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Muro de Honor – Antonio Nakayama

Historiador y escritor. Nació en la ciudad de Culiacán el 13 de junio de 1911. Sus padres fueron Kami Shiru Nakayama, ingeniero metalúrgico de origen japonés y María Dámaso Arce, de ascendencia mexicana. Su abuelo materno fue don Severiano Arce, un políglota excepcional e incansable lector nativo de Sinaloa.

En Culiacán cursó los estudios elementales en la escuela de párvulos y luego en la escuela primaria Lic. Benito Juárez, donde permaneció de 1918 a 1923. Durante sus años transcurridos en la escuela elemental tuvo como maestros a Mariana Rodríguez, Trinidad Dórame y Víctor Ríos.

Ingresó a la escuela secundaria del Colegio Civil Rosales, donde se formó al lado de otros inquietos escritores sinaloenses. Su mejor amigo de esa época fue Enrique Félix Castro, El Guacho, primero compañero de juegos en la infancia y después condiscípulo en el Colegio y, más tarde socio en las aventuras culturales y políticas que emprendieron junto a otros miembros destacados de la legendaria Generación del 29. Como cuando se constituyó el malogrado Instituto de Estudios Económicos y Sociales del Estado de Sinaloa, creado bajo la rectoría de El Guacho en los portales del Club Social Campestre de Mocorito en abril de 1949, participando de la inquietud espontánea de elaborar de manera adelantada todo un programa para el Gobierno del Estado de Sinaloa, sexenio de 1951_1957, pensando que el candidato a la gubernatura sería Enrique Riveros y no el Lic. Enrique Pérez Arce, tal como lo explica otro miembro distinguido de ese selecto grupo, el Lic. Francisco Gil Leyva: […] _quisimos_ que la Administración Pública dejara de ser una serie de acuerdos y disposiciones dictados al azar, a vuelta de rueda en el automóvil, a la sombra de un huanacaxtle, al apretón de manos, a lo tornadizo de un estado de ánimo, al favor hecho al compadre, a la concesión otorgada al amigo de añeja amistad.

Nakayama desde su época juvenil manifestó una clara vocación democrática y cristiana; asimismo, resalta su membresía al Comité Estatal Sinaloense de Lucha contra el Nacional Socialismo, durante la Segunda Guerra Mundial. Además fundó y presidió la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, en Sinaloa.

En esa primera etapa de su vida, Nakayama trabaja como obrero en el ingenio azucarero de Los Mochis y se desempeña también como jefe de crédito de la sociedad financiera Crédito Industrial y Agrícola del Noroeste.

En plena Segunda Guerra Mundial, Nakayama inició su carrera de investigador. En esa etapa formativa (1939_1950), es cuando este hombre emerge como historiador, siendo notario parroquial en la Catedral de Culiacán, donde por encargo de las autoridades eclesiásticas se encontraba entregado a la tarea paciente de organizar los viejos y carcomidos libros de registro y el Archivo de la Sagrada Mitra (del Obispado de Culiacán), que hasta entonces habían estado completamente abandonados. Su primera obra fue El Ilustrísimo Sr. Lic. Lázaro de la Garza y Ballesteros, sexto obispo de Sonora e impulsor de la cultura del Noroeste (semblanza biográfica, León, Guanajuato 1942). En ese su primer texto ya encontramos algunos rasgos sobresalientes de la personalidad del autor, como son su acendrada paciencia y acuciosidad para investigar. Además, en esta primera etapa publica Historia del obispado de Sonora (Culiacán, 1950).

Durante la segunda etapa de la vida de Nakayama (1951_1963) se destacan las relaciones de amistad que sostuvo con varios escritores y políticos sinaloenses. Es una época bonancible y relativamente generosa para Sinaloa en manifestaciones culturales que se desarrollan durante la década de los cincuentas y principios de los sesentas. Es cuando Nakayama mantiene una estrecha amistad con el abogado, político, prosista y poeta, licenciado Clemente Vizcarra Franco, quien además le proporciona el apoyo necesario para continuar con sus investigaciones, incluso en los momentos más difíciles de su vida. Gracias a ese apoyo, Nakayama tuvo la oportunidad de incursionar en la política local, pues fue asistente eficaz del licenciado Vizcarra cuando éste aspiró a la senaduría y a la diputación federal; y cuando aquél fue designado Oficial Mayor de Gobierno, al inicio del sexenio del gobernador de Sinaloa licenciado Enrique Pérez Arce (1951_1956), Nakayama lo siguió para ocupar el puesto de Oficial Primero, y por ministerio de ley los cargos de Oficial Mayor y Secretario General de Gobierno. Igualmente, gracias a la influencia política del licenciado Vizcarra, Nakayama fue designado Secretario de la Comisión de Límites del Gobierno del Estado de Sinaloa, la cual estuvo integrada por eminentes juristas de la localidad.

En esta etapa fructífera publica: Documentos para la historia del Rosario, Sinaloa (Culiacán, 1955); Exposición que sobre las provincias de Sonora y Sinaloa escribió su diputado Carlos Espinoza de los Monteros (anotada por él mismo, Culiacán, 1957); Homenaje al pensamiento liberal mexicano (en colaboración con Erasto Cortés Juárez, Culiacán, 1957); Calendario cívico de Sinaloa (Culiacán, 1958); Héroes de la patria (en colaboración con Erasto Cortés Juárez y Ricardo Cortés Tamayo, 1960); El Sr. Gral. de Div. Teófilo Álvarez Borboa (Culiacán, 1962), y “Urdiñola en Sinaloa”, en Humanitas (Monterrey, 1963).

Fue profesor fundador de la asignatura de Historia de Sinaloa en la escuela Normal del Estado, así como Director fundador del Museo Regional de Sinaloa y Biblioteca Pública del Estado [ubicado en el Centro Cívico Constitución de la ciudad de Culiacán], desde 1958 hasta 1963.

Es precisamente en el año de 1963, cuando se inicia la tercera etapa de la vida de Nakayama: la del errante y luego la de su exilio en Sonora (1963_1969). Pero antes fue becario del Departamento de Estado del gobierno de Los Estados Unidos de América en 1964, cuando recibió la comisión de organizar el archivo de la época colonial que posee la Biblioteca Bancroft, de la Universidad de California, en Berkeley; igualmente realizó algunas labores en el archivo histórico de la Universidad de Arizona, en Tucsón, en ese mismo año.

En Hermosillo, Sonora, había encontrado refugio gracias a don Fernando Pesqueira, quien siendo Director del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, lo invitó a colaborar a su lado, cediéndole de manera generosa el puesto de Director de la Biblioteca Central de ese centro de estudios superiores (1964_1969).

Durante esos años de exilio en Hermosillo, gracias a su sólida preparación autodidacta, fue invitado a formar parte del Consejo Académico de la Universidad. Y entre sus actividades de historiador y director de la biblioteca y museo, supo cultivar lazos de amistad entre los jóvenes estudiantes. Participó en los cafés literarios efectuados en la librería universitaria, donde contribuyó con gran voluntad y sensibilidad en esa ardua y paciente empresa de contribuir a elevar el nivel cultural de los sonorenses en diversos temas: desde El Hai Kai, revelación de la poesía japonesa; El jazz, sus creadores e intérpretes; Oración por un gigante (en memoria del Padre Eusebio Francisco Kino), hasta otros sobre aspectos variados de la historia de la región del Noroeste. Es en esa época de su existencia cuando trabaja en la Relación de Antonio Ruiz (La Conquista del Noroeste) y en la traducción del inglés del ensayo publicado en Iberoamericana: Aztatlán, mexican prehistoric frontier on the Pacific coast, de Carl Sauer y Donald Brand.

En 1967, organiza _como parte de los festejos con motivo del XXV aniversario de la UNISON_ la primera Feria del Libro y el Periodismo del Noroeste, mientras batallaba con su ya habitual e implacable enemigo: la diabetes, obligándolo a abandonar diariamente su refugio en el segundo piso del museo y biblioteca, donde vivía, para ir a recibir las dosis de insulina.

En 1969, Antonio Nakayama retorna a Culiacán _por así requerirlo la salud de su esposa Rosa Jiménez_ y es cuando por disposición del Gobernador del Estado, Lic. Alfredo Valdés Montoya, se le reinstala en su puesto de Director del Museo Regional y Biblioteca [ubicado en el Centro Cívico Constitución], iniciándose así la cuarta y última etapa de la vida fructífera del historiador y escritor (1969_1978).

Gracias a los buenos oficios de sus amigos es nombrado Cronista de la ciudad de Culiacán por parte del ayuntamiento, sin embargo no transcurre mucho tiempo cuando otra vez es despedido.

En esta etapa aparecen sus libros Pioneros sinaloenses en California (Culiacán, 1970); Juárez, rumbo y señal de Sinaloa (Culiacán, 1973); Culiacán, crónica de una ciudad (Culiacán, 1973), y publica además la Relación de Antonio Ruiz (La conquista en el Noroeste) (México, 1974); Sinaloa: el drama y sus actores (México, 1975), y Sinaloa, un bosquejo de su historia (Culiacán: Congreso del Estado, 1982), entre otras obras y ensayos. Además, colaboró en la Enciclopedia de México, escribiendo los artículos relativos a la ciudad de Culiacán, municipio de Culiacán, y Estado de Sinaloa.

Don Antonio Nakayama murió en la ciudad de Culiacán el 4 de abril de 1978, víctima de la diabetes, complicada con flebitis y bronquitis. Antes de morir, había expresado: Vélenme en mi casa; … mis libros, la única herencia que les dejo.

El 7 de abril de ese año, en su memoria, el doctor Enrique Peña Gutiérrez escribió: […] historiador ahíto de sombras, perdido en las cuevas de los archivos parroquiales o en los polvosos rincones de las bibliotecas públicas y privadas. De ese señor don Antonio hablarán las crónicas presentes y las venideras, tanto de aquellos que le envidiaron y le cerraron el paso (trataron) al reconocimiento público, como las de los que ahora se barnizan con el remordimiento de una esquela participadora de algo que pasó, a alguien de quien oyeron decir, que vivió y murió envuelto en el manto de una ya rara dignidad y que entregó a su solar, a Sinaloa, el alfabeto de su pasado histórico, la piedra angular de un nuevo presente y un ejemplo sin recámaras para los que algún día aplicarán mente y corazón a la enseñanza y al estudio y a la obligación de ser hombres […] Yo quiero recordar al muchacho rosalino, fiel exponente de su época, sacudido como nosotros por las explosivas algaradas estudiantiles en apoyo a la solar aventura de la Generación del 29. Un Toño Nakayama igual a los jóvenes de todos los tiempos, con la rebeldía constructiva capaz de marcar rastros en el aire o de sembrar nenúfares en las rocas […]

Antonio Nakayama se ha convertido en el arquetipo consciente y más modesto de los cronistas e historiadores anteriores a la disciplina como ciencia social, que sin considerarse dentro de los teóricos que han enriquecido con sus aportaciones el aparato metodológico de la historia regional, ha marcado el rumbo, menos tortuoso, a las nuevas generaciones de historiadores locales en el trabajo de reconstruir nuestro pasado.

Hoy, la obra de Nakayama resplandece en medio de este fluyente río de cronistas e historiadores locales _como lo escribiera alguna vez el profesor Juan Macedo López_ que intentan, a su modo, seguirle los pasos relatando, interpretando o reinterpretando los hechos para que poco a poco se vayan configurando los mapas y bitácoras que describen los períodos, los protagonistas y las instituciones que habían permanecido ocultos u olvidados.

A partir de las contribuciones de Antonio Nakayama se han establecido lineamientos y pistas para la consulta posterior de archivos y repertorios bibliográficos, fuentes primarias que son la materia prima imprescindible que utiliza el historiador.

Por decreto número 72, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa. número 56 Bis, de 9 de mayo de 1984, se exhumaron los restos de don Antonio Nakayama Arce en el Panteón Civil de Culiacán, llevándose a cabo su inhumación en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa.

El 7 de junio de ese mismo año, fecha en que se celebra el día de la libertad de expresión, en sesión solemne el Congreso del Estado de Sinaloa impuso y develó en letras doradas el nombre del historiador Antonio Nakayama Arce al igual que el de José C. Valadés en el Muro de Honor del Salón de Sesiones, ello en cumplimiento al decreto Número 52, publicado en el Periódico Oficial El Estado de Sinaloa, Número 44 del 11 de abril de 1984.