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Muro de Honor – Eustaquio Buelna

Humanista, político liberal, historiador, jurista y filólogo. Es considerado el fundador de la institución educativa que ahora lleva el nombre de Universidad Autónoma de Sinaloa.

José Eustaquio Miguel Dolores Buelna Pérez, nació en la villa de Mocorito, Sinaloa, el 19 de septiembre de 1830, siendo hijo legítimo de don José Miguel Buelna y doña María Estéfana Pérez. De acuerdo a su acta de bautismo fechada el 29 de septiembre de ese mismo año, recibió las aguas del río Evora en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Mocorito, siendo los padrinos sus tíos consanguíneos _por línea materna_ el cura y bachiller Basilio Pérez y su hermana María de los Reyes Pérez.

De la infancia de Buelna poco se sabe, solamente que fue educado en las buenas maneras por parte de su familia, recibiendo las primeras enseñanzas en su lugar de origen. Asimismo, es posible deducir que su niñez transcurrió de manera normal, como la de la mayoría de los niños sinaloenses de la época, que crecieron rodeados de la naturaleza no tan agreste y salvaje como la de otras entidades federativas, por ejemplo la cercana Sonora, desértica y habitada por tribus belicosas. Las primeras letras el niño Eustaquio las debió haber aprendido junto al Padre Nuestro y el Ave María, de acuerdo a la enseñanza religiosa basada en el silabario y en el catecismo católico del padre Ripalda. Por otro lado, esos niños mocoritenses acaso escuchaban de vez en cuando noticias a medias, acerca de sucesos que acontecían lejos del solar nativo; rumores algo incomprensibles _para su corta edad_ sobre las primeras diferencias políticas entre liberales y conservadores; acechanzas diversas que nutrían la natural curiosidad infantil por oír viejas historias y leyendas contadas por sus mayores en las noches; quizá alguna vez escuchó alguna conversación o un sermón en misa dominical de su tío Basilio sobre el grave estado de inestabilidad política y social en que se encontraba el país a causa de los enfrentamientos continuos entre federalistas y centralistas; sobre todo, es posible que en su niñez Buelna escuchara algunas quejas de los ciudadanos más holgados económicamente, los comerciantes ricos, sobre la violencia que se producía en otros lugares del país; también de los levantamientos armados, insurrecciones de indios; asaltos a las conductas de oro y plata procedentes de las minas de Bacubirito y El Magistral; revueltas y asonadas que enriquecían la conversación cotidiana, de por sí pobre en información sobre lo que acontecía fuera de la villa de Mocorito, a no ser la que traían los viajeros ocasionales, que se atrevían a pisar estas tierras que languidecían en la placidez y tranquilidad entre 1837 y 1841.

Es precisamente en el año de 1841, cuando el niño Eustaquio abandona su terruño familiar para trasladarse a Culiacán e ingresar al Seminario Conciliar y Tridentino de Sonora, contando con la complacencia de su tío Basilio Pérez. Así, a la edad de tan sólo 11 años de edad, Buelna es matriculado en calidad de capense [lo que significa que no aspiraba a convertirse en sacerdote] en las clases de Latinidad el 27 de octubre de 1841, que impartía esa institución clerical, la única que tenía estudios superiores en Sinaloa.

En el Seminario, localizado en Culiacán, el joven Buelna termina su instrucción secundaria [que comprendía entonces la actual preparatoria] e inicia ahí mismo sus estudios jurídicos, obteniendo conocimientos básicos en Derecho Canónico y Civil, es decir in utroque jure. Pero, no pasa mucho tiempo para que el joven mocoritense se muestre inquieto e insatisfecho del carácter y calidad de instrucción que recibía, por lo que siguiendo el ejemplo de otros jóvenes alentados por la ambición de superarse, convence a su familia y se traslada en 1849 a la ciudad de Guadalajara para inscribirse en la facultad de jurisprudencia y proseguir la carrera profesional de abogado. Allá, en un ambiente académico influenciado por el pensamiento liberal de corte radical y propicio a la reflexión, a la libre y sana discusión de las ideas, Buelna tiene oportunidad de convivir e intercambiar opiniones con otros jóvenes aguerridos tales como Antonio Rosales, José María Vigil y Leandro Valle.

Eustaquio Buelna finaliza sus estudios y sustenta examen profesional para obtener el título de licenciado en derecho el 24 de diciembre de 1854, con la tesis: ¿Un religioso o religiosa, secularizado legítimamente, puede ser heredero abintestato y extestamento en unión de sus parientes y de cualquiera otra persona que no tenga prohibición de heredar?

El aspirante a licenciado en derecho defendió su tesis durante tres noches _conforme a las disposiciones reglamentarias de la época_ ante un jurado especial designado por el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Jalisco. El interrogador principal fue el licenciado José Justo Corro, expresidente de la República.

De regreso a Sinaloa, Eustaquio Buelna encuentra un ambiente proclive al activismo político, en virtud de que el pueblo de Culiacán se mostraba aún influenciado ideológicamente por el Plan de Ayutla, proclamado el primero de marzo de 1854 y que desconocía al gobierno de Santa Anna. Buelna luego ocupa el cargo de Prefecto de Culiacán el 4 de septiembre de 1855; sin embargo no habían transcurrido tres días después de su designación cuando es aprehendido por órdenes del comandante militar y prefecto general José Inguanzo, fiel a Santa Anna, y 20 días después _aumentada su rebeldía luego de haber recobrado su libertad_ ingresa a la guerrilla de Plácido Vega, en Tamazula, Durango.

En medio de la turbonada y agitación generalizada, Eustaquio Buelna ya había probado las mieles y los riesgos del periodismo político escribiendo en La Bandera de Ayutla que se publicaba en Culiacán en 1856, editado por su antiguo amigo y condiscípulo Antonio Rosales.

El 17 de diciembre de 1857, la brigada Zuloaga, estacionada en Tacubaya, valle de México, se subleva proclamando el Plan de Tacubaya, el cual exigía la supresión de la Constitución Federal de 1857. A este plan político se une el Presidente Ignacio Comonfort (1855_1858). Sin embargo, el 11 de enero de 1858, los sublevados desconocen a Comonfort y designan en su lugar al general Félix Zuloaga.

En tanto que el 18 de enero de ese mismo año, el licenciado Benito Juárez, en su calidad de Presidente de la Suprema Corte de Justicia, por ministerio de ley, se hace cargo del gobierno constitucional de manera itinerante y el 14 de febrero se establece en Guadalajara.

El 20 de agosto de 1858, el licenciado Eustaquio Buelna, fiel partidario de la Constitución de 1857, en compañía del teniente coronel Ignacio Martínez Valenzuela, se pronuncia en Culiacán contra el Plan de Tacubaya, acción que secundaba a su vez el pronunciamiento que había hecho el general Plácido Vega poco antes en la villa de El Fuerte.

Años después, Buelna se vuelve a encauzar en la vida política institucional y resulta electo diputado al Congreso del Estado; enseguida es diputado al Congreso de la Unión; va en rápido ascenso político escalando puestos públicos, hasta arribar al cargo de Secretario General del Gobierno del Estado; y a propuesta del Gobernador Plácido Vega, el Congreso del Estado lo nombra Gobernador Substituto el 10 de enero de 1862, cuando aún no cumplía 32 años de edad; Sin embargo, cuatro días después, la misma legislatura declaró insubsistente y nulo el decreto que lo nombraba Gobernador Substituto del Estado y se designó en su lugar al coronel Fortino León para que ejerciera el Poder Ejecutivo en las faltas temporales del Gobernador Constitucional, el 14 de enero de 1862. La razón principal fue que finalmente no agradó a don Plácido Vega el nombramiento recaído en favor del licenciado Buelna, por lo que el Gobernador rápidamente solicitó a la mayoría de los diputados del Congreso del Estado la revocación del mismo. Además, se argulló entonces que el licenciado Eustaquio Buelna no podía asumir dicho puesto en virtud de que había abandonado el cargo de diputado al Congreso de la Unión, sin renunciar debidamente a él.

Dentro del programa de festividades con motivo de la consumación de la Independencia realizadas en Culiacán el 27 de diciembre de 1866, en plena intervención francesa, el licenciado Buelna pronunció un encendido discurso en contra del Imperio de Maximiliano por lo que es enviado a la cárcel acusado de alterar la paz pública, por órdenes del prefecto político.

Al terminar la Guerra de Intervención, Buelna es designado Juez de Distrito; a fines de 1867, participa como candidato a Gobernador del Estado junto a los generales Domingo Rubí y Ángel Martínez, perdiendo ante el primero; sin desalentarse por ello, en 1869 regresa como diputado al Congreso del Estado y participa en la comisión reformadora de la Constitución local, misma que fuera expedida por el Cuarto Congreso Constituyente en el puerto de Mazatlán _residencia de los poderes estatales_ el 18 de octubre de 1869, habiendo sido promulgada por el Gobernador Constitucional general Domingo Rubí y publicada en el mismo puerto el 11 de enero de 1870.

El 20 de septiembre de 1871, al día siguiente de que cumpliera cuarenta y un años de edad, es proclamado Gobernador del Estado, terminando su mandato cuatro años después. Su régimen constitucional no fue del todo tranquilo sino bastante accidentado, ya que en esos cuatro años fue intrigado constantemente por sus enemigos y en varias ocasiones estuvo a punto de salir de la gubernatura, presionado por constantes asonadas y revueltas que encabezaba el entonces coronel Francisco Cañedo.

A fines de ese año de 1871, don Eustaquio Buelna se refugió en la villa de Mocorito, hospedándose en la casa de la familia de Miguel Leal, ubicada entonces _ a decir de don José Ramón Velázquez en sus Apuntes de Mocorito_ frente al costado sur de la escuela Lic. Benito Juárez, por la calle de las Gutiérrez, llamada también de las quedadas. Sus amigos y ayudantes también originarios de ahí, Pedro Castro y Porfirio López, temían por la seguridad del licenciado Buelna, dado que su enemigo el coronel Manuel Inzunza, leal a Cañedo y antiguo prefecto político, encabezaba una guerrilla que merodeaba en rancherías cercanas.

En esa época, el Congreso del Estado, erigido en Gran Jurado, conoció de una acusación presentada en contra de Buelna por malversación de fondos, pero de este incidente salió completamente liberado de cualquier culpa y responsabilidad, ya que la legislatura declaró _mediante decreto de 29 de diciembre de 1873_ que el Gobernador Buelna quedaba absuelto de los cargos que le había hecho de manera infundada el Tesorero del Estado Tomás Gómez.

Entre las múltiples actividades sobresalientes que desarrolló Buelna como Gobernador del Estado, se destaca el impulso que le dio a la educación en general, cabe remarcar que es el primer gobernante sinaloense que promueve un impuesto para impulsar la instrucción pública (15 de enero de 1873); asimismo, promulga a través de su Vice_Gobernador Ángel Urrea la Ley que establece el Colegio de Instrucción secundaria intitulado Liceo Rosales, que es el primer eslabón de esta continuidad que se llama Universidad Autónoma de Sinaloa. Al comenzar su período gubernamental existían apenas 14 escuelas en todo el Estado, al terminar su mandato dejó funcionando 200 planteles escolares. En tanto que como impulsor de la cultura en Sinaloa destaca junto a otros abogados ilustres como Francisco Javier del Castillo Negrete y Carlos Galán.

Varios años después, en una acción inusual y que reafirma la confianza de los ciudadanos depositada en él, y sobre todo, gracias a su acrisolada honradez en los manejos de fondos públicos, exactamente el 18 de diciembre de 1880, el H. Congreso del Estado designó al licenciado Eustaquio Buelna, Tesorero General del Estado.

Posteriormente, el licenciado Eustaquio Buelna es nombrado Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde permaneció 18 años de su vida.

Pero, ¿cómo era físicamente don Eustaquio Buelna? Era un hombre de estatura regular, complexión normal, rostro ovalado, ojos negros, cejas pobladas, nariz mediana, orejas normales, boca pequeña, labios delgados, medio calvo, bigotes frondosos, barba canosa y larga. Además, solía vestir trajes cruzados de casaca negra, como de enterrador, de cuello alto y solapa ancha, casi siempre tapaba su calvicie con un bombín de un negro verdoso, y desde muy temprana edad llevó gafas pequeñas y delgadas de armazón de oro.

El 30 de abril de 1907, a las once y media de la mañana, a la edad de 76 años de edad, fallece el licenciado Buelna en su recámara de la residencia familiar, casa que estaba ubicada por la calle Benito Juárez, exactamente en el lugar que ahora ocupa un edificio marcado con el número 65 Poniente de la ciudad de Culiacán [actual domicilio de una tienda de muebles y aparatos electrodomésticos]. Lo que le provocó la muerte fue la diabetes Mellitus, que hacía tiempo padecía y que a la postre le fue mermando poco a poco sus facultades físicas hasta acabar con su valiosa existencia. El comerciante Jorge de la Vega, con domicilio ubicado por la calle Rosales al Poniente, compareció ese mismo día del deceso, a las cuatro de la tarde, para ser más exactos, ante el Oficial del Registro Civil de nombre Antonio Uriarte, con el fin de levantar el acta de defunción. Otros testigos fueron los señores Miguel Gaxiola y José A. Aguirre, empleados públicos.

Además, es importante aclarar que el licenciado Buelna murió repudiado por su enemigo el general Francisco Cañedo, entonces Gobernador del Estado, y por esa cruel circunstancia su cadáver fue inhumado al día siguiente sin los merecidos honores y acompañado tan sólo de un puñado de amigos fieles y familiares cercanos. Por ello, fue enterrado en una cripta sencilla de 2.50 metros de largo por un metro de ancho en el panteón de San Juan Nepomuceno, con “derecho a perpetuidad”, según se desprende del texto que documenta el pago que efectuó la familia el 21 de junio de 1912.

Hubieron de transcurrir bastantes años para que los viejos liberales, la clase política y los grupos ciudadanos de Sinaloa reconocieran la obra realizada por don Eustaquio Buelna en beneficio de nuestro Estado.

Afortunadamente, el nombre de Eustaquio Buelna fue rescatado del olvido oficial y postmortem el hombre culto y honrado, el político liberal de sabiduría inobjetable que habló y escribió siempre con la verdad, el historiador erudito, recibió al fin los honores y homenajes que en vida se le negó. Así, de esa forma se fue perpetuando su memoria, en tanto que sus restos mortales se trasladaron a la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa, monumento que se levanta frente al panteón civil de Culiacán y donde descansan desde el día 20 de noviembre de 1956.

Don Eustaquio Buelna publicó varias obras historiográficas y otras de carácter científico.

En 1877, apareció editado el Compendio histórico, geográfico y estadístico del Estado de Sinaloa; en 1884, Breves apuntes para la historia de la guerra de intervención francesa en Sinaloa; en 1889, ordena publicar el folleto de índole científica La constitución de la atmósfera o leyes que rigen la densidad, peso, altitud y temperatura del aire y un apéndice; en 1890, reimprime por su cuenta El arte de la lengua cahita, escrita por el jesuita Juan B. de Velasco de la provincia de Sinaloa; en 1892, aparece su obra Peregrinación de los aztecas, y nombres geográficos indígenas de Sinaloa; en 1893, Luces de Otomí, gramática de la lengua cahita; en 1895, la Atlántida y la última Tule; en 1903, se imprime un folleto conteniendo el discurso pronunciado en Culiacán el 27 de septiembre de 1866, con motivo de las festividades de la consumación de la Independencia; en 1905, un periódico de Mocorito le publica un artículo biográfico de la heroína Agustina Ramírez de Rodríguez, mismo que después es reimpreso por la imprenta y casa editorial de Miguel Retes y Cía. en Mazatlán; postmortem, le son publicados en 1924, sus Apuntes para la Historia de Sinaloa, 1821_1882, efemérides inéditos que se encontraban en manos de su hijo licenciado Alejandro Buelna Medina; en 1959, Ernesto Higuera selecciona en Antologías de Prosistas Sinaloenses, Volumen II, Tomo I, su opúsculo sobre Exposición sobre el origen de las tribus nahoas y su tránsito por el territorio de Sinaloa para el valle de México. Por su parte, la Universidad Autónoma de Sinaloa, en 1966, publica una segunda edición de los Apuntes para la Historia de Sinaloa, 1821_1882, agregándoles una justificación escrita por el profesor Enrique Romero Jiménez, padre del licenciado Jorge Romero Zazueta, actual Presidente del Supremo Tribunal de Justicia; finalmente, se encuentra disponible un libro publicado por siglo XXI y Difocur, que reúne parte de la obra de Buelna.

Otra fuente de particular importancia para documentar la historia de Sinaloa, constituye la Colección de impresos de la Biblioteca del Lic. Eustaquio Buelna, que fuera heredada a su hijo Alejandro Buelna, de cuyo material el licenciado Héctor R. Olea extrajo innumerables datos para escribir varios de sus libros.

El 5 de septiembre de 1951, el señor Manuel Porrúa, propietario de la famosa librería de la ciudad de México que lleva su apellido, le escribió una misiva al licenciado Enrique Pérez Arce, Gobernador del Estado de Sinaloa (1951_1953), comentándole acerca del frustrado ofrecimiento de venta de la “Colección Buelna” [archivo histórico particular del licenciado Eustaquio Buelna] y que con anterioridad había presentado a la administración gubernamental “… y como desgraciadamente por no haber llegado al precio el gobierno del Estado de Sinaloa no se la adquirió, vendiéndola entonces a un extranjero”. Ahora después de esa frustrada operación, le propone Porrúa al gobernador venderle una antigua colección de periódicos sinaloenses, que datan del período de 1829 a 1911, en total aparecen inventariados en 56 fichas documentales. En un párrafo de la carta, Porrúa dice al gobernador: “el precio que le he fijado a esta colección, para ser adquirida por el Estado es de $50,000.00, teniendo en cuenta la importancia y rareza de sus piezas”.

Por decreto número 193, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 153 de 23 de diciembre de 1967, se acordó inscribir su nombre con letras doradas en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado de Sinaloa. Una escuela primaria y una calle de la ciudad de Culiacán llevan su nombre.