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Muro de Honor – Carlos M. Esquerro

Político revolucionario y diputado constituyente en 1916 y 1917. Nació en Concordia, Sinaloa, en 1866 y murió en el Distrito Federal.

Carlos M. Esquerro se caracterizó por ser un joven inquieto, liberal y con firmes ideas progresistas y opuesto a la política porfirista, por lo que se manifestó contrario al cacicazgo que había heredado Diego Redo de Francisco Cañedo, ex_gobernador de Sinaloa. Esquerro, al igual que otros miles de coterráneos, apoyó la candidatura del abogado y periodista José Ferrel Félix en 1909.

Se incorporó a la lucha emprendida por el Partido Antirreleccionista de don Francisco I. Madero, participando activamente durante toda la campaña electoral, y al triunfo de la revolución maderista resultó electo diputado al Congreso General, formando parte de la XXVI Legislatura, que el pueblo conoció como Legislatura Maderista, disuelta por Victoriano Huerta. Esquerro se distinguió en esa legislatura por sus intervenciones en favor de la aprobación de la Ley de Pensiones, que favorecía a familiares de revolucionarios fallecidos.

Después del triunfo del movimiento armado constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza, estuvo catorce meses encargado de la hacienda pública en el gobierno del señor Carranza. Luego se sumaría al movimiento de la Convención, participando en el gobierno del general Eulalio Gutiérrez, como administrador principal del Timbre durante veinte días, después se iría a engrosar las fuerzas del constitucionalismo a Veracruz. Otra vez a la revolución cuyos ideales había perseguido en el norte y cuyos ideales y principios fue a defender también a Veracruz

También Esquerro fue diputado al Congreso Constituyente de Querétaro (1916_1917), donde destacó por su participación en las discusiones de la segunda comisión revisora de credenciales, actuando en sustitución de Ernesto Meade Fierro.

En el Diario de los Debates del Congreso Constituyente reunido en el Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro los últimos días del mes de noviembre de 1916, quedaron plasmadas para la historia las intervenciones de Carlos M. Esquerro realizadas en el seno de las juntas preparatorias para examinar y revisar, caso por caso, los documentos probatorios de los presuntos diputados.

En el primer dictamen firmado por la segunda comisión revisora se rechazó la acreditación de Carlos M. Esquerro, sin embargo fue aprobado su caso por la asamblea, después en un segundo dictamen se rechaza su acreditación de acuerdo a los siguientes elementos:

La comisión, para hacer este segundo dictamen, tiene a la vista, además de la credencial, los documentos que componen el expediente; los cuales no tuvo a su disposición al rendir el primer dictamen, y del examen minucioso que de ellos se hizo se ve que el C. Carlos Ezquerro ha sido electo por mayoría de 336 votos, para diputado suplente, por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, no encontrándose ningún otro documento a la vista, como protesta o acusación en contra de los candidatos.

La segunda comisión revisora, «Considerado:

«Primero. _ Que el C. Carlos Ezquerro fue empleado público en la administración del gobierno de la convención, hecho que consta en el primer dictamen por las referencias verbales que hizo el C. Ernesto Perusquía, actual director general del timbre, y comprobado después por la confesión pública que el propio candidato hizo ante esa H. asamblea en la sesión verificada en la mañana del 25 de los corrientes.

«Considerando:

«Segundo._ Que el artículo 4º. reformado del plan de Guadalupe dice así en su último párrafo:»…Para ser electo diputado al Congreso Constituyente, se necesitan los mismos requisitos exigidos por la Constitución de 1857 para ser diputado al Congreso de la Unión; pero no podrán ser electos, además de los individuos que tuvieren los impedimentos que establece la expresada Constitución, los que hubieran servido empleos públicos o ayudado con las armas a los gobiernos o facciones hostiles a la causa constitucionalista;» y «Considerando:

«Tercero. _ Que el gobierno del ex_general Eulalio Gutiérrez, al que perteneció el C. Carlos M. Ezquerro como administrador principal del timbre, fue una fracción en contra del gobierno constitucionalista.

«La comisión, a pesar de conocer el sentir de algunos de los miembros de la asamblea, en favor del C. Ezquerro, honradamente no puede variar su dictamen, comprendiendo al candidato en las prohibiciones del artículo 4º. reformado del plan de Guadalupe, y se honra en someter a esta honorable asamblea las siguientes

«PROPOSICIONES:

«Primera. _ No puede ser diputado propietario por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, el ciudadano Carlos M. Ezquerro. «Segunda. _ Es de aceptarse la elección de diputado suplente por el tercer distrito electoral del estado de Sinaloa, en favor del C. Mariano Rivas.

«Sala de Comisiones del H. Congreso constituyente, Querétaro, a 26 de noviembre de 1916.

«La segunda comisión revisora de credenciales, R. C. Castañeda, José María Rodríguez, E. Perusquía».

A todo esto, Carlos M. Esquerro respondió en su defensa:

He pedido la palabra, señores para impugnar el nuevo dictamen que presenta la comisión revisora de mi credencial, comenzando por manifestar que me parece increíble que una comisión integrada en su totalidad por hombres de inteligencia y especialmente por un abogado como lo es el señor Castañeda y Castañeda, haya tan lastimosamente incurrido en un error tan grave. La ley dice en su parte relativa (no tengo a la vista medio de consultarlo) que un individuo no puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Yo no soy un delincuente; tengo una falta política, así se le puede llamar al achaque que se me imputa; y bien, señores, el segundo dictamen de la comisión viene ahora diciendo que no puedo ser diputado en virtud del artículo 4º. del decreto correspondiente, después de que la asamblea, por unanimidad, ha rechazado el primer dictamen en igual sentido; esto es un absurdo. La asamblea ha rechazado ya unánimemente ese dictamen, lo cual mucho me honra y me satisface; pero, ¿por qué, señores, somos tan inconsecuentes con la Ley? ¿Cómo es, pues, que un hecho consumado, como ha pasado en este caso por la declaración unánime hecha por la Cámara y que no creo que haya ninguna persona que pretendiera desmentirme, vuelva a traerse por el mismo capítulo la misma acusación? La Cámara, señores, era la encargada de resolver sobre el particular y tuvo a bien decir que se desechaba ese dictamen en la parte relativa a la acusación y a la aplicación del artículo 4º.; y ahora, señores, ¿puede esta honorable asamblea desechar lo que ya con anterioridad ha sancionado? Eso sería un lamentable error y, además, sería sentar un precedente muy serio. Creo, además que los señores de la comisión no han sido nada justicieros en su dictamen y que han obrado con una parcialidad que yo no me sé explicar. No parece, señores, sino que se teme que yo forme parte de esas comisiones dictaminadoras; yo no puedo suponer otra cosa, sino que se teme que yo pudiera dictaminar sobre la credencial del señor Palavicini. Así es que esta conducta no puedo suponer a qué obedezca. Dejo a la consideración de ustedes lo que he venido sosteniendo, porque no es justo, ni mucho menos legal, cuando ya esta Cámara había sancionado que se me daba un voto de confianza, cuando todos me dieron un abrazo que tanto, señores, me satisfizo. Seamos sinceros; dejémonos, señor licenciado, señor doctor, de ambajes, y declaremos francamente que no están ustedes en los justo. Dejo la consideración de esta respetable asamblea que me juzgue.

En otra intervención expresó:

Todos mis amigos saben que fui de los contados diputados renovadores que, cuando el cuartelazo, el 28 del mismo mes, salí para Nueva York para dirigirme al lado del señor Carranza y ponerme a sus órdenes, porque creí que allí me llamaba el deber y abandoné familia y afectos para luchar, como siempre, por la soberanía y el respeto a la ley, y tuve honor de que el señor Carranza me confiara un cargo que altamente me honraba, señores, por ser de confianza. Después, señores, hice un llamamiento a mis amigos en un documento que hice público, para que fueran al lado del Primer Jefe a cumplir con sus obligaciones; algunos de los presuntos conocen ese documento (Voces: ¿sí, sí!) y ¿Quiénes fueron? únicamente dos o tres que ya se han nombrado y conoce esta Cámara. Sí, señores, he hecho ya una declaración verdadera, honrada: Serví veinte días al llamado gobierno de Eulalio Gutiérrez; pero no precisamente como muchos creen, pues bien claro he dicho, señores, que un hombre no falta a su honor cuando ya por un camino que cree es el verdadero y cuando a su tiempo sabe que no es el verdadero vuelve sobre sus pasos y ya he dicho, señores, que el mismo Primer Jefe ha seguido honrándome con su confianza, pues cuantas veces he solicitado hablarle, inmediatamente me ha recibido y alguna vez que intente yo darle algunas explicaciones, me interrumpió manifestándome que él seguía viendo en mí al hombre y al revolucionario de convicciones. Si, señores, yo tengo la conciencia de que no he faltado al honor empeñado a mis comitentes al confiarme su voto y de que he cumplido siempre con mi deber cuando el deber me ha llamado.

[…] Haber sido diputado maderista, de la diputación maderista y haber abandonado casi en la miseria a una numerosa familia, para ir al llamado de los míos, para ir a engrosar las filas del constitucionalismo; y ahora, señores, me siento satisfecho porque he cumplido con mi obligación y con mi palabra empeñada de hacer respetar la soberanía de las leyes de la república. Después, nada he hecho, señores, es muy insignificante mi figura política; pero lleno de deseos, lleno de verdad, vine a este movimiento porque dije: Aquellos son los míos; aquí están, y así se lo dije a todos los amigos, tanto militares como civiles, que me honran con su amistad, y todos han comprendido que sólo fue un error político el que cometí. Respecto a fechas, es preciso que las considere. A los veinte días, si, señores, exactamente, y eso es verdad, presenté mi renuncia del cargo a aquel que era primer secretario de Hacienda de la llamada convención y también formó parte del grupo renovador, señor Rodiles Maniáu, y es cierto, señores, que él me dijo: tengo encargo, tengo consigna _ hablamos del que se quería llamar presidente, Roque González Garza, _ de no aceptar ninguna renuncia, yo también estoy en el mismo caso de usted, he reconocido mi error; pero no puedo aceptar su renuncia. Esto, señores, por consiguiente, lo supieron las mismas personas y pudo haber tiempo bastante para que se me destituyera. En este caso, señores, encontrándome en una oficina pública que no podía abandonar, encontrándome en uno de esos empleos que no se pueden dejar, porque había fondos, señores, había allí responsabilidad y yo he cuidado más de mi honor, como lo demuestran catorce meses que estuve encargado de la hacienda pública en el gobierno del señor Carranza, y nadie puede decir que Ezquerro se sirvió de su influencia y de esos medios que tenía a su cargo para enriquecerse; temí que en este estado de cosas vinieran después sobre mí responsabilidades mayores al suponerse de mí un ladrón, ya que el primer cargo más de una vez me lo han imputado; en esa disyuntiva me quedé hasta que vino el señor general Obregón y entregue esa oficina. También es cierto que vine ante el general Obregón y le pregunté si me juzgaba un hombre revolucionario y honrado; entonces me dijo: «tengo buena opinión de usted», me dió pasaportes para mis hijos y dos hermanas. Creo cansar demasiado la atención de ustedes; pero señores, perdonadme, sólo he querido relatarlo al señor Martí para manifestarle que mi labor es insignificante, pero siempre ha sido honrada y bien intencionada. (Aplausos.)

Después de numerosas intervenciones en tribuna, el Congreso Constituyente resolvió en favor de Carlos M. Esquerro.

Años después, el Presidente Venustiano Carranza lo designó director del Departamento de Aprovisionamientos Generales de la Nación, en sustitución del general Francisco J. Mújica.

Se ignora la fecha de su fallecimiento.

Por decreto número 207, y publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, número 71, de 12 de junio de 1985, se impuso su nombre en letras doradas en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.