familiares, maestros y vecinos quienes entonces le vaticinaron un futuro promisorio dentro de la política o la abogacía, o tal vez en las letras, tan socorridas entonces por jóvenes de la clase media.

Sin embargo, esas enormes cualidades de Rafael Buelna también lo empujaban cada vez más a la aventura, a los sueños románticos, donde menudeaban los viajes por el mar combatiendo a supuestos piratas; o en las planicies costeras cabalgando al frente de un ejército en pos de sonadas victorias sobre la injusticia, o el autoritarismo, en este caso representado por el gobierno de Porfirio Díaz y de Francisco Cañedo, Gobernador de Sinaloa. Ideales que habían fructificado en su infancia, seguramente alimentados por las enseñanzas de su padre y de su tío el licenciado Eustaquio Buelna, que había sido repudiado por el régimen cañedista. Tal precocidad y desinhibición en un niño no era común de ver todos los días. Y más aún debe sorprender su gran poder de convencimiento al llevarse consigo a la aventura armada de la revolución a varios de esos condiscípulos de la escuela de Mocorito y del Colegio Rosales.

Sus incipientes ideas políticas contrarias al gobierno Porfirista _y el que representaba Cañedo en Sinaloa_ ya Rafael Buelna las había adoptado al finalizar su instrucción primaria. Así, lo manifestó públicamente años más tarde, a través de la prensa, durante la larga polémica que sostuvo con su antiguo preceptor y director de la escuela primaria, profesor Sabás de la Mora, quien era un liberal dogmático, convencido de las benevolencias que otorgaba el gobierno del general Porfirio Díaz. «El mejor que México ha tenido», expresaba, para que enseguida el rubio adolescente le replicara tal aserto con toda la fuerza de sus palabras.

Rafael Buelna terminó la instrucción primaria en su pueblo natal y los estudios secundarios los inició en Culiacán en el Colegio Civil Rosales, el primero de enero de 1907. Rápidamente se destacó en el colegio como uno de los estudiantes más aprovechados en el estudio, e hizo sus ensayos profesionales en el periodismo, enviando primero pequeñas producciones literarias y después artículos de debate a El Correo de la Tarde, que se publicaba en Mazatlán. En su época estudiantil Rafael Buelna Tenorio conservaría el aspecto de muchacho audaz, inquieto, decidido y temerario; era lampiño, menudo de cuerpo, de fácil y persuasiva palabra.

Fue expulsado del Colegio Civil Rosales el 24 de junio de 1909, debido a que encabezó una manifestación política por las calles de Culiacán y condujo un movimiento de insubordinación de los jóvenes estudiantes internos del plantel la noche del 23 de junio, esa fue la primera acción estudiantil que se llevó a cabo contra la última reelección del general Porfirio Díaz. Otra razón de su separación del plantel, fue el apoyo que manifestó en favor de la campaña política del periodista José Ferrel Félix, candidato independiente a la gubernatura del Estado. La manifestación causó un serio alboroto en las esferas oficiales y despertó el entusiasmo popular. El periodista Heriberto Frías publicó en el periódico El Correo de la Tarde un artículo titulado: «El heroísmo de los estudiantes ferrelistas del Colegio Rosales».

A raíz de su expulsión, Buelna se fue a radicar a Guadalajara con el fin de continuar sus estudios. Fue periodista en La Gaceta, de Guadalajara, de 1909 a 1910.

Durante el breve movimiento armado maderista, Rafael Buelna participó en algunas escaramuzas y combates en el territorio de Tepic, militando al lado de Martín Espinoza.

Pero, al empezar la campaña de 1913 contra el general Victoriano Huerta, Rafael Buelna no sería más un simple guerrillero. Había recibido el grado de general brigadier el 26 de diciembre de 1913, en Hermosillo, Sonora, firmado por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista don Venustiano Carranza. En el libro de Ivor Thord_Gray Gringo rebelde, historias de un aventurero en la Revolución Mexicana (1913_1914), aparecen incontables referencias a Rafael Buelna con relación al avance triunfal de las fuerzas obregonistas que se dirigían a la Capital.

En el Cuerpo del Ejército Constitucionalista del Noroeste, Buelna fue quizás el alumno más renuente en aprender los secretos de la caballería, quien entonces aún no cumplía los 24 años de edad. Thord_Gray narra que el 5 de febrero de 1914, el general Lucio Blanco le ordenó que suspendiera el programa de entrenamiento y se dirigiera al sur, al territorio de Tepic, donde el general Buelna comandaba las tropas rebeldes, la extrema avanzada del Cuerpo del Ejército del Noroeste. Dice Thord_Gray textualmente en la página 106:

«Mi responsabilidad consistía en sosegar los ímpetus de este hombre, el cual tendía a ser extremadamente temerario y descuidado, aunque era afortunado. Mi tarea implicaba también el tratar de persuadirlo de que aceptara algunos principios fundamentales en materia militar, tales como estrategia, táctica y administración y hacer cuanto pudiera por este soldado muy joven pero valeroso.»

Líneas más abajo, el aventurero de quien se sospechaba era espía alemán, completa el cuadro de Buelna y de sus fuerzas de esta manera:

«…parecía bastante joven, unos veinticinco años, de aspecto pulcro y al parecer muy inteligente, aunque no era fuerte físicamente. Parecía contento de verme y no tenía nada en contra de recibir lecciones, si bien insistió en que fueran en privado, lo cual era comprensible».(…)

«Casi toda su caballería se había adiestrado en nuestra primera escuela en Hermosillo y en camino a Culiacán, y lucía en bastante buena forma. También contaba con una pieza de campaña y un contingente de artillería adiestrado a medias. Rafael Buelna, que acababa de ser nombrado brigadier, recibía sus órdenes del cuartel general en Culiacán. Sus operaciones contra los federales las inició en el sur de Sinaloa, de donde los hizo retroceder a unos cuarenta kilómetros de Tepic. Sus oficiales presumían de que los federales estaban huyendo, la revolución estaba por concluir y el general Buelna era ahora la figura militar principal, amén de política, en el bando rebelde, y que pronto sería Ministro de Guerra, y Presidente a su debido tiempo».

Al general Buelna le fueron útiles las enseñanzas recibidas de Thord_Gray, pues hasta ese tiempo no contaba con un servicio de espionaje que le permitiera recibir información sobre los federales. Su guardia de avanzada no era tal, pues por lo regular marchaba pegada casi siempre a la columna principal. Asimismo, Buelna creía innecesario adelantar una pantalla de exploradores desplegados al frente y a los flancos, lejos de la columna, que funcionara a manera de alarma en momentos de peligro.

El 10 de noviembre de 1914, el general de brigada Eulalio Gutiérrez, Presidente de la República, nombrado por la Soberana Convención de Aguascalientes, le reconoció el grado de general de brigada, al cual había sido ascendido días antes por don Venustiano Carranza; en esa ocasión, también fue designado Jefe de la División de Occidente, con operaciones militares en Sinaloa, Tepic y Jalisco. Después del rompimiento entre carrancistas y villistas, militó con éstos últimos, siguiendo a su amigo también mocoritense Felipe Riveros. Envió a su hermano, el licenciado Miguel Buelna, a exigirle armas a Francisco Villa para sostener la plaza de Tepic, contra el general Ramón F. Iturbe y cuando Doroteo Arango Quiñónez alias «Francisco Villa» le exige que permanezca en Durango, lo desobedece y se va a Chihuahua, con un gesto de desafío, y es cuando Villa ordena su fusilamiento, pero Buelna burla a todas las vigilancias y realiza la gran gesta de llegar ileso con los suyos, hasta los Estados Unidos. Había contraído matrimonio civil y religioso el 11 de agosto de 1915 en Ahuacatlán, Nayarit, con Luisa Sarría Escudero, un mes antes de defeccionar de las fuerzas villistas y de irse al destierro voluntario.

El general Rafael Buelna fue héroe de muchas batallas de las que salió vencedor. Derrotó en dos ocasiones a Juan Carrasco y venció también al general Lázaro Cárdenas del Río, a éste último le perdonó la vida.

Durante la rebelión delahuertista falleció en un combate sostenido en las afueras de la ciudad de Morelia, Michoacán, el 23 de enero de 1924.

Siendo Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas, dispuso el traslado de sus restos desde el panteón civil de Morelia a Culiacán en septiembre de 1935.

En 1954, la Federación de Estudiantes Universitarios Sinaloenses, (FEUS) para honrar su memoria fijó una placa de bronce a la entrada de su oficina ubicada en el primer descanso de las escaleras del edificio central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y sobre ella se lee el siguiente mensaje: «Un Granito de Oro desprendido de las vetas del ideal revolucionario».

El Congreso del Estado lo declaró Hijo Predilecto de Sinaloa, según decreto 198, publicado en el Periódico Oficial número 10 de 22 de enero de 1974. Y fue nominado «Año de Rafael Buelna Tenorio» el 1990, de acuerdo al decreto número 42, publicado en el Periódico Oficial número 30 de 9 de marzo de 1990.

Una calle y una escuela primaria de la capital llevan su nombre. Así como, el aeropuerto internacional de Mazatlán.