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Muro de Honor – Pedro R. Zavala

Poeta, ingeniero militar, político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Pedro Rosendo Zavala nació en El Fuerte, Sinaloa, el 30 de junio de 1876. A los 18 años de edad, comenzó a escribir y publicar versos en los periódicos de El Fuerte, Culiacán y Mazatlán.

Según el historiador Héctor R. Olea, Zavala era un poeta parnasiano, elegante en la rima, cuidadoso de los moldes métricos, de inspiración profunda y un autodidacta de firme cultura. En los años noventa del siglo pasado escribió los siguientes poemas: Deseos, Rondel, Peregrinación, Ninón, Friolets, La tienda de los bohemios, Rumores (dedicado al poeta Salvador Díaz Mirón), y Símiles, todos ellos habían sido dedicados a su coterráneo y amigo Emiliano C. García, también diputado constituyente.

Zavala cobró fama además en la prosa, al publicar varias narraciones y uno de sus cuentos fue premiado en un certamen literario convocado por la antigua revista de El Universal.

Cuando el general Bernardo Reyes organizó a principios del siglo las milicias cívicas, el joven Pedro Rosendo Zavala se incorporó a ellas y alcanzó después el grado de capitán en el ejército mexicano. Posteriormente hizo estudios de topografía en el Heroico Colegio Militar, egresando como ingeniero militar.

Se afilió al Plan de San Luis, firmado por don Francisco I. Madero, y al triunfo de esa gesta revolucionaria resultó electo diputado por el Distrito Electoral de El Fuerte, formando parte de la histórica XXVI Legislatura de la Nación, siendo compañero de bancada de otro distinguido constituyente sinaloense don Carlos M. Esquerro.

En la cámara de diputados sus compañeros consideraron a Pedro Rosendo Zavala poseedor de uno de los ingenios más finos y sagaces, en tanto que en los debates polémicos se caracterizó por ser astuto y observador. Se cuentan de él numerosas anécdotas. El diputado Zavala hizo célebre la siguiente intervención en la tribuna parlamentaria, la cual fue tomada del Diario de los Debates por don Héctor R. Olea:

“Me permití pedir ayer respetuosamente a la Mesa separarse los dictámenes cuya aprobación se consultaba…” (voces: ¡a la tribuna! El ciudadano diputado pasa a la tribuna). “Señores diputados: Parecíame haber observado en el curso de este período de sesiones, que cada uno de los oradores que subía a la tribuna sufría una transformación, y hoy, por el respeto a la emoción que sobrecoge a mi espíritu, creo haber estado en lo justo. Desde aquí, desde lo alto de esta tribuna, las cosas y los seres cambian de aspecto (risas). Aquí, en esta tribuna, se han operado metamorfosis notables. Su señoría, el señor diputado Querido Moheno, llegando aquí, se transforma en ingenuo, ahí abajo es cínico.” El ciudadano presidente: llamó al orden al ciudadano Zavala. “El ciudadano Zavala: hago notar a la presidencia que me llama al orden, que no hago más que repetir textualmente lo que el señor Querido Moheno ha dicho aquí al decir que el cinismo y la ingenuidad, en lo alto de esta tribuna, a veces se confunden. En esta tribuna se verificó otra transformación, la del honorable y distinguido diputado (José María) Lozano; vino aquí a cantar su canto del cisne, su canción más bella, y resultó un De profundis para la credencial de Manuel Sierra”. (aplausos).

“Efectivamente, señores, esta tribuna se eleva, se eleva sin cesar; ya está a la altura de la clave de ese arco, donde resplandece la palabra Ley; va más allá; es una cima luminosa; mis ojos se deslumbran de radiante claridad, mi espíritu se sobrecoge por el silencio profundo que me rodea” (risas).

“Y allá, en la planicie donde los hombres moran y se agitan; distingo algo que se mueve: es una serpiente, y voy a bajar a combatirla, puesto que ella no puede levantarse hasta esta tribuna. Desciendo, pues, y después desde mi curul combatiré el dictamen de la Comisión que permite al general Luna usar una condecoración al mérito militar extranjero y que en la historia se reproduzca el episodio glorioso que está grabado en nuestro Escudo Nacional: que el águila otra vez desgarre a la serpiente” (aplausos).

Años más tarde, Pedro R. Zavala secundó el Plan de Guadalupe proclamado por Venustiano Carranza en contra de Victoriano Huerta.

Zavala se destacó como un revolucionario de firmes convicciones, por lo que fue apoyado para representar a Sinaloa en el Congreso Constituyente de 1916_1917, celebrado en Querétaro.

De regreso a Sinaloa, desempeñó diversos cargos políticos, a los que agregó la actividad literaria, destacando como se ha dicho en la rama de la poesía.

Pedro R. Zavala murió de lepra y de congestión pulmonar en la ciudad de México a la una y veinte minutos del día 29 de abril de 1921. En su penosa enfermedad había sido atendido por su amigo y coterráneo el doctor Jesús Moncayo, en la casa que habitó marcada con el número 80 de la calle del Apartado, en la capital. Debido a las circunstancias de su muerte, todos sus papeles fueron arrojados a la hoguera, que según expresión de Olea: “Con sus llamas lloró el triste destino de aquel poeta”.

Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.