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Muro de Honor – Juan B. Sepulveda

Periodista liberal de combate, patriota defensor de la causa republicana, servidor público ejemplar por su manejo honesto y responsable de los fondos públicos para el sostenimiento de la lucha contra el Imperio y la Intervención Francesa.

Juan Bautista Sepúlveda nació en Tepic en 1820, actual estado de Nayarit, donde realizó sus estudios primarios.

Se ignora quienes fueron sus padres así como lo relacionado a su infancia y juventud. Su hermano Francisco Sepúlveda se desempeñó como administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán durante la guerra de intervención francesa.

Asimismo, se sabe que Juan B. Sepúlveda figuró entre los liberales más respetados en las regiones del cantón de Tepic y de Sinaloa. Con base a sus prédicas patrióticas y persuasivas se formó un núcleo de ciudadanos que abandonando cuanto poseían se lanzaron a la revolución contra la intervención extranjera y formaron un grupo que se llamó Sección de Tepic, la primera fuerza social organizada que comandó el aún muy joven Ramón Corona, quien años más tarde sería jefe del ejército de Occidente.

Juan B. Sepúlveda dedicó la mayor parte de su vida al periodismo de combate. Inició su carrera dentro del periodismo atacando por medio de artículos y discursos al cacique conservador Manuel Lozada el “Tigre de Alica”. En Santiago Ixcuintla, perteneciente al actual estado de Nayarit, fue redactor de los periódicos Boletín de la Sección de Tepic y de la Sombra de Degollado.

Juan B. Sepúlveda acumuló tanto prestigio personal que por esos méritos fue designado jefe político del territorio de Tepic, sirviendo a la causa de los liberales con honradez, pundonor y patriotismo. Ningún jefe político en Tepic, llegó a ser tan querido como Sepúlveda.

Nadie ponía en duda su prestigio como hombre honesto, valiente y patriota. En una ocasión cuando era inminente un ataque a Tepic de parte de las huestes bajo el mando del cacique conservador Manuel Lozada, Juan B. Sepúlveda se lanzó decidido a las calles enarbolando una bandera nacional y haciendo tocar estrepitosamente un tambor arribó a la plaza de armas donde convocó así a la defensa ciudadana, por lo que en cuatro horas logró reunir un contingente de tres mil voluntarios prestos a combatir al temible Tigre de Alica.

Tiempo después, Sepúlveda fue secretario del general Coronado, en Tepic, a quien ayudó con su influencia y consejos; igualmente se convirtió en el mejor consejero y hombre de todas las confianzas del general Pedro Ogazón, comandante militar en Jalisco, por lo que siempre éste lo quiso distinguir ofreciéndole los mejores empleos.

En Sinaloa, había sido secretario del general Plácido Vega, durante su gobierno. Asimismo, figuró como redactor del Periódico Oficial del Estado de Sinaloa, sin embargo, fue despedido por órdenes de Vega al negarse a apoyar desde la redacción el fusilamiento de un gran número de oficiales hechos prisioneros a Cajén.

Tiempo después fue juez del estado civil en Mazatlán, desempeñando esa función a satisfacción de los ciudadanos.

Juan B. Sepúlveda fue protagonista de una de las hazañas civiles más renombradas de esa época, cuando de manera difícil obtuvo un arreglo en Guadalajara con el general Manuel Doblado, gobernador y comandante militar de Jalisco, para que se trasladaran fondos de las rentas federales para el pago de los haberes de las fuerzas republicanas destacadas en Sinaloa, más aún fue cuando demostró saber administrar con honestidad esos exiguos fondos públicos. Sin embargo, esto disgustó a don Plácido Vega que obligó a Juan B. Sepúlveda a emigrar con rumbo a Durango, de donde después pasó a San Luis Potosí para entrevistarse con el presidente Benito Juárez e informarle sobre lo que acontecía. Luego de ese encuentro, Sepúlveda regresa llevando instrucciones precisas para la defensas combinadas del cantón de Tepic, pero todas fracasaron ante la derrota sufrida por las fuerzas leales en el sitio de Nombre de Dios.

Una vez unido Juan B. Sepúlveda a la causa del general Ramón Corona en su lucha contra el Imperio y la Intervención Francesa, se convierte en su consejero y amigo más apreciado, con quien compartió los azares de la guerra e innumerables situaciones peligrosas que por cierto no habían escaseado en la vida del general jalisciense.

Después de la acción de Veranos a principios de enero de 1865, donde las fuerzas republicanas infligieron serios daños a las tropas invasoras, el general Ramón Corona marchó a Concordia con el fin de obtener recursos y fulminantes para continuar la lucha, ahí éste decretó un préstamo forzoso de 10 mil pesos, el cual se exigiría a los individuos que hubiesen firmado actas de adhesión al Imperio, encomendándole esta recaudación especial a don Juan B. Sepúlveda, quien entonces era el encargado del ramo de hacienda en los distritos de Rosario, Concordia, Mazatlán y San Ignacio.

En esos días del gran incendio del caserío de Concordia a manos de los franceses, Sepúlveda marchó a Chihuahua llevando la comisión del general Ramón Corona de entrevistarse a su nombre con el presidente de la República licenciado Benito Juárez, solicitándole legalizara sus actos aún no reconocidos por la suprema autoridad desde el pronunciamiento en contra del gobernador Jesús García Morales y en el que ambos habían tenido destacada participación.

En efecto, Juan B. Sepúlveda había colaborado en el movimiento político que arrojó del poder que ejercía en Sinaloa el general sonorense Jesús García Morales, obligando a los sublevados para que nombraran gobernador de Sinaloa al coronel zacatecano Antonio Rosales, oponiéndose a su propia candidatura a fin de evitar suspicacias y sospechas infundadas por acciones egoístas.

En Sonora, a donde acudió Sepúlveda para levantar el ánimo republicano maltrecho ante la invasión francesa, no logró algún efecto positivo en virtud de que su arribo coincidió con la derrota de la Pasión.

Años más tarde, rechazaría la gubernatura de Sinaloa que le ofrecía Antonio Rosales para preferir cederla al general Domingo Rubí, aduciendo que éste tenía más derecho por ser sinaloense, quien contaba además con la simpatía del ejército republicano.

En la época más tormentosa de ese período histórico del siglo XIX, Sepúlveda ocupó cargos públicos relacionados con el manejo de la hacienda pública de Sinaloa, haciéndolo con probidad, laboriosidad, prudencia y talento, atributos que le valieron reconocimientos póstumos, pues su actitud honesta fue pieza clave para que subsistieran y se mantuvieran en pie de lucha las fuerzas republicanas.

La cualidad principal de Sepúlveda consistía en obtener recursos financieros aparentemente de la nada o el caos, actuando siempre con imaginación y esmero, luego los distribuía religiosa y equitativamente entre los soldados y llegaba incluso a comprometer su crédito personal para que no les faltara lo más indispensable a los defensores de la patria.

En 1866, tuvo la idea de publicar el periódico El 5 de mayo, órgano oficial del Ejército de Occidente, y que se editó en la ciudad de Culiacán, viendo la luz solamente treinta números.

Juan B. Sepúlveda murió en la ciudad de Culiacán a las once de la noche del 23 de octubre de 1866, víctima de una antigua afección del hígado. Murió pobre, siendo muy sentida su muerte por los vecinos de la ciudad. Al fallecer era Jefe Superior de Hacienda, Tesorero General y Administrador de Rentas del Gobierno del Estado de Sinaloa.

El licenciado Manuel Monzón, prefecto y comandante militar del distrito de Culiacán, le rindió honores y a reserva de lo que se acordara por el supremo gobierno dispuso el 24 de octubre de 1866 entre varios puntos lo siguiente:

1.” Todos los empleados civiles y militares vestirán de riguroso luto por nueve días contados desde hoy. Igual tiempo se izará el pabellón a media asta, … El comercio, en general, no se abrirá en tres días consecutivos contados desde hoy.”

Por su parte, el general Ramón Corona solicitó una ayuda especial para su esposa y sus seis hijos al presidente de la República licenciado Benito Juárez, acordando éste entregar a sus familiares la cantidad de diez mil pesos:

Ministerio de Hacienda y Crédito Público._ Sección 2a._ En consideración a los distinguidos servicios que prestó á la causa nacional el C. Juan B. Sepúlveda, el ciudadano presidente se ha servido acordar, que de preferencia se suministre á la viuda é hijos de tan ameritado ciudadano la cantidad de diez mil pesos, de las rentas generales que se colecten en el Estado de Sinaloa, bajo el concepto de que se entregará esta suma, como si el finado Sepúlveda la hubiese dejado al tiempo de su muerte, procediendo en su aplicación con arreglo á lo que está dispuesto en la ley vigente sobre sucesiones abintestato.

Comunícolo á vd. Como resultado de su oficio de 30 de Octubre último.

Independencia, libertad y reforma. Chihuahua, Noviembre 20 de 1866._ Iglesias._ C. general Ramón Corona, en jefe del ejército de Occidente._ Donde se halle.

El licenciado Francisco Javier Gaxiola escribió de Juan B. Sepúlveda lo siguiente:

Fue un hombre honrado, pundoroso y patriota. Vivió entre muchos pícaros y siempre se distinguió por su inmaculada probidad; sirvió en épocas tormentosas en los mejores puestos de Hacienda de Sinaloa y murió extremadamente pobre.

Igualmente el licenciado Eustaquio Buelna lo recordó así: «fue un esforzado servidor de la causa liberal. En tiempos de necesidad puso a disposición de su partido su modesto patrimonio. Se distinguió por su laboriosidad, prudencia, honradez y talento en el manejo de los fondos públicos.»

En la oración fúnebre que pronunció durante el sepelio de Juan B. Sepúlveda en el panteón de San Juan la tarde del 25 de octubre, Buelna expresó lo siguiente:

“Nunca lució con más brillo la belleza de su carácter, que cuando de regreso de una misión que llevó cerca del Supremo gobierno en Chihuahua, vino a sentarse en medio de nosotros, encargándose de la Tesorería General del Estado. Constituido en un empleo en que suele hacerse rápida fortuna murió pobre… Valiéndose de la autoridad que da el talento y del prestigio que se había creado entre los jefes militares, mil veces les aconsejaba, los reñía amistosamente, y procuraba moralizar la conducta no siempre arreglada de algunos. Negociaba, escribía, empleaba la palabra con el fervor de un apóstol de la libertad, era el mediador, digámoslo así, entre el gobierno y el pueblo, era la cabeza que dirigía en Sinaloa la política local y guiaba el empuje de la insurrección contra los invasores.”

Por esas cualidades personales, el general Domingo Rubí, gobernador y comandante militar del Estado de Sinaloa, expidió un decreto en Concordia, Sinaloa, el 3 de noviembre de 1866, declarando en el primer punto que el “C. Juan B. Sepúlveda ha merecido bien del Estado. Para perpetuar la memoria de tan preclaro ciudadano, se inscribirá su nombre con letras de Oro en el salón de sesiones del Congreso del Estado, cuando las circunstancias lo permitan.”

Asimismo, acordó como segundo punto que “Desde la publicación de este decreto [en EL CINCO DE MAYO, periódico del Estado de Sinaloa, Núm. 29, sábado 17 de noviembre de 1866, página 2] todas las autoridades civiles y militares del Estado vestirán riguroso luto por nueve días consecutivos. El pabellón nacional se izará á media asta, por igual término, y el servicio militar se hará en los nueve días mencionados, con arreglo a lo prevenido por ordenanza en casos semejantes, prohibiéndose en ellos toda clase de diversiones públicas.”

Su integridad, su honradez, aplicadas con talento al conocimiento de lo que sucedía en Sinaloa, le hicieron a Juan B. Sepúlveda acreedor a los recuerdos honoríficos dedicados a su memoria. Además, se consideró entonces que gracias a esos grandes atributos personales de Sepúlveda fue posible lograr el mantenimiento de la soberanía del Estado de Sinaloa. Una calle al oriente de la ciudad de Culiacán lleva su nombre.