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Muro de Honor – Pablo de Villavicencio

Periodista de combate, defensor de la independencia nacional e ideólogo liberal precursor de la Reforma. Pablo de Villavicencio González, conocido por el seudónimo de El Payo del Rosario, nació el 27 de enero de 1796, en el Real de minas de Nuestra Señora del Rosario, Sinaloa.

Fue un mestizo nacido en cuna humilde que a los 15 años de edad se incorporó al ejército insurgente que había arribado a Sinaloa procedente de Guadalajara bajo el mando de José María González Hermosillo, y quien obtuvo un triunfo fácil en El Rosario. En el combate de San Ignacio, donde el ejército independentista sufrió una amarga derrota ante las fuerzas realistas, el joven Pablo Villavicencio resultó herido en una pierna que le hizo perder el ritmo al caminar por el resto de sus días.

En uno de sus numerosos panfletos escribió El Payo:

Nací en una de las remotas provincias de Occidente [Sinaloa] y recibí de mis padres aquella educación que proporciona lo inculto de ellas, donde no hay un colegio, ni tan siquiera una regular escuela de primeras letras; con esto sólo estudié a temporal y eterno, Las Caballerías de Oliveros, y Los Milagros del Señor Santiago.

[…] no había escuelas de primeras letras [en el Real del Rosario] y nunca tuve la dicha de aprender el musa musae, porque mis padres siendo pobres, no tuvieron facultades para darme estudios, pero siempre fui algo inclinado a la lectura y no me dejaré jugar las barbas de otro tan tonto como yo […]

Joaquín Fernández de Córdoba, uno de sus biógrafos, en su obra Pablo de Villavicencio, “El Payo del Rosario”, escritor sinaloense precursor de la Reforma en México, libro poco conocido, dado su tiraje restringido de apenas trescientos ejemplares, da a conocer el contexto social y político que dio origen a su manifiesta inconformidad:

En las postrimerías del régimen colonial, su terruño estaba sujeto a la férula de Fernando Espinoza de los Monteros, jefe de las armas, y del irascible obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, dos hombres dominadores y voluntariosos que administraban el poder militar, civil y temporal en favor de los españoles _en su mayoría descendientes de conquistadores_, al amparo de la descentralización y lejanía de sus extensos dominios en aquellas latitudes cálidas, despobladas y fabulosas.

Sus primeros pasos en la vida política se encaminaron a proteger en el sur de su solar nativo la gloriosa causa insurgente y su inicial rasgo de carácter consistió en elevar enérgica protesta, en El Rosario, en contra del obispo fray Bernardo del Espíritu Santo, quien al encargarse de su diócesis en el año de 1818, predicó en pro de la dominación española y fustigó a los que combatían en Sinaloa.

Después de consumada la Independencia, El Payo emigró a la ciudad de México en 1822, donde desarrolló con maestría la difícil y peligrosa labor de escribir artículos periodísticos y panfletos de combate, ensayando su viril pluma en contra del imperio de Agustín de Iturbide. Gracias a su afición a la lectura, pero también a la persistencia de su carácter indomable, así como por su acendrada vocación de luchador en el campo de las ideas, esgrimió con gallardía y valentía sus palabras escritas, a manera de estilete, para producir una prosa llana, franca, ágil y agresiva en defensa de la causa liberal federalista y en contra de las ideas conservadoras.

Villavicencio supo combinar a la perfección su cultura política con su particular ingenio agudo dispuesto siempre para la polémica, desarrollada a partir de la publicación de numerosos panfletos controversiales sobre temas políticos, firmándolos con el seudónimo de El Payo del Rosario.

Pablo de Villavicencio, en efecto, se caracterizó por ser un periodista mordaz y cáustico que ofreció su talento natural en favor de la causa liberal cuando México vivía en la aurora constitucional y la República apenas nacía. Es cierto, muchas vidas costó ese parto, la de El Payo fue de las primeras.

Pablo de Villavicencio militó en las logias yorkinas. Fue encarcelado por sus opiniones en 1824. Por la misma razón se le recluyó en el fuerte de San Diego, Acapulco (1825_1826). Polemizó con integrantes de la logia escocesa y con su amigo José Joaquín Fernández de Lizardi El pensador mexicano.

Asimismo, defendió la división del Estado de Occidente para formar los estados autónomos de Sonora y Sinaloa y replicó mediante un panfleto combativo a los diputados al Congreso General, Ignacio Zúñiga y Carlos Espinoza de los Monteros, que se oponían a dicha división, y quienes con tal fin habían publicado un folleto titulado Reflexiones sobre los funestos resultados de la división del Estado de Occidente.

Participó en la insurrección conocida como el Motín de la Acordada. Juzgó injusta la separación de Lorenzo de Zavala del gobierno y escribió ¡Pobre del señor Guerrero! para de aquí al mes de enero, folleto que le costó ir a la cárcel por órdenes del gobernador del Distrito Federal José María Tornel. Después del golpe de Estado de Anastasio Bustamante intentó organizar a las fuerzas de oposición, por lo que fue detenido en Santiago Tianguistenco y conducido a la capital del país, donde permaneció 15 meses en la antigua cárcel de la inquisición (1830_1831). De nuevo en libertad reinició sus denuncias contra la dictadura de Anastasio Bustamante.

En 1830, el presidente Bustamante lo mandó encarcelar bajo el cargo de ser enemigo jurado del gobierno, pero obtuvo su libertad y se sublevó de nuevo contra el poder constituido.

El gobernador del Estado de México, Lorenzo de Zavala, lo nombró su secretario y cuando la tropa federal atacó la ciudad de Toluca y persiguió a las fuerzas de Zavala y de Santa Anna, éstas huyeron por el rumbo de Zitácuaro. Sin embargo, un grupo de 40 dragones al servicio del presidente Bustamante que andaban de patrulla había advertido que habían quedado rezagados 2 hombres que huían montados a caballo por la antigua calzada de los Arbolitos; se lanzaron a la carga contra los jinetes disparándoles sobre la marcha. Al momento los dos yacían muertos acribillados a balazos. Más tarde se sabría que se trataba de José María Guillén y de Pablo de Villavicencio.

El Payo del Rosario murió así, paradójicamente siendo un seguidor del movimiento iniciado por Santa Anna, cayendo abatido por las fuerzas golpistas comandadas por el general Mariano Ortiz de la Peña en la ciudad de Toluca el 5 de diciembre de 1832. Iba acompañado por su concuño. De esa forma, se extinguió la vida de este prolífico escritor sinaloense, precursor del liberalismo y la Reforma en México.

En el parte oficial de la muerte de Pablo de Villavicencio se lee lo siguiente:

General Mariano Ortiz de la Peña._ Sección de Operaciones sobre Toluca._ Tengo el honor de poner en el superior conocimiento de vuestra señoría, para el del Exmo. Sr. Presidente, que ahora que son las cuatro de la tarde acabo de ocupar esta ciudad, con sólo la pérdida de un dragón de Tepecuacuilco; el enemigo tuvo varios, entre ellos el Payo del Rosario y su hermano [en realidad se trataba de su concuño]._ Dios y Libertad._ Toluca, diciembre 5 de 1832._ Mariano Ortiz de la Peña, firmado.

En reconocimiento a los servicios que prestó Pablo de Villavicencio a la República, el Congreso del Estado de México decretó el 28 de marzo de 1833, una pensión vitalicia a favor de la viuda y la hija del escritor. La comisión legislativa al dictaminar el caso dejó asentado lo siguiente: “Los que suscribimos estamos convencidos de la justicia de esta providencia, y muchos de los individuos de este Cuerpo Legislativo lo están igualmente de los méritos y servicios prestados por el C. Pablo de Villavicencio a la causa de la libertad, aún en los tiempos más difíciles y azarosos…”

En el panteón de Santa Clara de la ciudad de Toluca fue enterrado el cuerpo de El Payo, sin embargo el sepulcro no se pudo localizar. Se ignoran dónde hayan ido a parar sus restos. En los archivos parroquiales se conserva un acta, cuya copia certificada dice lo siguiente:

El párroco que suscribe, certifica que en el Libro No. 7 de Entierros de este Archivo Parroquial a fojas No.15 y marcada con el No. 116, se encuentra una partida que a la letra dice: AL MARGEN:166. Dn. Pablo Villavicencio Casado del Pueblo del Rosario. AL CENTRO: “En cinco de Diciembre de mil ochocientos treinta y dos. Se le dio Sep.a. Ecca. En el campo Santo de Sta. Clara al cadáver de Dn. Pablo Villavicencio murió de Balazos de treinta y seis años de edad casado que fue con Da. Catarina Zeballos. y firmé J. José Marno. Arias”. Rúbrica.

Y para constancia y a petición de los interesados extiendo el presente certificado en la Notaría Parroquial del Sagrario de Toluca de San José, a los diez y ocho días del mes de octubre del año del Señor de mil novecientos sesenta. Pascual García Ruiz. Pbro. Párroco del Sagrario. (firmado). P. García R. Un sello que dice: Parroquia del Sagrario. Diócesis de Toluca.

El escritor José Flores Magón, dijo acerca del autor de más de seiscientos artículos aparecidos en fascículos, periódicos y panfletos:

Nuestro héroe fue un periodista de singular personalidad, de un estilo único por su agresividad. Era mordaz, tajante e inflexible conforme a sus convicciones liberales, libertarias y profundamente patrióticas. Se distinguió por defender nuestras instituciones de tipo federalista y es considerado como precursor del movimiento de Reforma, al lado de José María Luis Mora, de Valentín Gómez Farías, de don Juan Álvarez, de Melchor Ocampo, de Miguel Lerdo de Tejada, de Ponciano Arriaga y del propio don Benito Juárez.

Sus sátiras fueron muy celebradas, pero el máximo logro que obtuvo el pensamiento de El Payo de Sinaloa fue sin duda haber contribuido a orientar la conciencia nacional hacia el liberalismo. Por ello, don Héctor R. Olea afirmó acertadamente que “Villavicencio sembró la semilla del liberalismo, el Dr. Mora la cultivó y Juárez la cosechó.”

En 1932, al cumplirse el primer centenario de la muerte d Pablo de Villavicencio, el entonces gobernador constitucional de Sinaloa, profesor Manuel Páez, ordenó construir _a iniciativa del diputado José Palomares_ una escuela en la ciudad del Rosario, imponiéndole el nombre de este fogoso escritor y periodista.

En 1961, el gobernador del Estado de Sinaloa general Gabriel Leyva Velázquez, comisionó al historiador Antonio Nakayama para que se trasladara a la ciudad de Toluca, Estado de México, e investigara el paradero de los restos de El Payo del Rosario con la intención de trasladarlos a la ciudad de Culiacán y depositarlos en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, sin embargo su tumba no se localizó en el cementerio. En virtud de lo anterior, el gobierno del Estado mandó publicar la obra Artículos periodísticos de doctrina y combate, una selección de los encendidos mensajes escritos por Pablo de Villavicencio, honrando de esa manera su memoria y rindiéndole un justo y merecido homenaje.

Cabe señalar que solamente cuatro bibliotecas en el mundo poseen una colección de artículos y folletos originales que son representativos de su obra: Sutro Branch California State Library, de San Francisco, California; Texas University Library, de Austin, Texas; la Biblioteca Nacional, de la ciudad de México, y Yale University Library, de New Haven, Connecticut.

El Congreso del Estado de Sinaloa declaró Benemérito del Estado a Pablo de Villavicencio El Payo del Rosario y acordó se escribiera su nombre con letras de oro en el Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, mediante decreto número 337, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 108, de 20 de septiembre de 1962.